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viernes, 16 de diciembre de 2011

Diecisiete

En mi instituto, este curso hay 17 alumnos de Compensatoria y ni un solo profesor para atenderlos. Desde la dirección del centro, se ha pedido insistentemente -desde que empezó el año escolar- que se nos envíe, al menos, media plaza para atender las necesidades de estos alumnos con dificultades especiales, pero se nos dice que, debido a los recortes (esos que según Figar no existen), eso no es posible. Así pues, esos 17 alumnos no pueden ser atendidos como se merecen, y desde el departamento de Orientación, el claustro y Jefatura de Estudios se hace un esfuerzo enorme por integrarles, aunque sepamos que sin un grupo de Compensatoria donde puedan desenvolverse y aprender de verdad, ese objetivo roza lo imposible.

"Solo" son 17 alumnos, solo 17 vidas -17 familias, 17 futuros, 17 historias personales- cuyas posibilidades se ven mermadas por unas instituciones que consideran que no hay que invertir en ellos, porque prefieren destinar el dinero a la educación privada y a la concertada religiosa. Instituciones que se escudan en la famosa -y mentirosa- cantinela de las dos horas de más para no admitir lo que realmente está sucediendo: que se está abocando al fracaso escolar a una gran parte de la población -sobre todo, a los que menos tienen y a los que más precisan de una educación de calidad- de modo que se fomente la franja social -cada vez mayor- entre quienes más tienen y quienes menos pueden.

En tiempos de crisis como los actuales, en un momento donde el paro sigue avanzando con cifras tan trágicas como escandalosas, cuando se nos anuncian recortes que harán subir de nuevo esos datos -sobre todo, si se escuchan las demenciales peticiones de más despidos por parte de la CEOE-, en tiempos en los que los padres necesitan más que nunca una escuela pública de calidad a la que poder llevar a sus hijos, se intenta debilitar el sistema y se contribuye a que todo haga aguas, en vez de buscar fórmulas que mejoren sus puntos débiles y, por supuesto, sin escuchar a quienes -docentes, alumnos, madres y padres- estamos implicados en él.

En mi centro son "solo" 17 alumnos los que han sido abandonados a su suerte por la Administración. "Solo" 17 personas a los que el buen hacer de mis compañeros intentará llevar por el mejor camino posible, a pesar de que la Consejería parezca interesada en lo contrario. El resto de alumnos, entretanto, se amontonan en clases de veintiocho o veintinueve chicos y chicas en la ESO y hasta de treinta y muchos -casi cuarenta- en Bachillerato. Ese es el modo, supongo, de fomentar la excelencia: alentando la despersonalización y el abandono, la no individualización de los alumnos, imposibilitando desdobles, refuerzos, apoyos...

En otros centros con un contexto sociofamiliar más difícil que el mío sé que la cifra de 17 se multiplica exponencialmente. Tanto que me cuesta poner un número que engloble a todos los adolescentes que están siendo víctimas de unos recortes que atentan contra su derecho a una educación pública digna, gratuita y de calidad. Porque no se trata de las famosas dos horas de más, se trata de los muchos profesores de menos.

Personalmente, y lo repito para quienes se obstinan en seguir desinformados, no tengo ningún problema en dar dos horas lectivas más -o tres, como este año-, pero sí quiero hacerlo en centros donde la biblioteca pueda estar abierta, donde los grupos no superen una cifra razonable de alumnos, donde los estudiantes con dificultades de aprendizaje -o con graves situaciones personales- puedan ser atendidos como corresponda. Quiero hacerlo en centros con orientadores, con profesores de Compensatoria, con compañeros que trabajemos codo con codo en la tarea educativa, que se impliquen... Compañeros que, como yo, seguramente tampoco puedan poner una cifra a los alumnos perjudicados, pero que seguro que sí pueden ponerles rostros. Caras. Miradas. Expresiones... Porque todos sabemos quiénes de nuestros chicos están siendo los más perjudicados, quiénes tendrán menos recursos, a quiénes se les pretende asfixiar en su contexto actual robándoles la opción de la movilidad social, de la progresión, de la mejora.

Por eso, mañana 17 de diciembre volvemos a la calle. A manifestarnos para exigir una educación pública digna y de calidad. A gritar que no nos conformamos. A quejarnos de la ceguera de nuestros gobernantes, que han decidido hundirnos para siempre en la crisis -quizá eso es lo que pretenden: es cómodo someter a un pueblo inculto y dividido por una gigantesca fractura social- atacando el que debería ser uno de los pilares de nuestra sociedad: la educación.

martes, 25 de octubre de 2011

Tramposos y matones

No soporto ni a los tramposos ni a los matones. Quizá por eso, en mis tutorías, dos de las cuestiones que intento trabajar con mis alumnos son la honestidad y el respeto como base para la convivencia dentro y fuera del aula. El bullying (o acoso escolar) es una de las realidades que más a menudo nos encontramos los tutores de cualquier grupo y que, lamentablemente, más cuesta eliminar. Como afirmaba José Antonio Marina en la mesa que tuve la suerte de compartir con él la semana pasada en Getafe Negro, ese tipo de conflictos sí pueden resolverse siempre que la comunidad educativa trabaje en equipo y se destinen una serie de horas a fomentar la convivencia y a erradicar la violencia -del tipo que sea- de nuestras aulas. Gracias a los recortes, cómo no, estas horas no existen y, para colmo de males, se deja la única sesión de tutoría con los alumnos al libre albedrío de los centros, de modo que los adolescentes -y sus familias- son dejados a su suerte dependiendo del criterio de cada instituto.

