sábado, 14 de enero de 2012

Cómo no fomentar la lectura

En su Historia de la literatura universal (Ed. Gredos), Martín de Riquer y José María Valverde califican el Kubla Khan (de Coleridge) como un poema que "tiene más de curiosidad que de obra poética", un texto escrito por el autor tras quedarse dormido "bajo los efectos del láudano" y donde intentó transcribir lo que acaba de soñar.

Como anécdota, da para uno o dos minutos de clase en Bachillerato. Como lectura obligada para su comentario y análisis es, cuando menos, una tortura incomprensible para nuestros alumnos. Si no conocen este poema de Coleridge, prueben a leerlo aquí y luego imaginen que tienen 17 años y que les piden desarrollar un examen de Selectividad a partir de las imágenes oníricas e irracionales del texto. Un examen donde 7 de los 10 puntos los podrán obtener si son capaces de explicar -y entender- el contenido del poema.

Dejando a un lado la incoherencia que supone exigir el comentario convencional de textos no convencionales -sobre la metodología de la enseñanza de la literatura en Secundaria y Bachillerato mejor hablamos otro día...-, resulta incomprensible que las lecturas propuestas por la Universidad para una asignatura tan amplia -y, a priori, fascinante- como Literatura Universal sean tan escasamente motivadoras. Ciñéndonos, por ejemplo, al XIX, ¿de todo el repertorio -poético, teatral y novelístico- romántico no había otros autores que pudiéramos estudiar y analizar para que los chicos disfrutaran con ello?

Este curso -al igual que me ha sucedido en años anteriores- tengo la suerte de contar en mi aula con un buen grupo de alumnos -no todos, claro, pero sí la mayoría- a los que les gusta leer, ir al cine, al teatro, a exposiciones... Alumnos que se apuntan a todo cuanto les propongo y a los que es fácil contagiar la pasión por ciertos títulos y autores. Fácil si se nos ayuda, claro, porque lo tengo casi imposible si he de transmitirles -Kubla Khan mediante- lo mucho que me emociona el romanticismo por lo que tiene de ingenua y revolucionaria preconfiguración de la contemporaneidad. No contentos con ello, la comisión encargada de preparar el examen de acceso a la Universidad, completa el repertorio con dos odas de Keats. Y, si bien es un excelso poeta, dudo mucho que su Oda a un ánfora griega pueda causar gran alborozo a nuestros adolescentes de 16 y 17 años. Para qué proponer la lectura de poemas de Shelley, o novelas góticas como Frankenstein, o novelas prerrománticas de Jane Austen, o textos de Byron, o algún drama romántico de Schiller, o algún texto desaforado de Víctor Hugo... Para qué bucear en el canon y molestarnos en buscar títulos que sí permitan un acercamiento real de los alumnos no solo a la época literaria sino, sobre todo, al placer de la lectura. Para qué hacer algo así, cuando podemos arruinar una asignatura como esta y convertirla en un infumable repertorio de obras y autores que olvidarán tan pronto como los vomiten en un examen.

Como profesor de lengua y literatura, hago malabarismos para pedirles otras lecturas, proyectar otras películas, hablarles de otros textos... Pero ni su tiempo ni el mío es ilimitado: yo debo cumplir el programa (¡toda la literatura desde sus orígenes hasta el siglo XX!) y ellos deben leer y analizar los libros que seleccionan las comisiones de la PAU. Así pues, el fomento a la lectura en el aula se convierte en una acrobacia de la que, cualquier día, no saldré ileso.

