sábado, 30 de abril de 2011

MAE, Religión y otros sinsentidos

Se nos habla de excelencia. Se nos cuenta que hay que ayudar a que nuestros alumnos aprovechen todo su potencial. Se nos intenta convencer con argumentos tan demagógicos como populistas y, de repente, se produce un asentimiento mayoritario -y acrítico- ante un tema que olvida algunos obstáculos esenciales para ese supuesto grado de excelencia. Y no, no vamos a hablar aquí de los impedimientos prácticos (que ya enumeramos en un post anterior), sino de cómo el propio diseño curricular de la ESO apuesta, sin duda, por la no-excelencia. Cómo se trabaja para que nuestros alumnos sean cada vez más acríticos, menos creativos y, en cierto modo, menos libres.

Una de las claves del problema reside, cómo no, en la pervivencia de la Religión en la enseñanza pública y en el consiguiente desperdicio de horas lectivas que ello supone. Una lacra injustificable y que se mantiene por miedo al poder la iglesia en lo que -eso dicen- supuestamente es un Estado aconfesional. Como se trata de una asignatura no calificable -sería el colmo que esta catequización tuviese relevancia alguna en los boletines de los alumnos-, hay que crear alternativas igualmente no evaluables para quienes no deseen cursarla. Y, por tanto, surge una idea de esas que solo puede diseñar alguien que hable de educación desde una tribuna o desde un despacho, pero -desde luego- no en un aula.

La idea se llamó MAE (Medidas de atención al estudio) y consiste en perder una o dos horas -según los cursos- a la semana con el propósito de -nadie lo sabe con certeza, por cierto- proporcionar técnicas de estudio y aprendizaje a nuestros alumnos. Por supuesto, en más de un centro, esto se convierte en el visionado continuo y sistemático de cuanta película exista en la videoteca del centro o, en los institutos más conflictivos -y conozco ejemplos de primera mano-, en un continuo desfile del profesor entre los pupitres para evitar, literalmente, que los alumnos se levanten o se agredan entre sí.

Pretendemos -hermosa utopía- que esos alumnos nos atiendan en una asignatura que saben que no tiene consecuencia académica alguna. Una pretensión que resulta tan ridícula como afirmar que si a los adultos -supuestamente responsables y concienciados- nos dan a elegir entre trabajar una hora no remunerada o no trabajarla, elegiremos esto último, aun cuando sepamos que el hecho de no acudir al puesto de trabajo no tendrá consecuencia negativa alguna. Es divertido ver cómo los medios hablan de la cultura del esfuerzo cuando se refieren a los adolescentes y cómo, sin embargo, fomentan la cultura contraria en la mayoría de los personajes (pongan ustedes las comillas que deseen) a quienes dan continua -e inmerecida- relevancia.

Esas horas que regalamos durante la ESO a la Religión y a su inane alternativa, la MAE (obvio la bienintencionada pero ineficaz Historia y cultura de las religiones, a la que, de nuevo, la falta de calificación convierte en un absurdo desde el punto de vista práctico) se las restamos a otras materias que siguen viviendo en un no ya segundo, sino tercer plano en nuestro sistema educativo:

- Son horas que podrían ampliar el maltrecho programa de Educación Física, relegado a dos miserables sesiones semanales, donde apenas se puede formar a los alumnos, lo que justifica -entre otros muchos motivos- la escasa formación deportiva en nuestro país, tan poco apoyada desde el ámbito educativo. Sin olvidar hasta qué punto el ejercicio físico es necesario en esos centros donde queremos que setecientes, ochocientos o novecientos alumnos se pasen seis o hasta siete horas enclaustrados, callados, sentados, atendiendo y produciendo en serie como si de una fábrica de replicantes se tratara.

- Son horas que podrían devolverse a las asignaturas de Educación Plástica y Música, ambas continuamente maltratadas y relegadas a solo dos cursos de los cuatro que componen la ESO. Luego nos sorprendemos -e incluso indignamos- cuando se hacen encuestas en ciertos medios para demostrar que nuestros jóvenes no saben quién es Mahler o no identifican un solo cuadro de Picasso. Lo divertido es que esa ignorancia no es culpa suya, sino de un sistema que no pretende formarles para ello y, a menudo, también de unos padres que se lavan las manos -al igual que muchos docentes- sobre cualquier formación que sea ajena a la que -suponen- sus hijos reciben en las aulas.

