domingo, 21 de agosto de 2011

Todos a una

Catedráticos, funcionarios en expectativa, "de pata negra", directiva, desplazados, habilitados bilingües, interinos, con plaza propia... Las Consejerías -no solo la madrileña- han llevado a cabo una implacable -y efectiva- división del claustro durante más tiempo del que sería deseable. Gracias a la continua creación de etiquetas, jerarquías y escalafones -más o menos justificados- han conseguido que el profesorado se convierta en un ente desarticulado donde resulta fácil imponer cuanta medida o recorte se desea, puesto que -hasta la fecha- no ha habido una sola reacción firme y unánime en contra. Ahora, la gravedad de los ataques de la Consejería madrileña parece que nos ha hecho despertar de ese estado de pasividad y apatía, el mismo que permitió que fracasaran concentraciones como la descrita hace ya casi un año en un post de este mismo blog (el 30 de noviembre de 2010) y a la que apenas asistimos veinticinco personas. En ese caso, además, a la desunión del profesorado, se sumó la desunión de los sindicatos, que convocaron dos actos a la misma hora y el mismo día, para mayor regocijo de nuestra consejera.

No contentos con haber perdido nuestra propia cohesión interna -convirtiéndonos en grupúsculos donde se ignora con excesiva frecuencia la existencia del otro-, también se ha fomentado la conversión en bandos -poco menos que antagónicos- de dos de los sectores -padres y docentes- que formamos parte esencial de la comunidad educativa. De este modo, nuestra relación con los padres se ha visto impregnada de un recelo -cada vez mayor y en ambas direcciones- que nos ha hecho perder una alianza tan importante como imprescindible. En este sentido, de nuevo tenemos que agradecer a la Consejería que nos haya permitido volvernos a encontrar, porque gracias a su intento de desmantelar la educación pública nos hemos olvidado de tantas etiquetas, de tanta trinchera absurda, y nos hemos dado cuenta de que aquí solo hay una víctima -la educación pública-, una víctima cuya derrota -que no ha de ser, que no puede ser- nos perjudica a todos: padres, alumnos y profesores.

Quizá por eso, conforme se va acercando el 1 de septiembre, me inquieta cada vez más la aparición de voces un tanto disonantes y dogmáticas en los foros virtuales. Disonantes porque se empeñan en la etiqueta o en el problema desde el yo y así, honestamente, no lograremos nada. Si nuestra postura es que solo secundaremos las medidas de protesta si son las que nosotros propongamos, estaremos -una vez más- abocados a un seguimiento ridículo y, sobre todo, daremos alas a la Consejería para que, el curso que viene, se empeoren aún más las condiciones de este año. El tema más polémico -la huelga- da lugar a demasiados mensajes entre eufóricos e irreflexivos. Es preciso un debate, un acuerdo y, sobre todo, una unidad al respecto. Y yo, personalmente, insisto en que no podemos perder -otra vez- la colaboración de los padres. No podemos hacer de esto una lucha corporativista -acabemos con el gremialismo de una vez- sino algo mucho más amplio, mucho más urgente, algo que nos haga sumar apoyos en vez de corroborar esa imagen de desprestigio que, sobre nuestra profesión, con tanto ahínco se cultiva.

Personalmente, solo añadiría algunas consideraciones antes de la siguiente asamblea de finales de agosto:

- Es necesario que las medidas que se tomen sean claras, mayoritarias y visibles. No sé si la solución es la huelga, o los encierros, o las manifestaciones, o todo ello a la vez. No tengo la respuesta ni pretendo tenerla, pero tampoco estoy de acuerdo con quienes se obcecan en la huelga indefinida como única posibilidad, sin tener en cuenta las dificultades pragmáticas que ello implica y la desafección que, por parte de los padres, cosecharíamos. Este tema ha de debatirse con cabeza, con sensatez y con las ideas muy claras sobre qué queremos conseguir y cómo hemos de hacerlo.

- No podemos contar con una lucha corta, al revés, es una batalla compleja y, a buen seguro, duradera y cansada. Hay que pensar en el desgaste que ello nos puede suponer y asumir que, si queremos conseguir el más mínimo triunfo, no podemos volver a caer ni en la desunión (ya está bien de generalizar: hay "pata negra" -término que siempre me pareció curioso- comprometidos igual que hay "interinos" pasotas, y viceversa) ni en la pasividad. Espero que este movimiento no se detenga aquí y que volvamos a callarnos en vez de asumir que los docentes hemos de ser un cuerpo mucho más activo, beligerante y, desde luego, presente en la sociedad.