En principio, me sorprendió -y alarmó- este profundo despropósito, pues me costaba entender que alguien que ha de velar por la calidad educativa no solo hubiese suprimido las plazas de Orientación -en nuestro instituto, por ejemplo, una sola orientadora ha de ocuparse de los casi mil alumnos del centro-, sino que, además, propusiese eliminar las tutorías, una de las herramientas fundamentales en la Educación Secundaria -y aquí remarco la siguiente mayúscula:- Obligatoria.

Si fuéramos malpensandos -que no lo somos- podríamos creer que el fin de una medida como esa era, en última instancia, deteriorar la educación pública y facilitar su progresivo desmantelamiento y privatización. Es más, incluso podríamos preguntarnos si esas formas -las de las trampas y el matonismo- no son, precisamente, las que se emplean desde la Consejería como medio de relación con los profesores. Y es que, de puro suspicaces que somos, hasta podríamos creer que su profusa tendencia a la adjetivación (salvajes, irresponsables) o al aumentativo y la creación léxica (el negociazo de las camisetas verdes) de nuestras elocuentes responsables políticas son formas de un retórico -y muy literario, que eso es de agradecer- matonismo verbal.

Podríamos, claro, si no supiésemos con cuanto esmero se despilfarra el dinero público en utilísimas campañas de "Respeta a tu profesor", aunque no se dejara claro entonces -pese al millón y pico de euros que costó: total, para socavar ese respeto unos adjetivos más tarde...- si había que respetar al profesor que se quedaba en el centro, al profesor desplazado a otro instituto, al profesor que iba a impartir una afín imposible o al profesor interino que se quedaría este año en su casa o que, en el mejor de los casos, cubriría mitades y tercios de plaza en condiciones que nada tienen que envidiar al ¿erradicado? esclavismo.

Hoy, en un nuevo guiño del destino, nuestras nóminas también podrían hacernos creer -erróneamente, por supuesto- que se emplean en ellas trampas administrativas con el único propósito de ahogar la economía de los profesores que hemos hecho huelga. Una maniobra que, si fuéramos malpensados -pero qué tontorrones que nos ponemos los docentes: parece mentira-, se parecería mucho a un acto de chantaje -cuando menos- económico.

Pero no, todos estamos convencidos de que es una pura casualidad que este mes hayan sido capaces de calcular y descontarnos los días de huelga de septiembre y de octubre -¡qué celeridad y qué eficacia la de la sección de nóminas!- mientras que -¡oh, cruel Cronos!- no les ha dado tiempo a sumarnos los famosos suplementos -¿recuerdan?- que anunciaron para ciertas tareas. Es divertido, sí, porque -además- nadie dijo en su momento que la mayoría de esos suplementos no eran novedad alguna -salvo el de los tutores- y tampoco se informó de que esa no era, bajo ningún concepto, una de nuestras reivindicaciones. Yo, desde luego, no he pedido -y aquí tienen mi blog para comprobarlo- ni un euro ni una hora de menos en esta lucha. Yo lo que sigo pidiendo es un número suficiente de profesores en cada centro y, por supuesto, que se invierta en la pública el dinero necesario, en vez de tirarlo en campañas de autopromoción o en regalos fiscales a la privada.

Sea como sea, esos prometidos suplementos no han llegado en esta nómina, porque está claro que aunque yo sea tutor desde principios de septiembre, ha sido imposible sumar esa miserable cifra a mi sueldo (una cantidad, a propósito, casi insultante de puro ridícula frente a la labor que un tutor que se implica ha de hacer con sus alumnos) y, por el contrario, sí que han podido restar -de nuevo, el implacable Cronos en su arbitrario proceder- los días de huelga de septiembre y de octubre, posteriores -en ambos casos- a mi nombramiento como tutor.

Pero, como es obvio, todo esto es fruto del azar, de la casualidad, de los hados que nos oprimen y que, por alguna conjura extraña, prefieren ahogar a quienes hacemos la huelga verde para demostrarnos que la verdad se esconde tras las ponderadas y meditadas palabras de Ana Mato -tan justa en su valoración de la educación andaluza- o tras las amables declaraciones de González Pons para los votantes de opciones políticas que él respeta desde términos tan positivos como "idiotas" o similares. Lástima que haya gente obtusa que lo malinterpretamos todo, gente que se para a buscarle tres pies al gato -o a la nómina- y que se piensa que hay algún tipo de coacción tramposa y ruin tras estas actitudes. Gente que esperaba que eso de "súmate al cambio" incluiría una suma legal y honesta en sus nóminas de fin de mes cuando, es obvio, aquí lo que hay que sumar son los merecidos palos a los irresponsables del negociazo de las camisetas.