Así pues, seguimos asumiendo ciegamente los designos eclesiásticos y creyendo que es normal que un Estado laico asuma la presencia de la Religión en las aulas de los centros públicos. Por no mencionar el divertido detalle de que esos profesores no han pasado por unas oposiciones como las que sí hemos vivido el resto del claustro, sino que son designados de manera más, digamos, directa, por criterios que -como los designios divinos- son inescrutables.

Quieren, nos dicen, una educación que consiga la excelencia. Pero no la excelencia artística. Ni deportiva. Ni cultural. Ni literaria. Ni científica. No. Quieren -está claro- una excelencia que favorezca la segregación, el elitismo y que -de paso- les permita seguir jugando con la opinión pública gracias a esos profesores que detestan su trabajo y que estarían encantados de que sacaran de sus aulas a los alumnos "torpes" para limitarse a aburrir tan solo a los "pacíficos" que, por su estoicismo soportando las charlas del docente de turno, habrán de ser llamados a la más elevada de las excelencias.

11 comentarios:

Anónimo dijo...

Totalmente de acuerdo. Gracias por escribir estas cosas, Fernando.

Rosa.

Alicia dijo...

Es cierto que es un problema complicado, porque hay que aunar el derecho de unos a recibir un tipo de formación, cosa que creo que en un pais con libertad religiosa hay que respetar, con el derecho de todos a que no se les haga perder el tiempo. Hay mucho que hacer, también en cuanto a formación en valores y da pena tanta hora perdida.

Fernando J. López dijo...

Alicia, Rosa, independientemente de que estemos más o menos de acuerdo, muchas gracias por vuestras opiniones.
Ojalá todo el mundo estuviera dispuesto a dialogar de la misma manera y con la misma apertura dialéctica: seguro que, entre todos, conseguiríamos un espacio mucho más libre, formativo y beneficioso para nuestros alumnos.
Un saludo ;-)

coxis dijo...

cuando te toca dar la alternativa a la religión es como si tuvieras dos horas de más de guardia a la semana, eso es todo.

Juan A. dijo...

Querido Fernando, lleva usted toda la razón. La enseñanza religiosa en el aula es algo que excede los límites de la formación reglada puesto que la formación religiosa debería quedar en el ámbito de lo familiar, para no crear una segregación absurda y para no fomentar la cultura del no esfuerzo.
Un saludo desde Málaga,

Juan.

Anónimo dijo...

Leo, desde la distancia del tiempo en que se publicó el post, tus opiniones sobre, más que la asignatura de religión, la de atención educativa. Soy profesor de religión católica y recuerdo, como tú, las caras de mis alumnos, sus iniciales, y aprendo de ellos cada día. Aprendo cuando me dicen: "¿Por qué sólo tenemos una hora de religión a la semana? Con lo bien que lo pasamos, con lo que aprendemos,... Esta asignatura sí vale la pena..." Y entonces leo el resto de tus entradas y pienso: opinan lo mismo del profesor de alemán y de teatro que de mí. Él les enseña alemán y los hace personas críticas, objetivas, capaces,... Yo les enseño religión y los hago personas críticas, objetivas, capaces,... y además les ofrezco un plus de calidad: el de tener como referente de sus vidas a un Hombre que pasó por esta vida haciendo el bien, enseñando, sanando corazones rotos y no juzgando. Y al final, no sé dónde ves el problema.

María dijo...

Yo he sido una de las madres que en 1º de la ESO ha decidido como asignatura más interesante M.A.E, en vez de la religión (no opinaré sobre ésta). Creo que bien llevada puede aportar técnicas de estudio, mejor expresión oral, etc. para nuestros hijos. Lo que a la postre significaría mejor rendimiento por asimilar mejor los contenidos de las otras asignaturas de primera categoría. Entiendo que no se den notas, pero eso no quita el interés del alumno. Igual soy una romántica pero creo que el profesor es el que debe poner el encanto y hacer atrayente cualquier asignatura, muchas vocaciones futuras parten de ese principio. Creo que ahí radica la diferencia entre un profesor y un maestro.