Por supuesto, la literatura de género -ciencia ficción, terror, novela negra...- está excluida del programa oficial, obviando que autores como Orwell o Hammett son espléndidos y mucho más atractivos para nuestros bachilleres que otros que nos empeñamos en hacerles leer una y otra vez. En cuanto a "la literatura actual", en literatura española se nos aconseja que no trabajemos obras posteriores a 1970 (¡no había nacido ni yo!) y en literatura universal el estudio de la novela se cierra ¡en la Generación Perdida! Obviar no ya el último tercio del siglo XX, sino toda su segunda mitad para alumnos del siglo XXI es uno de esos anacronismos del que empiezo a dudar que salgamos algún día... Y, por si alguien se lo está preguntando, las escritoras tampoco aparecen en el programa -en literatura universal no se pide ni un solo texto escrito por una mujer-, lo que no deja de constituir un ejemplo de contumaz misoginia cultural.

Después nos quejamos de que no se lee, de que no se valora la cultura, y nos enzarzamos en reproches, recriminaciones y discusiones estériles. Pero lo cierto es que la asignatura de Lengua y Literatura, tal y como está planteada en Secundaria y Bachillerato, no funciona ni cumple su objetivo. Aprenden -si lo aprenden- a analizar un sinfín de oraciones -¡vivan las cajas y las subordinadas!- y a odiar textos que deberíamos hacerles apreciar. Dudo mucho que se pueda amar esa maravilla que es el Quijote si se les obliga a leerlo íntegro -y sí, eso sucede- en 1º de Bachillerato (¡con 16 años!). ¿No hay otros textos de la tradición literaria para hacerles llegar, poco a poco, a esa obra maestra de la literatura universal? Sí, los hay, pero seguimos creyendo -equivocadamente- que la obligación fomenta la lectura, como si años y años de fracaso en este sentido no fueran prueba suficiente de que no es así.

En los meses que tengo por delante seguiré haciendo trampas... De momento, y aprovechándome del inminente estreno de una versión de Bel Ami con Robert Pattinson, ya les he pedido que lean esta fascinante novela de Maupassant (¿por qué no adentrarse en una obra que habla de las inquietudes de un personaje de su edad, para variar?) y trataré de que veamos alguna propuesta cinematográfica reciente que les permita conocer otro ángulo de la historia literaria (Bright Star, Howl, Midnight in Paris...). Lo intentaré, sí, pero para ello debo llegar primero a Kubla Khan y asegurarme de que son capaces de escribir -aunque sea como autómatas- dos folios de obviedades que les aseguren un aprobado en selectividad. Fascinante, ¿no?

21 comentarios:

JSI dijo...

Hace tiempo dije exactamente lo mismo en el programa de Dragó. Tiré al cajón el Poema del Mío Cid para protestar contra la enseñanza de este texto en la ESO, cuando lo que habría que intentar es que los críos se viciasen con la lectura. La enseñanza cronológica de la literatura es una verdadera catástrofe para la lectura, hasta que uno no es mayor y ha leído mucho es impensable que aprecie algo así. Y mucho menos que considere que la lectura vale la pena.

Eduardo G. Cuasimodo dijo...

Totalmente de acuerdo, lo único que importa es memorizar la mayor cantidad de contenidos, al máximo de compresión, sin raciocinio alguno, para que acabemos vomitándolo en selectividad y que pase así al olvido a los dos días.

Alfonso Villar dijo...

Ayer mismo hablábamos de este tema un compañero de Filosofía y yo. Deberíamos sentarnos todos tranquilamente y, desde cero, analizar qué deberíamos enseñar y cómo. Hay que olvidarse de lo que no funciona de sistemas anteriores y proponer soluciones del siglo XXI.

albhh dijo...

El poema de Kubla Khan se estudia (o estudiaba) en 4º de Filología Inglesa en la universidad. No es un texto sencillo para universitarios. Se me ocurren muchos textos bastante más idóneos para hacer un comentario en un examen de Bachillerato. Se me ocurren muchos textos dentro de la Literatura Universal para hacer que los alumnos encuentren la lectura fascinante. Desde luego, también creo no es apropiado.

Felicis, en Madrid dijo...