Gente que, como yo -como tantos compañeros-, malgasta su tiempo reuniendo a los padres de su tutoría por la tarde -fuera de su horario-, dándoles su e-mail personal por si surge algún problema serio, trabajando séptimas horas con un grupo de teatro cuya existencia no importa más que a los alumnos que lo forman o pasando una tarde-noche entera -como la de hoy- organizando y leyendo los artículos que le envían los chicos para la revista de su centro. Está claro que, ante tanta desfachatez, merecemos que los hados nos castiguen con esta aritmética tan casual y, por culpa del caprichoso azar, tan mezquina y ruin. Faltaría más.

domingo, 23 de octubre de 2011

La educación pública NO es secundaria


Abrumadora. Así fue la marcha verde de ayer. Lástima que, ante la voz -unida y atronadora- de padres, profesores y alumnos, nuestros PP-olíticos sigan sordos a las necesidades de la educación pública, ahogando -con su codicia neoliberal y su afán privatizador- el futuro de nuestros alumnos. De toda una generación que se merece que sigamos saliendo a la calle para exigir que la pública sea la mejor de las educaciones posibles y no un reducto destinado, exclusivamente, a quien no pueda pagarse una de las escuelas privadas a las que Aguirre hace regalos fiscales o a quien no sea admitido en una de esas concertadas religiosas que se subvencionan con dinero público.

Con el mismo dinero que se nos niega a los institutos de la pública y que ha hecho que este año perdamos todo cuanto permitía atender a la diversidad. Por eso, porque seguimos sin bibliotecas -a este asunto, por cierto, le dedicaré el siguiente post-, sin laboratorios, sin compensatoria, sin orientadores, sin refuerzos, sin..., seguimos tiñendo las calles de verde en una lucha donde ni siquiera su interesada sordera nos hará callar. Porque no podemos enmudecer mientras siguen despilfarrando dinero en campañas de autopromoción, en contratar mayordomos para sus exigencias faraónicas o en financiar abonos transportes para innecesarios fastos papales.

Y, aunque a veces eso nos desanime, tampoco la indiferencia de algunos medios ni la información malintencionada de otros nos hará enmudecer: para eso tenemos nuestros blogs, nuestras cuentas de twitter, nuestras formas de transmitir y comunicar -con palabras e imágenes- cuanto estamos viviendo. Por eso, precisamente, cuelgo hoy aquí estas fotos, unas instantáneas que no son más que mi personal testimonio de lo que viví ayer. Y de lo que, si seguimos unidos en esta lucha tan importante por la educación pública, seguiremos viviendo.

Que siga subiendo la marea. Y que, cada día que pase, sea más fuerte, más unida, y más verde.





jueves, 20 de octubre de 2011

Por qué hago huelga


Hoy hago huelga porque...

...faltan profesores en todos los centros públicos: en el mío, hemos perdido a 10 docentes en dos años (y ha subido, sin embargo, el número de alumnos);

...gracias a ese recorte, no hay personal para atender a las bibliotecas en la mayoría de los institutos, de modo que estas han tenido que cerrar o se ha suprimido el préstamo para los estudiantes;

...no hay desdobles, refuerzos ni apoyos para los chicos y chicas con problemas, pues al recortar el número de profesores es imposible dividir los grupos en dos y atenderles de forma personalizada: se ha atacado, por tanto, algo tan esencial como la atención a la diversidad;

...se han quitado laboratorios, prácticas, clases de conversación y todo cuanto requiere trabajar en el aula con grupos de no más de quince alumnos;

...se han suprimido plazas de Orientación, convirtiendo a los orientadores -figura esencial en cualquier centro de Secundaria- en una especie en vías de extinción que apenas puede hacer frente a los conflictos que se les plantean;

...se hacinan hasta 38 alumnos en cada aula de Bachillerato, consiguiendo que la excelencia sea -cuando menos- una utopía pese al enorme potencial de muchos de nuestros estudiantes;

...se financia la creación de un único centro excelente en toda la Comunidad y se condena, sin embargo, a la mediocridad a todos los demás;

...se deja al libre albedrío de los centros la realización o no de algo tan esencial de las tutorías, desprotegiendo así a los alumnos y a sus familias;

...se suprimien plazas para alumnos en FP, Ciclos Formativos, EOI, Conservatorios... y en todo cuanto permite que puedan recibir una educación pública y gratuita de calidad, convirtiendo esas enseñanzas en un reducto de unos pocos, es decir, solo de aquellos que se las puedan pagar;

...se ceden terrenos a los concertados (especialmente si son del Opus) y se hace un regalo fiscal de 90 millones de euros a los padres que llevan a sus hijos a la privada, mientras que se recortan esos mismos millones a la pública, olvidando que esta última no es una opción, sino un derecho esencial de todos los ciudadanos;

...se despilfarra dinero público en campañas de autopromoción inútiles -con un prespuesto de más de 100 millones de euros para este año- y, sin embargo, se emplea la crisis como excusa para recortar dinero en algo tan básico como la educación;

