En principio, me sorprendió -y alarmó- este profundo despropósito, pues me costaba entender que alguien que ha de velar por la calidad educativa no solo hubiese suprimido las plazas de Orientación -en nuestro instituto, por ejemplo, una sola orientadora ha de ocuparse de los casi mil alumnos del centro-, sino que, además, propusiese eliminar las tutorías, una de las herramientas fundamentales en la Educación Secundaria -y aquí remarco la siguiente mayúscula:- Obligatoria.
Si fuéramos malpensandos -que no lo somos- podríamos creer que el fin de una medida como esa era, en última instancia, deteriorar la educación pública y facilitar su progresivo desmantelamiento y privatización. Es más, incluso podríamos preguntarnos si esas formas -las de las trampas y el matonismo- no son, precisamente, las que se emplean desde la Consejería como medio de relación con los profesores. Y es que, de puro suspicaces que somos, hasta podríamos creer que su profusa tendencia a la adjetivación (salvajes, irresponsables) o al aumentativo y la creación léxica (el negociazo de las camisetas verdes) de nuestras elocuentes responsables políticas son formas de un retórico -y muy literario, que eso es de agradecer- matonismo verbal.
Podríamos, claro, si no supiésemos con cuanto esmero se despilfarra el dinero público en utilísimas campañas de "Respeta a tu profesor", aunque no se dejara claro entonces -pese al millón y pico de euros que costó: total, para socavar ese respeto unos adjetivos más tarde...- si había que respetar al profesor que se quedaba en el centro, al profesor desplazado a otro instituto, al profesor que iba a impartir una afín imposible o al profesor interino que se quedaría este año en su casa o que, en el mejor de los casos, cubriría mitades y tercios de plaza en condiciones que nada tienen que envidiar al ¿erradicado? esclavismo.
Hoy, en un nuevo guiño del destino, nuestras nóminas también podrían hacernos creer -erróneamente, por supuesto- que se emplean en ellas trampas administrativas con el único propósito de ahogar la economía de los profesores que hemos hecho huelga. Una maniobra que, si fuéramos malpensados -pero qué tontorrones que nos ponemos los docentes: parece mentira-, se parecería mucho a un acto de chantaje -cuando menos- económico.
Pero no, todos estamos convencidos de que es una pura casualidad que este mes hayan sido capaces de calcular y descontarnos los días de huelga de septiembre y de octubre -¡qué celeridad y qué eficacia la de la sección de nóminas!- mientras que -¡oh, cruel Cronos!- no les ha dado tiempo a sumarnos los famosos suplementos -¿recuerdan?- que anunciaron para ciertas tareas. Es divertido, sí, porque -además- nadie dijo en su momento que la mayoría de esos suplementos no eran novedad alguna -salvo el de los tutores- y tampoco se informó de que esa no era, bajo ningún concepto, una de nuestras reivindicaciones. Yo, desde luego, no he pedido -y aquí tienen mi blog para comprobarlo- ni un euro ni una hora de menos en esta lucha. Yo lo que sigo pidiendo es un número suficiente de profesores en cada centro y, por supuesto, que se invierta en la pública el dinero necesario, en vez de tirarlo en campañas de autopromoción o en regalos fiscales a la privada.
Sea como sea, esos prometidos suplementos no han llegado en esta nómina, porque está claro que aunque yo sea tutor desde principios de septiembre, ha sido imposible sumar esa miserable cifra a mi sueldo (una cantidad, a propósito, casi insultante de puro ridícula frente a la labor que un tutor que se implica ha de hacer con sus alumnos) y, por el contrario, sí que han podido restar -de nuevo, el implacable Cronos en su arbitrario proceder- los días de huelga de septiembre y de octubre, posteriores -en ambos casos- a mi nombramiento como tutor.
Pero, como es obvio, todo esto es fruto del azar, de la casualidad, de los hados que nos oprimen y que, por alguna conjura extraña, prefieren ahogar a quienes hacemos la huelga verde para demostrarnos que la verdad se esconde tras las ponderadas y meditadas palabras de Ana Mato -tan justa en su valoración de la educación andaluza- o tras las amables declaraciones de González Pons para los votantes de opciones políticas que él respeta desde términos tan positivos como "idiotas" o similares. Lástima que haya gente obtusa que lo malinterpretamos todo, gente que se para a buscarle tres pies al gato -o a la nómina- y que se piensa que hay algún tipo de coacción tramposa y ruin tras estas actitudes. Gente que esperaba que eso de "súmate al cambio" incluiría una suma legal y honesta en sus nóminas de fin de mes cuando, es obvio, aquí lo que hay que sumar son los merecidos palos a los irresponsables del negociazo de las camisetas.
Gente que, como yo -como tantos compañeros-, malgasta su tiempo reuniendo a los padres de su tutoría por la tarde -fuera de su horario-, dándoles su e-mail personal por si surge algún problema serio, trabajando séptimas horas con un grupo de teatro cuya existencia no importa más que a los alumnos que lo forman o pasando una tarde-noche entera -como la de hoy- organizando y leyendo los artículos que le envían los chicos para la revista de su centro. Está claro que, ante tanta desfachatez, merecemos que los hados nos castiguen con esta aritmética tan casual y, por culpa del caprichoso azar, tan mezquina y ruin. Faltaría más.