Pues sí, y lo peor es que, como ya dices, en el propio canon hay un montón de lecturas con las que los chavales se lo pasan en grande. Ya escribí sobre el tema hace tiempo, a raíz de algo que la Montero escribió en El País Semanal: http://veinticuatrobofetadas.blogspot.com/2010/05/no-tan-ladrillos.html

Mara Oliver dijo...

Me quito el cráneo compañero, soberbio post.
Serendipias de la vida, acabo de estar hablando de la profesora que más me acercó a la literatura (la debo mucho, muchísimo). Era entonces 3º de BUP pero supongo que los corpiños no serían muy diferentes. Pilar trajo el facsimil de "El potro obscuro y el conejito" de Miguel Hernandez a clase, a casi todos se nos saltaban las lágrimas. También nos llevó a ver una obra de Bertold Bretch, nos leyó el capítulo 7 de Rayuela... Esa profesora me enseñó mucho más de lo que aprendí en el COU memorizando datos (y eso que tambien tuve otra profesora cojonuda).
Algún día, tus alumnos pensarán en ti agradecidos y con una sonrisa, como pienso yo en Pilar.
:)

Arual dijo...

Si leer es uno de los placeres mas grandes q existen no entiendo xq ahogan así dl afán lector de nuestros adolescentes xdd!

Anónimo dijo...

Hay textos seleccionados en esa asignatura para la PAU por la Autónoma que han gustado mucho a mis alumnos los dos años que llevo dándola: Eomeo y Julieta, Tartufo, Las flores del mal, La metamorfosis,... Creo que no debemos centrarnos sólo en los hipotéticos fallos. Todos a veces hemos puesto muy ilusionados una lectura pensando que les iba a encantar y no ha sido así. No conozco a nadie al que no le haya ocurrido. Seamos autocríticos.

Fernando J. López dijo...

Estimado anónimo: por supuesto que hay que ser autocríticos, ese es el objetivo de este blog. Hay que cambiar y mejorar tanto los métodos de trabajo como las lecturas elegidas si deseamos fomentar la pasión por los libros.

Pero este post no versa solo sobre los libros de la PAU, sino sobre los criterios -rígidos, desfasados y anacrónicos- que, en general, se siguen en Bachillerato y Secundaria, desaprovechando muchísimos títulos que podrían favorecer un mayor acercamiento de los alumnos a las letras.

El hecho de que la PAU de lengua y literatura española evite el comentario de textos literarios y, para colmo, obvie la novela, la poesía y el teatro del último tercio del siglo XX es una muestra de ese anquilosamiento académico.

En cuanto a los ejemplos que usted cita (lástima que no nos dé un nick o nombre con el que responderle), afortunadamente hay textos que, per se y a pesar de la torpeza de quienes diseñan los currículos escolares, son siempre fascinantes (ni siquiera ellos pueden arruinar la universalidad de Molière, qué duda cabe).

Sin embargo, otras elecciones de la PAU, como los tres cuentos obligatorios del Decamerón (en los que no hay ni un ápice del divertido erotismo que caracteriza el libroy que conseguirán que nuestros alumnos jamás se acerquen a esa deliciosa obra) o la propia Metamorfosis -que muchos chicos leen entre 3 y 4 veces en tan solo dos años: tanto en Literatura Universal de 4º, como en Filosofía, como en Ética, como en la Universal de 2º: ¿no hay más autores?-, son elecciones inadecuadas o, cuando menos, poco originales.

El caso de la poesía romántica es, sin duda, el más atroz, pero -en el fondo- todo se resume una visión limitada de la enseñanza de la literatura, que no tiene en cuenta el perfil de los alumnos ni de los grupos.

En definitiva, el desconocimiento y la descoordinación de los diferentes niveles educativos sigue siendo un problema endémico del sistema. Y mientras la Universidad seleccione textos sin contar con la realidad de los institutos y los institutos ejerzamos mirando por encima del hombro a Infantil y Primaria, seguiremos abocados al fracaso en medio de este páramo de enseñanza inconexa y desarticulada.