...se desmantela progresivamente la pública y se ataca, desde la falacia y la tergiversación, al colectivo docente, en una campaña de desprestigio que denota una profunda irresponsabilidad política;

...se obliga a profesores a impartir asignaturas para las que no están capacitados (las famosas "afines"), perjudicando la calidad educativa y negando, asimismo, que esta realidad esté sucediendo;

...se manda al paro a miles de profesionales con la consiguiente destrucción de empleo público y sin tener en cuenta que necesitamos a esos compañeros en nuestros centros para que el curso se pueda desarrollar con normalidad;

...no se cubren en muchos de nuestros institutos las bajas de quince días -por matrimonio, por ejemplo- o incluso de un mes -como la que, por neumonía, está atravesando una compañera de otro centro- y se priva, por tanto, a los alumnos a su derecho a clase durante esos días, donde nadie les impartirá las clases que están perdiendo;

...no hay profesores para las guardias, ni para las extraescolares, ni para nada de lo que constituye la vida cotidiana de un centro educativo;

...se insulta y represalia a quienes defendemos la educación pública con nuestras camisetas verdes, ofendidos por un lema ("Una escuela de tod@s para tod@s") que solo puede herir a quienes creen en "Una escuela de unos pocos para unos pocos".

Y no, no hago huelga ni por las famosas dos horas (no pido dar menos horas de clase: disfruto enormemente cada una de esas sesiones, aunque nuestra Consejería sea incapaz de entender algo así), ni por el sueldo (no hay ni una línea dedicada al salario en nuestra lucha), ni por nada de lo que algunos medios están diciendo en su afán -interesado- por confundir.

Hago huelga por una escuela digna, porque la educación pública es un derecho de todos, porque se trata de un pilar de nuestra sociedad que costó mucho construir y que ahora no podemos permitir que otros destruyan con total y absoluta imPPunidad.

miércoles, 19 de octubre de 2011

La huelga verde en Telemadrid

¿Motivos para la #huelgaverde? Por si los enumerados en antiguos posts como Salvajes, Crónica de una alumna o No son dos horas no fueran suficientes, aquí os dejo un vídeo -que he encontrado gracias a vuestros comentarios en este blog: no sabía que estuviera circulando por YouTube- donde, ante las cámaras de Telemadrid y frente a la puerta de mi instituto, intento resumir (en tiempo récord) las razones del necesario éxito de esta convocatoria.

Mucho ánimo, en esta nueva semana de huelga, a todos los profesores, padres y alumnos de esta #mareaverde.

lunes, 17 de octubre de 2011

Salvajes

Lo confieso. Soy -por si alguien aún no se ha dado cuenta siguiendo el rastro de este blog- uno de los salvajes e irresponsables -así nos llamó Lucía Figar en sus pasadas declaraciones- que estamos haciendo huelga estos días. Y, por ello, he pensado que lo mejor es hacer un necesario acto de contrición individual y enumerar mis culpas, con la esperanza de que mis compañeros docentes también recuperen la razón y hagan lo propio por el bien de la escuela pública.

Soy un salvaje, sí, un salvaje de los que llevan una camiseta verde con un lema tan ofensivo como "Escuela pública de tod@s para tod@s", algo que el ex Director de Mejora de la Calidad de la Enseñanza de la Comunidad de Madrid califica en su agudo y bien ponderado blog como una prenda que no es "la vestimenta digna que se espera de ellos" (es decir, de nosotros, los docentes), "sino una camiseta reivindicativa que persigue la imposición de una ideología determinada sobre cualquier otra consideración". Evidentemente, soy un salvaje que intenta imponer un mensaje inadmisible (una escuela de tod@s para tod@s) cuando es obvio que tendría que llevar una camiseta con un mensaje mucho más afín a los nuevos tiempos neoliberales del tipo "una escuela de unos pocos para unos pocos" o, casi mejor, "una escuela para el que la pueda pagar", o -por qué no- "una escuela como Dios manda", en alusión a los centros concertados a los que nuestra Comunidad regala y cede terrenos con tanta ligereza como ahora pretende subvencionar el Bachillerato de un instituto del Opus Dei en Alcalá. No hay dinero para pagar a los más de 100 profesores despedidos en esa localidad, pero -qué curioso: ¿será la Providencia?- sí para entregar el Bachillerato a los designios divinos del Opus que son, a fin de cuentas, los que nos salvarán de nuestro salvajismo.

Soy un salvaje, sí, un salvaje que hace huelga y que, en los días de esa misma huelga, se va a su centro a hablar con los alumnos, a dialogar con ellos, a conversar con sus padres, y que acude -junto con las familias y con sus compañeros docentes- a las manifestaciones y movilizaciones donde, como somos unos salvajes, no hemos sido capaces de crear ni unos altercados a la altura de lo que se esperaba de nosotros, en un aburrido y anodino ejercicio de tizaflautas (verdes, cómo no), que parece sacado de un episodio ñoño de Verano azul (perdón, verde). Así, con este salvajismo contumaz, los medios más reaccionarios no pueden sacarnos en portada y tendrán, como ya hiciera ABC este fin de semana, que recurrir a profesores de fuera para ilustrar nuestra falta de civismo y sentido de la responsabilidad.

