viernes, 16 de diciembre de 2011

Diecisiete

En mi instituto, este curso hay 17 alumnos de Compensatoria y ni un solo profesor para atenderlos. Desde la dirección del centro, se ha pedido insistentemente -desde que empezó el año escolar- que se nos envíe, al menos, media plaza para atender las necesidades de estos alumnos con dificultades especiales, pero se nos dice que, debido a los recortes (esos que según Figar no existen), eso no es posible. Así pues, esos 17 alumnos no pueden ser atendidos como se merecen, y desde el departamento de Orientación, el claustro y Jefatura de Estudios se hace un esfuerzo enorme por integrarles, aunque sepamos que sin un grupo de Compensatoria donde puedan desenvolverse y aprender de verdad, ese objetivo roza lo imposible.

"Solo" son 17 alumnos, solo 17 vidas -17 familias, 17 futuros, 17 historias personales- cuyas posibilidades se ven mermadas por unas instituciones que consideran que no hay que invertir en ellos, porque prefieren destinar el dinero a la educación privada y a la concertada religiosa. Instituciones que se escudan en la famosa -y mentirosa- cantinela de las dos horas de más para no admitir lo que realmente está sucediendo: que se está abocando al fracaso escolar a una gran parte de la población -sobre todo, a los que menos tienen y a los que más precisan de una educación de calidad- de modo que se fomente la franja social -cada vez mayor- entre quienes más tienen y quienes menos pueden.

En tiempos de crisis como los actuales, en un momento donde el paro sigue avanzando con cifras tan trágicas como escandalosas, cuando se nos anuncian recortes que harán subir de nuevo esos datos -sobre todo, si se escuchan las demenciales peticiones de más despidos por parte de la CEOE-, en tiempos en los que los padres necesitan más que nunca una escuela pública de calidad a la que poder llevar a sus hijos, se intenta debilitar el sistema y se contribuye a que todo haga aguas, en vez de buscar fórmulas que mejoren sus puntos débiles y, por supuesto, sin escuchar a quienes -docentes, alumnos, madres y padres- estamos implicados en él.

En mi centro son "solo" 17 alumnos los que han sido abandonados a su suerte por la Administración. "Solo" 17 personas a los que el buen hacer de mis compañeros intentará llevar por el mejor camino posible, a pesar de que la Consejería parezca interesada en lo contrario. El resto de alumnos, entretanto, se amontonan en clases de veintiocho o veintinueve chicos y chicas en la ESO y hasta de treinta y muchos -casi cuarenta- en Bachillerato. Ese es el modo, supongo, de fomentar la excelencia: alentando la despersonalización y el abandono, la no individualización de los alumnos, imposibilitando desdobles, refuerzos, apoyos...

En otros centros con un contexto sociofamiliar más difícil que el mío sé que la cifra de 17 se multiplica exponencialmente. Tanto que me cuesta poner un número que engloble a todos los adolescentes que están siendo víctimas de unos recortes que atentan contra su derecho a una educación pública digna, gratuita y de calidad. Porque no se trata de las famosas dos horas de más, se trata de los muchos profesores de menos.

Personalmente, y lo repito para quienes se obstinan en seguir desinformados, no tengo ningún problema en dar dos horas lectivas más -o tres, como este año-, pero sí quiero hacerlo en centros donde la biblioteca pueda estar abierta, donde los grupos no superen una cifra razonable de alumnos, donde los estudiantes con dificultades de aprendizaje -o con graves situaciones personales- puedan ser atendidos como corresponda. Quiero hacerlo en centros con orientadores, con profesores de Compensatoria, con compañeros que trabajemos codo con codo en la tarea educativa, que se impliquen... Compañeros que, como yo, seguramente tampoco puedan poner una cifra a los alumnos perjudicados, pero que seguro que sí pueden ponerles rostros. Caras. Miradas. Expresiones... Porque todos sabemos quiénes de nuestros chicos están siendo los más perjudicados, quiénes tendrán menos recursos, a quiénes se les pretende asfixiar en su contexto actual robándoles la opción de la movilidad social, de la progresión, de la mejora.

Por eso, mañana 17 de diciembre volvemos a la calle. A manifestarnos para exigir una educación pública digna y de calidad. A gritar que no nos conformamos. A quejarnos de la ceguera de nuestros gobernantes, que han decidido hundirnos para siempre en la crisis -quizá eso es lo que pretenden: es cómodo someter a un pueblo inculto y dividido por una gigantesca fractura social- atacando el que debería ser uno de los pilares de nuestra sociedad: la educación.

7 comentarios:

Anónimo dijo...

El rodillo de Rajoy irá a Educación, Sanidad, Servicios Sociales, etc., porque además es lo que le imponen en Europa y de no ser que coticen los inversores del IBEX o los Clubes de fútbol o que se deje de dar dinero público a raudales a los bancos (como ha hecho el PSOE, además de bajar el sueldo a los funcionarios, que seguirá bajando dicho sea de paso) pues es lo que hay y lo que ha votado la mayoría absoluta de la que disfrutan. Y a quien no le guste, pues se va a tener que tomar las cosas con filosofía. Es lo que hay, ya lo ha dicho el Rey, que vienen tiempos muy difíciles.

eduideas dijo...