Roberto dijo...

Está claro que para enseñar literatura hay que sentirla, al menos no hay que sentirla extraña. Con esto y lo anterior, que cada uno saque sus conclusiones.

Un saludo

Anónimo dijo...

Pues yo sobreviví a la lectura del Quijote con quince años en el antiguo BUP y aquí estoy. Después lo he leído un par de veces más y espero seguir leyéndolo, pues los buenos libros te enganchan de por vida. Creo que más que en los temarios, la impronta está en quien imparte los temarios. Pues la Celestina sigue estando hoy tan viva como cuando se escribió... y mucha literatura "actual" no hay por dónde cogerla. Personalmente me gusta que el libro sea bueno, independientemente de los años que haga que lo publicó su autor/a. Recordando a Cicerón "omnia praeclara rara" o "todo lo bueno es escaso."

Fernando J. López dijo...

Claro que es importante quién imparte el programa. Y por supuesto que los clásicos lo son, precisamente, porque siguen vivos.

Pero ni se puede obviar la última literatura del siglo XX -ausente en los temarios-, ni la literatura hispanoamericana -apenas mencionada, cuando hay tantos autores y obras fascinantes con que hacer nuevos lectores entre nuestros alumnos-, ni la literatura escrita por mujeres -invisible-, ni la literatura de género -marginada-, ni las (otras) obras del canon -sea cual sea su época- que sí podrían conseguir que los alumnos se quedaran con ganas de seguir leyendo y de aproximarse a otros clásicos en el futuro.

Personalmente, me dejo la piel en conseguir que les emocionen los textos que trabajamos, pero si la selección que se hiciera de estos fuera más adecuada a su edad -la Celestina que usted menciona es, precisamente, uno de los que sí tiene sentido trabajar en Bachillerato y funciona siempre cuando se hace bien-, habría muchas más opciones de éxito.

Y, por mucho que amemos el Quijote, no se trata de "sobrevivir" a su lectura (no se me ocurre peor finalidad para un texto literario) en el Bachillerato, sino de que entiendan su grandeza y lo que significa. Obligándolos a leerlo no conseguimos que lo hagan y, entretanto, estamos perdiendo un tiempo precioso que podríamos dedicar a otras obras.

De todos modos, mientras sigamos creyendo que el único enfoque de enseñanza de la literatura es el cronológico, seguiremos repitiendo métodos y esquemas (ya es triste que el Bachillerato sea, a menudo, un remedo condensado y torpe del antiguo BUP...). Con esta metodología y este diseño curricular, seguiremos viendo cómo los best sellers que triunfan en nuestras librerías son cada vez más inanes y tontorrones, gracias a un público sin ningún hábito ni recorrido lector, al que cualquier simplonería -ya sea con vampiros, ya con detectives suecos- le atrae y sorprende irremediablemente.

Chema dijo...