Soy un salvaje, por supuesto, y por eso mismo preparo temas y antologías de asignaturas como Literatura universal o Lengua española para mis alumnos de Bachillerato, unidades que elaboro en mis horas no remuneradas -más allá de las que forman mi horario- y que les envío por e-mail o cuelgo on line para que no pierdan el ritmo del curso y, sobre todo, para que vayan bien preparados a Selectividad. Otro ejemplo más de salvajismo, claro, porque estoy perdiendo 100 euros por día de huelga y, en vez de cruzarme de brazos, trabajo desde casa, con un afán estúpido por no perjudicar a mis estudiantes.

Pero no queda aquí, claro que no, porque soy tan salvaje que me reúno con padres fuera de la única hora que, según la ley, necesita un tutor para atender a los treinta alumnos que dependen de él. Así que, cuando la semana pasada una madre me pidió cita fuera de mi horario oficial para verme, no supe decirle que no y busqué un hueco que no tenía en un acto que, cuando menos, debería ser denunciado ante la Consejería, tan prolija en represalias en estas últimas semanas.

Además, como los salvajes somos muy obcecados en nuestra falta de civismo, también he continuado con tareas no remuneradas -y que realizo fuera de mi horario- como la revista del centro o la dirección y puesta en marcha del grupo de teatro. Hay que ser salvaje, sí, para molestarse en coordenar iniciativas que exigen un minímo de tres a cuatro horas semanales y que no tienen más beneficio que el de potenciar la faceta creativa de los estudiantes. Nada que ver con la auténtica excelencia -que, como bien afirma el PP madrileño, ha de quedar para unos pocos- ni con el lema de las camisetas que tendríamos que ponernos si fuéramos responsables de verdad, es decir, si no quisiéramos hacer soñar a nuestros chicos con un futuro mejor, ni darles opciones ni apostar por la igualdad de oportunidades. Si fuéramos responsables, nos limitaríamos a recordarles que el mundo está en manos de una minoría y que esa minoría ya se encargará, con toda la responsabilidad que la caracteriza, de que ellos no lleguen a rozar ni una tímida parte de su pastel.

Soy un salvaje, sí, tanto como para haberme quedado, junto con otros docentes igual de incivilizados, tutelando la jornada de cultura y protesta que organizaron los alumnos de mi centro el pasado jueves (desde las 5 hast las 11 de la noche) . Tan salvaje como para interesarme por acompañar a los alumnos de 4º a su viaje fin de estudios, porque -aunque estemos saturados de trabajo y no haya medios suficientes ni apenas energías para nada que no sea lo cotidiano y urgente- no queremos privarles de esa experiencia, por mucha responsabilidad que ello conlleve y por mucho esfuerzo que suponga estar durante cinco días -24 horas al día- pendientes de un grupo de entre 60 y 90 alumnos de quince y dieciséis años. Si hay algún padre por aquí, entenderá hasta qué punto hay que ser salvaje para atreverse con una aventura como esta...

Salvaje, desde luego, como todos los compañeros que nos estamos dejando la piel en una lucha donde hemos sido tan primitivos como para no incorporar ni una petición económica. Y, peor aún, tan salvaje como para seguir afirmando que no estoy pidiendo menos horas -me quedo con mis 21 sin problema alguno- sino más profesores. Estoy pidiendo que vuelvan los compañeros despedidos y que, por tanto, en esas 21 horas no dé clases a grupos de 38 alumnos en Bachillerato, sino a grupos mucho menos numerosos, a grupos donde pueda atender a los chicos de forma individualizada, como personas, como los alumnos excelentes que pueden ser si nos dan las herramientas para ello. Estoy pidiendo que vuelvan los desdobles, los laboratorios, las bibliotecas, las guardias, las extraescolares, la compensatoria, las aulas de enlace, las plazas en las EOI y todo lo que se ha perdido y que, en definitiva, es un robo al futuro tanto de nuestros alumnos como del futuro de las próximas generaciones.

Y soy tan salvaje como para seguir haciendo huelga -y perdiendo dinero- aun cuando ni tengo hijos ni pienso tenerlos, porque creo que esta lucha no se puede plantear desde una perspectiva egoísta, porque -qué obtusos somos los salvajes- estoy convencido de que en tiempos de crisis no podemos seguir mirando nuestro ombligo, porque me parece que ahora -más que nunca- es necesario apostar por lo público e invertir -que no gastar- en educación. Solo desde la educación hay posibilidades de futuro. Salvo que, y por eso puede que yo no lo vea, esperemos que sea la gracia divina la que nos ayude en el futuro. De ser así, que sigan regalando terrenos al Opus, cediendo los IES públicos -gratis- a los peregrinos de futuras JMJ, regalando desgravaciones fiscales a los padres que puedan pagarse la privada, derrochando dinero en estériles campañas de autopromoción y dejando que trabajen en nuestras aulas públicas gentes contratadas a dedo de sospechosas fundaciones privadas de claro sesgo neoliberal... Eso es, dejemos que sigan desmantelando la pública y asumamos, de una vez por todas, que los de la marea verde somos unos salvajes. Porque hay que ser salvaje para dejarse la piel defendiendo algo que nos pertenece y nos incumbe a todos. Si no, no se explica.