- Sabemos que hemos entrado en batalla muy tarde, así que hemos de asumir que lo que tenemos sobre la mesa es poco menos que un ente moribundo al que habrá que reanimar entre todos. Hemos esperado demasiados años para dar un necesario puñetazo en la mesa, de modo que no podemos pretender que todo se resuelva en una semana, en un mes o en un curso. Algo de responsabilidad tendremos en ello (y asumirlo -hagamos autocrítica, por favor- no viene mal, sobre todo, para evitar que algo así se repita).

- No podemos perder de vista a la Consejería, que ya cuenta -desde hace meses- con esa huelga y que está haciendo acopio de munición para atacar cuando le convenga. De momento, la capacidad sancionadora de las directivas ya es un modo de presión sobre todos nosotros -de nuevo, la desunión- y, además, hace que medidas extremas como la dimisión en bloque de las juntas directivas actuales (¿qué haremos sin esas voces críticas?) o el incumplimiento de funciones sean poco inteligentes o aconsejables. No lo olvidemos: somos docentes, nuestro trabajo es de índole intelectual, hagamos -pues- algo que sea meditado, eficaz y que, de paso, dé ejemplo a nuestros alumnos. Eduquemos con nuestra acción reivindicativa: estemos al nivel que sabemos que podemos llegar a estar.

No sé qué saldrá de todo esto. Sí sé que espero que la siguiente asamblea no vuelva a caer en el yoísmo de la anterior, ni en la exaltación, ni en propuestas que se desencuentran obcecadas entre sí. Sé que asumiré lo que decida la mayoría -sea o no mi opción- y sé que, si eso no ocurre, si no estamos todos dispuestos a ceder por el bien común, la educación pública será el cadáver que habremos de enterrar en cuanto acabe el curso. O, si la Consejería insiste en sus medidas, incluso antes. Así que, para todos los que sabemos cuánto está en juego aquí y ahora: ánimo, acción y, por favor, unión.

10 comentarios:

Paz Soler dijo...

Estoy de acuerdo, no es necesario que nos obcequemos. Podemos plantear una gran variedad de medidas. La huelga puede ser la medida final cuando hayamos aplicado todas las anteriores. Es necesario en todo ese recorido contar con la colaboración de padres y de alumnos. Hay una tarea pendiente: abrir los centros para explicar a las familias por qué es importante su apoyo ya que está en juego el futuro de sus hijos. En cuanto a la autocrítica, la asumo aunque cuando un colectivo, como los bomberos, lucha no creo que estén reprochándose si apagan el fuego mal o bien.Se unen, luchan y de forma interna, supongo, harán la autocrítica. ¿Por qué tenemos que mezclar los profes una cosa y otra dando munición a aquellos contra los que luchamos? Es necesario mejorar nuestra labor. Creemos asambleas y hablemos. Lo necesitamos. Un saludo y excelente artículo como siempre.

Anónimo dijo...

Muy de acuerdo en casi todo lo que se comenta en el artículo. Esta lucha llega tarde, los sindicadotes y nosotros mismos hemos sido absolutamente ineficaces los últimos cursos a pesar de la gravedad de la situación. Y desde luego, es una lucha de todos, no debemos dividirnos en interinos, funcionarios, primaria o secundaria, somos todos un cuerpo y el año se dirige indiscriminadamente a todo el colectivo.
No faltaré a la asamblea del día 31, pero lo que parece difícil es parar el comienzo del curso y anular las medidas para comienzo de curso, ¿qué opináis?

Anónimo dijo...

Estando de acuerdo con el fondo del artículo, no entiendo por qué se incide en que la lucha llega tarde. Ese argumento precisamente encierra en sí mismo la semilla de la desunión, porque la lucha ha llegado cuando desde la CM se han tomado medidas que atacan al núcleo esencial de nuestras condiciones laborales, medidas que años anteriores no se tomaron con tanta crudeza y unilateralidad.
En vez de tanta autocrítica, centrémonos en las instrucciones de la Sra. Consejera, y que su retirada sea nuestro principala objetivo.
Opino que la huelga es insustituible y necesaria, aunque haya de complementarse con otras medidas. Lo que no podemos pretender es que la batalla que se avecina sirva para rehabilitar ante la opinión pública nuestra labor, esta una tarea titánica que excede de nuestras posibilidades y que peca de una subjetividad apabullante.
Si nos salimos de la petición de retirada de las instrucciones, empezarán las discusiones y la desunión entre tirios y troyanos, entre los proLOE y los antiLOE, entre los que entienden que solo faltan recursos y dineros para llegar al edén pedagógico, y los que opinan que, aparte de los recursos, tenemos una superestructura legal de inspiración buenista que ha fracasado y debe ser modificada.