Y más que podrás enumerar solamente en tu centro, de momento los 17 de compensatoria, y esto no para, por eso tampoco debemos parar nosotros: que no quede por nuestro esfuerzo

Alétheia dijo...

Esta voz (la suya) la debería escuchar todo el mundo, su opinión, que no es sólo una opinión, es una verdad, una verdad limpia. Ojalá esto saliera en los periódicos, en las redes sociales, ojalá todo el mundo supiese (y quisiera saber, ya que muchos ahora se dedican solo a taparse los ojos y los oídos) lo que leo aquí. Sé que no es suficiente con lo que cuento y explico a mis compañeros y amigos, sé que no es suficiente las recomendaciones de libros y lugares de la red que hablan sobre esta injusticia, como éste. La historia se repite, lo llevo estudiando desde que empecé la ESO, la historia siempre se repite, ganemos otra vez, pero que la victoria se alargue más de lo poco que suele durar, de lo poco que suele durar siempre.

Anónimo dijo...

Agradezco la existencia de este blog que ha permitido que tus reflexiones nos hayan acompañado a lo largo de todo este trimestre de lucha.Espero que siga haciéndolo durante el año que empieza, por muchas razones, pero sobre todo porque refuerza con argumentos nuestro compromiso con la educación pública, porque señala con certeza y precisión los problemas que se nos plantean y porque confía en que la educación pública, para ser y cumplir sus objetivos, tiene que ser también autocrítica consigo misma. Gracias otra vez y a ver si estas vacaciones consigo leer tu novela que todavía no conozco.

manos que imaginan dijo...

Hay que asumirlo. La gente corriente de la calle no está igual de concienciada con la necesidad de la educación pública que con la sanidad pública, por poner un ejemplo. Han sido muchos años de descrédito, primero con que la escuela pública tenía muchos problemas de disciplina y autoridad (muchas noticias en los medios de profesores que había sufrido palizas), luego que estaba llena de inmigrantes y retrasaban el rendimiento, ahora, ya todos sabemos. Hablando con conocidos estos me comentan resignados que su hijo no tiene más remedio que ir al cole de monjitas; ¿pero de verdad sabe ud. que allí no le van a educar mejor? No tienen ni idea, los ciudadanos se han quedado con el mensaje de que hay que llevar al niño a un colegio de pago, y lo triste es que les da igual, cosa que no ocurre con la sanidad pública.
Algo de culpa tenemos los docentes, asumiendo muchas veces que los institutos son guetos de niños pobres y desfavorecidos y que con enseñarles cuatro cositas basta porque, total, no van a ir a la universidad. Este es un mensaje peligroso que tenemos que quitarnos de la cabeza, creo yo, la ideología del "buenismo" que dice que a los centros públicos van los marginados y que hay que adaptarse a este alumnado. ¿No hemos oído alguna vez este mensaje tan nefasto?
También ahora los medios de comunicación tratan de politizar todo acontecimiento de actualidad, y las protestas ante los recortes lo es. Desde determinada ideología tratan de inculcar que esta es una protesta promovida por "progres", "rojos", "izquierdosos" que lo único que quiere es desautorizar la labor de Esperanza Aguirre; nos dicen también que los institutos y colegios públicos son un nido de "izquierdistas" que buscan adoctrinar a los niños en esta ideología. Desgraciadamente, este es el mensaje que está calando en los ciudadanos.
Propongo una campaña de promoción de la educación pública que contrarreste los mensajes anteriores. Hay que decir a los demás que en los colegios públicos hay cabida para todas las condiciones, todas las sensibilidades e incluso todas las ideologías, y que ese es precisamente lo que procura su enorme riqueza y potencial. Digamos a todos que esto no es una lucha política de unos rojuelos izquierdistas; dejémonos de insultos a autoridades y transmitamos los aspectos buenos que tiene la educación pública y el beneficio que reporta a la sociedad - lo dice una que ha trabajado en concertados, y que sabe de primera mano que son mejores los públicos-. Frente a la desinformación y manipulación de los medios de comunicación, aportemos información. Nosotros estamos convencidos de nuestra labor, pero me temos que el ciudadano de a pie no; informémosle, pero con la verdad, y luego que él decida.
Mucho ánimo a todos, especialmente a los que no están trabajando, y felices fiestas.

Anónimo dijo...

Pues antiguamente éramos alrededor de cuarenta por clase y aprendíamos el doble que ahora, ya fuera la preparación y autoridad de los maestros, ya fuera por los planes de estudios, por algo sería...ahora el nivel da pena.

Anónimo dijo...

A raíz de la LOGSE el nivel se ha convertido en un desnivel, la ignorancia generalizada triunfa y en las Universidades han tenido que depauperar el nivel si no querían quedarse sin alumnado. Los buenos profesores saben sacar jugo de sus alumnos, pese a las dificultades que hay y las limitaciones. Había que mandar al profesorado interino a la calle y eso es lo que han hecho y lo que seguirán haciendo.