lunes, 26 de septiembre de 2011

Sigue la huelga verde

Tres días más de huelga: 4, 5 y 20 de octubre. Ese es el acuerdo alcanzado hoy por los sindicatos para continuar con las movilizaciones y las protestas contra el progresivo desmantelamiento y privatización de la enseñanza pública. A estas alturas, no voy a molestarme en volver a desmentir a quienes intentan confundir con falacias tales como la de las famosas dos horas (para ello, les remito a este otro artículo) y me limitaré a recordar que con estas huelgas no estamos pidiendo ni menos horas de trabajo ni más salario, sino condiciones dignas para nuestros alumnos: condiciones que se traducen en cuestiones tan cotidianas -y necesarias- como un número suficiente de profesores por centro, unas ratios razonables por aula, y la recuperación de todo cuanto se les ha arrebatado (desdobles, compensatoria, refuerzos, apoyos, laboratorios, prácticas, extraescolares, orientación, biblioteca...).

La decisión de estos tres días seguro que da lugar a todo tipo de opiniones pero, más allá de qué días hubiésemos preferido cada uno de nosotros, creo que es importante mantener la cohesión, la unidad y la firmeza. El éxito de la huelga de los días 20 y 21 de septiembre -cuyo porcentaje fue, simplemente, abrumador- y el de la manifestación del día 20 -que ni siquiera la Comunidad pudo empequeñecer ni manipular ante la evidente marea verde allí congregada- ha de repetirse en estos tres días, así como en las movilizaciones ya convocadas y que paso a enumerar a continuación:

- Miércoles 28 septiembre - 18:00 h. Concentración frente la Consejería de Educación.

- Martes 4 octubre - Manifestación de Neptuno a Sol.

- Jueves 13 octubre - Cadena humana ante la Consejería de Educación.

La visibilidad, la cohesión, la unidad de la comunidad educativa ha de mantenerse tan fuerte y tan enérgica como hasta ahora, pues sabemos -por mucho que ciertos medios neoliberales jueguen a la confusión y al desprestigo- que la razón está de nuestro lado, que nos estamos jugando el futuro de la educación pública -no podemos seguir permitiendo que la Comunidad de Madrid la destroce en pro de otras ofertas que fomentan la segregación y el elitismo- y que es el mañana de nuestros alumnos -e hijos- el que está en juego. Porque a mí -como a muchos de mis compañeros- no me importa seguir dando 20 o -como este curso- hasta 21 horas -lo confieso: disfruto cada clase pese al mucho tiempo que me lleva prepararlas- pero sí me importa, por ejemplo, no poder atender de un modo mínimamente personalizado a cada uno de mis grupos de Bachillerato, compuestos por 34 o más alumnos, tan numerosos que apenas caben en el aula donde se les niega la excelencia que sí se financia para otros.

No podemos dejar que la ceguera de nuestra Comunidad -incapaz de ver el talento de nuestros alumnos... o quizá, asustada porque sí son conscientes del mismo- prive a nuestros estudiantes de una educación digna y de calidad. Una educación para la que, por supuesto, también es necesaria la autocrítica, y la autoexigencia, y cambiar muchas cosas del sistema que todos sabemos que no funcionan. Ojalá esa sea la segunda parte de esta revolución, de esta marea verde que ha arrancado a la escuela pública de su letargo. Pero para que esa renovación sea posible -y lo será si seguimos tan unidos como hasta ahora todos los sectores de la comunidad educativa- es preciso contar con los medios humanos necesarios, medios humanos que son los interinos que faltan, los funcionarios en expectativa aún sin destino adjudicado y, en definitiva, los profesionales desterrados de nuestros centros sin tener en cuenta alguna las necesidades de los mismos.