Aun a riesgo de repetirme en este blog, es imprescindible la lectura de los libros que reflexionan sobre la lectura de los jóvenes en clase y fuera de ella de Guadalupe Jover. Personalmente el tema que ha sacado Fernando es algo que me ha hecho pensar muchas veces, y eso que no he dado nunca esa asignatura maravillosa que tendría que ser Literatura Universal. En efecto, como lector echo de menos obras no sólo de otros países (¿alguien ha visto una sola lectura de autores rusos o japoneses en las aulas, por no hablar de escritores árabes o centro y/o surafricanos?; pero y de los muchos latinoamericanos de primera fila: José Bianco, Juan José Arreola, Álvaro Mutis...tampoco se sabe nada), sino también determinados géneros (siento predilección por la novela negra, lo confieso, y tengo en gran estima a Hammett, Chandler, Cain y otros) y, como apunta el propio Fernando, la literatura escrita por mujeres (y mira que las hay extraordinarias: Virgina Woolf, Jean Rhys, Doris Lessing, Toni Morrison, Ann Michaels...).
Tengo que reconocer, la verdad, que Coleridge no es autor de mi predilección, no así Keats, aunque esos poemas que citáis no son desde luego los más acertados para ser leídos por los chicos. En cambio, la lectura de las cartas de este último poeta son una verdadera maravilla, y creo que a más de un alumno le interesarían.De todas formas, si quieren poetas romámticos, anda que no tienen nombres: Puskin,Shelley, Holderlin, Leopardi, y tantos otros.
Si nos pusiéramos de acuerdo entre los profesores sobre aquellas lecturas que no sólo nos entusiasman sino que también pensamos que pueden hacerlo también a los chavales, y, por otra parte, fuésemos capaces de enhebrarlas de manera que se fueran complementando de un curso a otro habríamos avanzado una enormidad en el camino que lleva al placer de la lectura. Sé por experiencia que es difícil ponerse de acuerdo, pero las horas que he pasado charlando con algunos compañeros sobre libros, recomendándonos los unos a los otros títulos y títulos son algunas de las más entrañables que recuerdo a lo largo de no pocos años paseando por las aulas.

Alex dijo...

Como alumno que el año pasado terminó 2º de Bachillerato no puedo estar mas de acuerdo. Después de haber aprobado la PAU y darme cuenta de que solo recuerdo un puñado de autores y obras sin poder situarlas en un movimiento o época (muy a mi pesar)me doy cuenta de la fatalidad de este sistema, nos enseñan una grandisima cantidad de datos para memorizarlos sin entenderlos. Y todo esto teniendo a una buena profesora, que hacia lo que podía para hacernosolo atractivo pese al poco tiempo que teníamos.
En mi opinión se debería enseñar el gusto por la lectura desde pequeños, con lecturas adaptadas a la edad y con clásicos atractivos como R.L. Stevenson con sus obras de aventuras y una vez que se haya adquirido ese gusto, pasar a las obras mas complicadas o ''aburridas'' que sin esa experiencia anterior no se entenderían y mucho menos disfrutarían

Anónimo dijo...

Llego a tu blog por casualidad, por la recomendación de otro blog literario que sigo. Lo que me ha pasado con tu libro es que, aunque normalmente apunto el título para próximas lecturas y lo busco en la biblioteca o lo comento con la esperanza de que alguien me lo preste (cuestión de economía y espacio en casa), en esta ocasión, las ganas de leerlo han podido más y lo he comprado. Dos días es lo que me ha durado, aún me quema lo que he leído. Es de esos libros en los que sigues pensando incluso cuando ya los has terminado: impactante, atrevido y muy recomendable.
Cuando entro en el blog con intención de comentarlo, leo la entrada de hoy y me acuerdo de otro libro que también me hizo pensar mucho 'Como una novela' de Daniel Pennac y su comienzo "El verbo leer no soporta imperativo", que me enganchó para no soltarme hasta que lo terminé. Empecé a entender por qué detesto la lectura obligatoria con mis hijos pequeños cuando soy lectora habitual ("solo quince minutos al día", me decían los profesores). Empecé a entender que aquello que para mí no era apetecible, dificilmente podría serlo para ellos... porque siendo honestos, para mí que me gusta leer, también sería terrible tener que hacerlo en voz alta, entonando, para que después me pregunten "¿has entendido?" y a continuación me hicieran un montón de preguntas para ver si es cierto... y no debemos olvidar que la semilla lectora de nuestros adolescentes se plantó cuando eran niños.
No han cambiado mucho las cosas en casa desde que leí este libro (que lean lo que se les pide sigue siendo una cruzada), pero al menos no me flajelo pensando si yo podía hacer algo más. Por ahora mi objetivo es otro: que lean, simplemente que lean. Lo que quieran, pero que se enganchen a la lectura, que disfruten con ella. Porque cuando el virus lector te atrapa, ya no te suelta jamás; lo demás vendrá seguro, sólo hay que permitir que la semilla germine.
Y si te animas a leer ese libro (si es que aún lo has hecho), me encantará saber tu opinión al respecto, porque el autor fue ademas, profesor.
Saludos,
Irene Maeztu

Fernando J. López dijo...

