martes, 8 de marzo de 2011

Méritos (en sentido irónico)

No sé si los ajenos al kafkiano sistema de la enseñanza pública sabrán en qué consiste el famoso consurso de traslados. Se trata de un ceremonial en el que, año tras año, los profesores presentamos nuestros méritos (es un decir) para que se nos asigne un centro de trabajo en virtud de los mismos.

En mi caso, el hecho kafkiano comenzó hace ya cuatro años, cuando presenté por primera vez todas las publicaciones didácticas en las que había trabajado como autor. Teniendo en cuenta que tengo unos diez años de experiencia como autor de diccionarios y libros de texto a mis espaldas, hube de presentar -físicamente- cerca de cincuenta ejemplares. No valía con un certificado de la editorial, ni con una fotocopia de los créditos, ni con nada que no fuera el libro en sí mismo, lo que suponía cargar con maletas y cajas absurdas para ser evaluado.

Pero, por si eso no fuera ya lo bastante ridículo, al año siguiente se dieron cuenta de que habían baremado mal, de modo que hubo que presentar de nuevo esos cincuenta libros -la misma maleta, la misma caja, el mismo dolor de espalda-, como si con un primer conato de lumbalgia no hubiera sido suficiente... Tras este ridículo evento, consideré que podía reciclar o regalar a bibliotecas aquellos manuales que no me sirviesen pues, era imposible -pensé ingenuamente- que me los volvieran a pedir.

Algo así debía de creer K. mientras se deslizaba por las pasillos infinitos del castillo, pues este año cambiaron el baremo y decidieron que había que presentarlo todo de cero una vez más, como si jamás lo hubiesen visto. Lo mejor es que esta vez aportaba unos setenta títulos (si hubiera dispuesto de todos los que perdí habrían llegado a los noventa) y, sin embargo, gracias al nuevo -y justísimo- sistema de medición, mi puntuación en ese apartado bajaba una décima con respecto a como era hacía dos años. Divertido, ¿verdad?

Para completar el festival de sinsentidos, les haré un breve repaso de cuánto puntúan ciertos aspectos que, al menos yo (pero eso será porque soy un raro), considero importantes:

1. En el apartado de méritos literarios y artísticos (porque así se llama), he obtenido por todas las obras que he estrenado (más de veinte), las novelas publicadas (dos) y los textos teatrales editados (cuatro y uno en proceso de edición) un total de... cero puntos. Con esto no contaba, lo confieso, y hasta me tomé la molestia de presentar obras, depósitos legales y otros papeles de infausto recuerdo.

2. En el apartado de otras funciones docentes, he obtenido por la creación y puesta en marcha de una revista escolar y por la formación de un grupo de teatro como actividad extraescolar y fuera de mi horario un total de... cero puntos. Con esto sí que contaba, pero me indigna igualmente: ¿por qué todo recae siempre en el voluntarismo? No pido remuneración extra, pero sí que se reconozca lo que se hace más en pro de la comunidad educativa.

3. Eso sí, en el apartado de formación he conseguido 3,5 puntos por hacer cursos on line de esos que se aprueban con tan solo inscribirse y que no me han aportado absolutamente nada (ni a mí ni a mis alumnos).

Todo ello demuestra varias cosas:
a) la cantidad de formas de motivación e incentivo que tienen las instituciones educativas para con los profesores de la enseñanza pública...
b) la alta valoración y el notable seguimiento que se hace de nuestra labor en el aula...
c) la enorme consideración la creación literaria como mérito que tener en cuenta en un profesor de, vaya qué casualidad, literatura...
d) la gran eficacia, transparencia y coordinación de las diferentes instituciones educativas...

Seguiría con el listado de sanas greguerías, pero mi sentido del humor me lo impide. Es más, creo que voy a cancelar la revista escolar, anular el grupo de teatro, dejar la creación y dedicarme a hacer cursos absurdos de los que no sacaré nada en claro pero que me darán un montón de puntos para ahorrarme kilómetros y horas de carretera cuando me toque el próximo destino. En definitiva, eso es lo que potencian o, por lo menos, eso es lo único que esta mañana he sacado en claro.

5 comentarios:

Spashley dijo...

No se puede decir que el sistema educativo vaya muy bien... Te recomiendo que sigas con la revista y el grupo de teatro. Hay muy pocos que pongan tanto de su parte para motivar a los alumnos.

Por cierto, yu novela es genial ;)

Juan Pablo dijo...

Es una vergüenza. En la universidad (para la que las publicaciones cuentan muchísimo) bastan fotocopias de portadas y números de ISBN. Eso por un lado.
Respecto a las actividades extraescolares, a veces pueden ser valoradas si se articulan a través de seminarios o grupos de trabajo, así que ánimo y a no desfallecer, que con los años lo que tus alumnos hayan hecho fuera de lo puramente lectivo serán los mejores recuerdos de su época en el instituto.

Lian dijo...

Sonará repetitivo;
te lo van a decir todas las personas que te siguen, pero por no ser menos y aportar el granito de arena, me gustaría decirte una cosa:
por muchas barreras que te pongan ((que te las pondrán una y otra vez)) y por muchas ganas de tirar la toalla que tengas ((infundadas por el sistema y esa gente tan inteligente)) te diría que jamás abandones.
Porque son los que de verdad siguen, los que se rompen el coco, los que luchan una y otra vez contra lo mismo... Son esos los que acaban consiguiendo sus objetivos. No se si es, o era, el tuyo, pero ¿sabes que has conseguido tú con tu trabajo? Puede que poco reconocimiento por parte del sistema pero, sin duda alguna, tooooda una generación de alumnos que piensan, sienten, quieren, luchan... Y lo has conseguido tu con tu esfuerzo!
Poca gente hace lo que haces tu con nosotros... Es mucho lo que hemos aprendido, y más lo que queremos que enseñes.
Y, como dice el último comentario.... éstas son las cosas que uno recuerda con cariño del instituto! =)
"Anda! Pues yo tenía un profe de Literatura en el instituto...! Qué de cosas hicimos con él... fue muy divertido...! " =)

Arual dijo...

Subscribo lo que te ha dicho Lian, piensa en todos aquellos alumnos que dentro de 20 años les contarán a sus hijos la maravilla de profesor que tuvieron en Literatura, y les darán en mano un ejemplar de LA EDAD DE LA IRA al tiempo que dirán esto es un clásico de la literatura contemporánea que hay que leer sí o sí. Vamos sólo por eso ya vale la pena tu lumbalgia... un besito cargado de ánimo!!

Anónimo dijo...

Has llamado mi atención hace 10 minutos en Twitter, sin conocerte de nada me uno a los comentarios anteriores, ni debes ni puedes abandonar la lucha, seria darles la razón a quienes quieren que fracase una labor tan importante como esta, un saludo.