Por eso, porque estamos consiguiendo muchas cosas en este proceso, porque -al menos- hemos logrado que la educación sea un tema protagonista en un país al que este asunto -tan esencial- parecía importarle más bien poco, no podemos rendirnos ahora. Padres, alumnos y profesores tenemos una enorme responsabilidad y -todos lo sabemos- la marea verde de Madrid está siendo observada con particular atención, así que no podemos desinflarnos ahora. No, ahora menos que nunca. Hagamos que esa huelga sea otro éxito, que nuestras quejas sean visibles, que -por fin- abran una auténtica negociación. Un diálogo que no verse sobre esos suplementos salariales que nadie les ha pedido (y que, por cierto, son en sí mismos una ofensa: ¿la labor tutorial de todo un grupo de alumnos -ejercida con profesionalidad y entrega- se valora en 75€ mensuales?). Detalles así son los que obvia Aguirre cuando habla de la famosa mesa a la que no acudieron los sindicatos, detalles tan intrascendentes como que no se propuso -en ningún momento- dialogar sobre el núcleo del conflicto, sino que tan solo se optó por un zafio intento de compraventa de la dignidad de quienes no estamos dispuestos a vendernos por cifra alguna. Quienes -eso lo olvidan Figar y sus aliados- ya asumimos la bajada de sueldo conscientes de la situación que atravesamos. Del contexto en el que vivimos. Olvidan que no estamos perdiendo días de salario por un fin egoísta, que no nos mueve el ombliguismo que sí parece mover a otros -tanto como para dar datos poco veraces sobre sus sueldos, por ejemplo...-, sino que esta lucha es por un bien común, por un fin colectivo, por un ideal posible y necesario en toda sociedad democrática: la educación pública. Y por eso mismo, mientras no haya diálogo, los días de huelga seguirán siendo un éxito. No tengo duda alguna al respecto.

jueves, 22 de septiembre de 2011

Crónica de una alumna

En estos duros días de #huelgaverde, de protesta, de manifestación y, cómo no, de tristeza por los continuos insultos y ataques que estamos recibiendo quienes amamos la enseñanza pública, también estamos fortaleciendo una alianza esencial para que la educación triunfe: la establecida entre padres, profesores y alumnos, cada día más fuerte y cohesionada -paradójicamente- gracias a la brutalidad -y la ceguera- de quienes deberían saber escucharnos.

Y en este proceso, complejo y lleno de momentos realmente ingratos, resulta hermoso poder enorgullecerse de nuestros alumnos -y de nuestro trabajo-, comprobar su implicación en esta lucha y, sobre todo, ver cómo la escuela pública forma justo lo que más temen los poderes que aman el oscurantismo: ciudadanos críticos, futuros adultos capaces de pelear con autonomía por su futuro y que se niegan a ser aborregados y hacinados en aulas en condiciones indignas.

Por eso, cuando recibí ayer este e-mail de una alumna de un instituto de Getafe -a la que nunca he dado clase y que contactó conmigo a través de este mismo blog- me emocionó tanto leer lo que en él me contaba. Porque sus palabras son la crónica en primera persona de las verdaderas víctimas de estos recortes: los alumnos, víctimas del robo de esos millones de euros que se nos quitan a la pública y se regalan (no dejen de ver este esclarecedor ejemplo si tienen dudas) a la escuela privada.

Así que hoy, como homenaje a todos los alumnos de la pública, a todos los chicos y chicas que han llenado e inundado Madrid con sus pancartas creativas, con su entusiasmo por el futuro, con su fuerza crítica y con sus camisetas verdes, publico íntegro el texto de esa carta. El relato de una alumna de 1º de Bachillerato que resume, línea por línea, la realidad que hoy aqueja a nuestras aulas. Esas de las que nuestros estudiantes son -y han de ser siempre- los verdaderos protagonistas.

CARTA ABIERTA DE UNA ALUMNA DE 1º BACHILLERATO

Estos días han circulado por internet multitud de cartas abiertas de profesores tratando de explicar que no son dos horas, que no son ellos los más perjudicados. Que somos nosotros. Me indigna ver cómo todo su esfuerzo no sirve para nada en cuanto algún político deja caer frente a los medios que son unos vagos y que sus protestas se deben a esas dos horas que no dejan de mencionar. Nos manipulan como quieren, sus medias verdades aparecen en las primeras planas de sus periódicos mientras los hechos, las cifras objetivas, quedan sepultadas bajo sus artimañas electorales.

Así que me gustaría compartir mi versión como alumna de secundaria de la escuela pública. No creo en partidos políticos ni me importa a quién le bajen el sueldo o le suban dos horas, me importa mi futuro y el de mi generación.

Hace una semana que comencé 1º de Bachillerato en un instituto de Getafe. No es una mala zona, no hay mucha pobreza y sé que debo considerarme afortunada. No puedo imaginar cómo está la situación en otros institutos de zonas más pobres aquí mismo, en Getafe. No sé si creerme las cosas que me cuentan sobre más de 40 alumnos hacinados en aulas sin material, con profesores más preocupados por salir vivos del aula que por conseguir un buen nivel.

En el mío somos 30, 37 y 33 alumnos de 1º de Bachillerato en las 3 clases. Pensábamos que habría 4 clases, porque hay cuatro opciones de Bachillerato, pero las letras puras (Griego y Latín) han sido desterradas. La profesora de Latín nos decía que estaban protegidas por ley, así que no entiendo cómo ella, junto con mis compañeros que querían estudiarlas, se han tenido que marchar del instituto.

Esta semana no hemos dado prácticamente clases útiles, mi instituto está sumido en el caos. Hemos cambiado de tutor un par de veces por los desajustes en los horarios. Al no haber clase de tutoría no hemos podido elegir delegado, el que se encarga de cerrar el aula con llave durante los recreos, por lo que debemos llevar siempre encima la mochila para evitar los robos. No hay profesores de guardia para vigilar a los alumnos que están solos cuando algún profesor falta, ni siquiera a los más pequeños, recién llegados a secundaria. Los horarios son provisionales, cualquier nuevo cambio ordenado desde la Administración trastoca las clases de todos y exige rehacer toda la organización.