Alex, Chema: totalmente de acuerdo en todo con vosotros.

Irene: gracias -de corazón- por haberte sumergido en las páginas de mi novela. En cuanto al libro que mencionas de Pennac, a mí también me parece más que recomendable. Si te gustó, no dudes en acercarte a otro de sus últimos títulos, "Mal de escuela", donde hace unas espléndidas reflexiones sobre algunos males endémicos del sistema escolar.

Raist dijo...

Es increible cómo solo en un pequeño texto de unos pocos párrafos puedes decir tantas verdades.
Personalmente el año pasado lo paré realmente mal con el Quijote, no me gustó mucho la verdad, además de leer por segunda vez la Celestina, otra obra para mi,innecesaria de leer.
Raramente este año me gustan los libros elegidos pero educarían -a parte de enseñar- mejor a los jóvenes si les diesen a elegir entre ciertos libros, o simplemente cambiando la temática de los libros, quitar los ejemplares de 600 paginas en castellano antiguo (que o te gusta mucho la literatura o se te hace muy pesado) e introducir obras mas actuales o simplemente más atractivas pues son las que más tarde, a parte de aprobar en selectividad, nos servirán de algo o al menos cuando oigamos el titulo de la novela o el autor podamos situarlo y haber tenido el orgullo -y no el castigo- de leer esa obra.
Nunca he podido estar más de acuerdo con alguien en este tema y lo que me alegra es que precisamente seas profesor de literatura, poco son lo suficientemente inteligentes para darse cuenta del grave problema en el que estamos metidos y del que parece que va a ir a mas.
Un saludo

pasacalle dijo...

Rousseau, en el primer libro de sus muy recomendables Confesiones, cuenta còmo siendo adolescente le picó la fiebre fe los libros y , fruto de esa pasión, le castigaban en el trabajo. apenas dormía y gastaba su mìsero jornal en adquirir nuevos libros. Y cuando ese dinero no era suficiente, entregaba a cambio su ropa o calzado.

J.Bermejo dijo...

El repertorio de lecturas en Literatura Universal de segundo de bachillerato (al menos en Madrid) es suficientemente amplio como para sacarle jugo. El mismo poema de Colerigde (lo he trabajado con éxito esta misma semana, en un grupo más bien flojo) puese dar juego si se toma como lo que es: el producto del 'colocón' de un tipo irresponsable que abandona a su mujer y a sus hijos a su suerte y se deja ir (brillantemente, eso sí) en brazos del opio que le costea un, digamos, interesado protector. ¿Hay algo más actual, más cercano a la realidad de un modelo de sociedad en el que tan difícil resulta encontrar gente responsable, incluyendo entre ellos a tantos profesores de literatura que en lugar de buscar una vía de lectura adecuada de cualquier obra universal (y todas las recomendadas en las PAU lo son) se dedican a echar balones fuera y mantener esa cansina actitud de eternos quejicas?

Chema dijo...

La verdad, si de lo que se trata es de leer obras "producto de un colocón" -cosa que dudo- me quedo con Baudelaire, las Confesiones de un comedor de opio de Thomas de Quincey, El almuerzo desnudo de Burroghs, On the road de Kerouac,los poemas de Dylan Thomas, los cuentos y poemas de Poe y tantas otras obras. Porque si hablamos de alguien que deja a su esposa y a sus hijos por otra mujer u otro hombre, prefiero los casos de Shelley y Verlaine, sinceramente, más que el de Coleridge.

Dipendenti statali dijo...

Muy interesante este articulo y estoy plenamente de acuerdo con las opiniones que habeis vertido,al estudiante se le debe estimular con lecturas apropiadas y no hacer todo lo contrario.Katia