Un saludo, ánimo y unión.

Anónimo dijo...

Tenemos que luchar juntos. Todos a una. Creo que este es el momento que nos jugamos muchó. Quizá todo. Tenemos que convencer a los compañeros que son reacios por los motivos que sean. Ánimo.

#profesoresinesperanza

Erinna dijo...

Llegamos tarde, pero no tenemos que darnos por vencidos. Y queramos o no necesitamos fórmulas nuevas que no nos alejen aún más de los padres, ahora que poco a poco volvemos a entendernos. Pertenezco a uno de los sindicatos que tanto repite huelga indefinida y esta vez no estoy nada de acuerdo con ellos. Nuevas formas: ¿a la italiana como con la reforma Gelmini con los profes dando clase en los parques fuera de las aulas? ¿con encierros?
Consejería lleva mucho tiempo preparándose para nuestra huelga. Sorprendamosles. Somos muchos, y seguro que juntos y con un poco de creatividad (esa gran olvidada en las reformas educaticas) encontramos la manera.

Fernando J. López dijo...

Solo un matiz: no creo que afirmar que la lucha llegue tarde sea "la semilla de desunión". Al revés: se trata de insistir en que la reacción es urgente y necesaria, por parte de todos, y no raquítica y aislada, como en los últimos cursos.
Y tampoco hay que olvidar que el curso pasado ya hubo casi 2000 plazas de interinos recortados, así como compañeros que, tras aprobar sus oposiciones con plaza, no fueron asignados a ningún destino. Las instrucciones de este año son solo la culminación de un proceso ante el que debimos reaccionar hace tiempo.
Y por último, dos apostillas que sé que no gustarán a muchos:
- el núcleo de la lucha no llega "cuando se han atacado el núcleo esencial de nuesrras condiciones laborales" (de nuevo el yoísmo). No, llega cuando se ataca -con toda crudeza- la educación pública (lo que incluye ese deterioro de nuestras condiciones). Cuanto más corporativa sea esta lucha, más ineficaz resultará;
- la autocrítica no nos desacredita, al revés, nos hace más creíbles. Asumir los errores es compatible con construir, sobre todo cuando hay tanta voluntad de edificar, entre todos, algo que realmente merezca la pena.

Anónimo dijo...

Fernando, entiende que muchos opinamos que el ataque a la educación pública, con toda su crudeza, se remonta nada menos que a la aprobación de la LOGSE y los nefastos resultados que su implantación ha originado. Y hablamos de nefastos resultados en años de bonanza económica, años en los que se han incrementado los recursos materiales (en muchas ocasiones mal empleados) pero se han relegado a un segundo plano algunas de las funciones "tradicionales" (enseñar, instruir, transmitir o fabricar conocimientos...) de la escuela pública. Lo importante ha sido educar, socializar y el buenrrollismo, y la creación de una utopía educativa que ha hecho que la calidad de la educación pública se diluya como un triste azucarillo. Si lo único importante es educar (ojo, no digo que no lo sea), y los contenidos son completamente accesorios, convendremos que no importa tanto qué especialista sea el que imparta determinada materia, así que sobran recursos, ¿no?. En algunas comunidades autónomas han llegado incluso a eliminar los clásicos departamentos por asignaturas, siendo sustituidos por otro modelo más "actual" con departamentos "interdisciplinares" ¿?.
Por lo tanto los recortes de los que la CM es abanderada, porque no olvidemos que no es la única, son la última vuelta de tuerca a una educación pública que muere de inanición y dejadez por parte de todos, derechas e izquierdas, padres y por supuesto profesores.
Yo no quiero corporativismo, valoro demasiado mi trabajo y le dedico demasiadas horas para no ser capaz de hacer autocrítica, algunos botones de muestra:
- El problema del absentismo. Sería fácil que inspección controlase a esa minoría que abochorna a la mayoría de los buenos docentes...
- El horario y el enchufismo. Todos los años se organizan en el IES numeritos con el reparto horario que nunca entenderé.Incluso eliminando los días que se sale antes o se entra después, seguimos teniendo un horario de privilegio, no entiendo aquellos compañeros que se rasgan las vestiduras por no salir antes o entrar más tarde. Muchas directivas tienen en cuenta peticiones horarias para hacer trajes a medida a los que son de su cuerda.
- La ausencia de criterios pedagógicos claros,tan sólo cuenta el interés cortoplacista de los profesores. Jamás he visto en los 6 años de docente y más de 15 IES trabajados que se tuvieran en cuenta criterios pedagógicos a la hora de realizar horarios.
- El papanatismo con las TIC. Aquí incluyo las dificultades para emplear los medios en el caso de que haya. No podemos pedir maravillas al profesor cuando en muchas ocasiones son los PROPIOS EQUIPOS DIRECTIVOS los que no tienen ni idea de lo que tienen que pedir para sus IES, y lo que es peor, tampoco se dejan asesorar. En mi último centro creían que el colmo de la innovación pedagógica era permitir dar clase al profesor de Religión en el aula de audiovisuales con una maravillosa pizarra digital. Mientras que yo, con toda la materia de 2º de Bac. preparada (horas y horas de trabajo) para impartirla con ese medio, no se me permitía en un principio acceder más que una hora semanal porque "aún no te conocemos, este es tu primer año en el centro....".
Ya ves que ejemplos para hacer autocrítica hay cientos, pero creo que si queremos abarcarlo todo, perderá efectividad nuestra protesta. La clave para unirnos creo que es ir contra las instrucciones, que mandan a la calle a 4000 compañeros y condenan a la indigencia cultural a miles de jóvenes de Madrid.