Tengo tres profesores, de lengua, mates e inglés, que en realidad son "medios" profesores. Trabajarán media jornada en mi instituto y la otra media en otro, aunque el descontrol es tal que todavía no han mandado ninguno desde la Administración. Mientras tanto estamos parados durante estas tres horas, o a veces nos juntan en el aula grande a los tres bachilleratos (los 100 alumnos) con un solo profesor para que no perdamos el tiempo. Ni siquiera sabemos en qué grupo de matemáticas estaremos porque los profesores no pueden ponerse de acuerdo en qué sistema usar para dividir los grupos hasta que llegue el que falta. ¿Que tenemos peor nivel que la privada? ¿Acaso creen que en la privada se pierden tantas horas de clase por temas así, que tienen el mismo material, la misma treintena de alumnos por clase?

Los 'desdobles' de las únicas dos optativas que el instituto ha podido ofertar tienen, de nuevo, 30 alumnos por desdoble, incluida Ampliación de inglés oral. ¿Qué tal creen ustedes que funciona una clase de inglés oral con 30 alumnos? Tenemos oportunidad de hablar 1 minuto y medio cada alumno.

Me indignan las mentiras descaradas de Aguirre. Sí que ha habido recortes, lo notamos todos los alumnos, la precariedad y el descontrol generado por la falta de profesores. Todos están dando más de lo que pueden y aun así no es suficiente, no dan abasto con tanto por hacer en pleno inicio de curso escolar y tan pocos recursos.

Mis profesores no trabajan 20 horas. Nos dan 20 horas de clase y luego nos vigilan en el recreo, dan clases de apoyo, se encargan de cubrir las faltas de otros profesores, preparan las clases siguientes. Responden las dudas después de la hora de salida, se quedan ayudando a los alumnos que van peor en sus horas libres. Nos llevan a excursiones, a campeonatos de matemáticas, a concursos de poesía. Llegan los lunes a primera hora con ojeras de haberse quedado de madrugada corrigiendo. Les he visto en la manifestación hoy mismo, junto a sus alumnos, luchando por nuestro futuro. A pesar de todo el caos, las horas perdidas, la falta de material, ellos siguen siempre al pie del cañón, con su pizarra vieja y sus tizas (no todos tenemos la suerte de tener las pizarras digitales de la privada).

Estoy orgullosa de mi instituto y de mis profesores, que me han enseñado a no rendirme y a luchar por mi futuro. Gracias a la escuela pública este año pude optar al Bachillerato de Excelencia en el San Mateo (quedé entre los 50 mejores del examen para el premio extraordinario de la ESO, aunque por supuesto no gané: nadie de la zona sur ganó), pero he decidido seguir en mi instituto público sin presupuesto, que es el que ha hecho que quedase entre esos 50 mejores.

Así que no me voy a callar mientras nos arrebatan la educación pública y nos condenan a una sociedad de clases sin posibilidad de ascender. Si los ricos son los únicos con acceso a educación, los pobres siempre seguirán siendo pobres, eso aprendemos en clase de historia. Tal vez unos cuantos políticos deberían dejarse de propaganda y trapicheos y volver a la escuela a estudiar el Antiguo Régimen, las revoluciones y el movimiento obrero, antes de repetir los mismos errores del pasado.

M. L. G.

Una alumna del IES José Hierro

lunes, 19 de septiembre de 2011

Huelga verde

La marea verde, por si alguien todavía no se ha dado cuenta, no tiene etiquetas. Somos padres, profesores y alumnos que pedimos una educación pública y de calidad. Padres, profesores y alumnos que mañana estaremos -de nuevo- llenando las calles de Madrid, en la manifestación convocada de Neptuno a Sevilla a las 18:30 h. Padres, profesores y alumnos que nos negamos a que recorten el futuro de nuestros alumnos. De toda una generación excelente a la que condenan, sin embargo, al hacinamiento y la mediocridad (su concepto de excelencia tiene que ver con la segregación, no con la convivencia ni el crecimiento personal).

Por eso, mañana, haré huelga. Y por eso, porque esta ha de ser una huelga activa y compartida, estaré -en la calle- con la comisión de información de mi instituto, tratando de hablar con la gente del barrio, con quien quiera acercarse y preguntar por lo que está pasando, por los motivos que nos han llevado a convocar esta huelga que, ojalá -por el bien de todos-, termine pronto. Una huelga que solo pretende que nos escuchen, por una vez, a quienes somos y formamos la comunidad educativa. Una huelga que exige que no sigan arruinando -desmantelando- la educación pública.

Y si alguien todavía tiene más preguntas al respecto, aquí dejo la última entrevista que me han hecho (esta vez, en la revista Magisterio) a propósito de esta #mareaverde que está inundando, al fin, las calles de Madrid. Hagamos, con fuerza y entre todos, que esta (necesaria) marea siga subiendo...