Por cierto, la autocrítica más urgente y necesaria en educación debe partir también de las familias, y de un modelo social excesivamente permisivo y consentidor que ha rebajado los niveles de civismo en los IES a límites dificilmente soportables por parte de los propios alumnos.

Anónimo dijo...

Sigue...

Por mi parte, ya he empezado a hacer todo lo que está en mi mano para colaborar con las familias. Además de enviar mails informativos a las direcciones que tengo de padres y alumnos, la semana pasada una compañera y yo buzoneamos el barrio de nuestro IES con una carta modelo en la que informábamos a los padres de los recortes, ya que no sabían nada porque el director de mi centro se ha negado a facilitar dicha información. Espero que como él hay pocos directores.
Que muchos de los apdres y alumnos hayan contestado por mail es salgo que reconforta y anima a seguir con nuestra causa, que es justa y necesaria.
Perdona el abuso que he hecho de este espacio, me despido dándote las gracias por tu liderazgo y compromiso. Ayer mismo acabé la Edad de la Ira después de un día y medio de devorar sus páginas. Me ha parecido una novela inteligente, aunque en mi opinión, quizás abuse de demasiados estereotipos, sobre todo en el papel de los profes; aunque no sabría decirte, porque yo en los IES, aunque me relaciono muy bien con los compañeros, tengo que reconocer que no me llega el tiempo para tomar muchos cafés. Nisiquiera los cinco minutos entre timbre y timbre puedo parar, pues tengo que andar con la clase a cuestas (literal) de un aula a otra debido a la escasez de medios y al mal aprovechamiento de los mismos.
Me resultaron más creíbles los roles de los alumnos de la novela, creo que los que te tienen como Profesor de Lengua son muy afortunados, al menos por tu empatía y sensibilidad, que en los tiempos que corren ya es bastante.
Un saludo y nos vemos el 31.

DAISY dijo...

estoy totalmente de acuerdo en especial en lo que refieres a ciertos foros que pretenden crear desunión de los grupos, secundaria, primaria, FP... Yo soy de primaria y he sentido que esta lucha no era mía pues mucha gente se ha empeñado en hacerme ver que es un problema de secundaria debido a que los grandes recortes este año se plantean en este grupo. Sin embargo creo que lo mejor es que todos luchemos juntos, con ayuda por supuesto de plataformas o asociaciones que saben cómo hacerlo, pues es un tema de todos los que queremos salvar la educación pública. El 31 no faltaré a la asamblea, ya es hora de empezar a ganar, saludos!!

Fernando J. López dijo...

Estimado Anónimo: muchas gracias por tus comentarios. Te explicas muy bien y hay muchos puntos con los que estoy de acuerdo. De nuevo, creo que -más allá de nuestras diferencias- a todos nos unen muchas más cosas de las que nos distancian.
Gracias también por haber leído mi novela (tomo buena nota de tu comentario) y por aportar más argumentos y reflexiones a esta lucha que, espero, ganaremos. Con un compromiso tan fuerte como el que mostráis quienes pasáis por aquí, haremos que sea posible.
Un sincero abrazo