Delia Madueño dijo...

Buenas tardes
Debo decir, antes que nada, que no soy ni madre de un alumno ni profesora, soy alumna de ESO, y tras leer esta entrada que me ha llamado bastante la atención me he visto con muchas ganas de dar mi opinión.
Honestamente diré que soy muy joven y no tengo las ideas claras, o al menos no lo suficiente, y pueba de ello puede ser el hecho de que estoy bautizada por voluntad propia y a día de hoy no me considero creyente.
No por esto quiero faltar al respeto a la religión católica, ni mucho menos, lo que quiero decir es que quizá tener esa asignatura en todos los cursos de primaria me ha influenciado en exceso, si cierto es que siendo optativa podría haber cogido "estudio" (así se llamaba al menos cuando yo cursaba primaria) pero, al darla todos mis compañeros de clase, decidí cogerla (todos sabemos la influencia que tienen las decisiones de las grandes mayorías sobre uno mismo, y teniendo a penas 6 años ni que hablar hay).

Bueno, después del testamento escrito aclararé que lo que quiero decir con esto es que, respetando la religión católica, no estoy de acuerdo en que está sea considerada como una asignatura más, y menos en centros de enseñanza primaria y secundaria públicos. Pienso que hay que respetar aunque no se comparta la misma opinión, pero que las creencias y/o ideologías deberían quedar de puertas del centro hacía fuera, y no faltar al respeto a la religión, sino a que haya un número determinado de horas (dependiendo del curso 1 ó 2 semanalmente) dedicadas a dar esta asignatura con el fin de reforzar estas creencias cuando bien se puede hacer fuera del centro sin hacer perder tiempo a profesores y alumnos que no estén interesados por dicha materia agrupandolos en una asignatura (MAE) la cual no tiene mucho sentido, y al igual que el año pasado nos sacaban al patio este año leemos libros, cosa que no me parece mal porque hay que fomentar la lectura, sobre todo a nosotros jovenes, pero no pienso que sea una buena forma de intentar lograrlo haciendonos leer libros que, generalmente, no suelen provocar un interés mínimo y menos sin ser evaluable, por lo que la(s) hora(s) de MAE se convierten en horas de "estudio", "terminar deberes" o "cotillear" interminables tanto para profesores como para alumnos.

Repito que con este comentario no pretendo ofender a nadie, pero es mi opinión como alumna y ya que no he visto ninguna de alumnos me ha parecido oportuno dar la mía.

Anónimo dijo...

Gracias por el post MAE, Religión y otros sinsentidos, quería hacerte una consulta, soy profesora técnica de formación profesional , con tanto recorte este año me han asignado un PCPI (programa de cualificacion profesional incial) y pertenezco al Dpto. de orientación. Este es mi primer año ya que anteriormente he dado clases en grado medio y grado superior. Quería saber que profesores tienen que dar MAE, porque me han dicho que tengo que dar 1h en 1º y 2h en 2º de ESO, y "creo" que el perfil de mi oposición no había nada de eso, pero como se sacan cosas por todos los sitios, me gustaría saber si esto lo da un profe de secundaria o maestros. Gracias y perdona las molestias.

Luis O. Reyes Torregrosa dijo...

Hoy acabo de firmar una carta al tutor, y jefe de estudios, para dar permiso a mi hijo de 16 años a que abandone el centro educativo durante la hora de MAE, por suerte a última hora.

Triste, muy triste, que la religión pueda condenar a los alumnos que no procesan su fé, al aburrimiento, y a la perdida de tiempo.

INDIGNADO y TRISTE.

Piter dijo...

Buena idea darle las horas de MAE a Dibujo o Musica. MAE es un sufrimiento para profesores y para alumnos no tanto. A ver si de una vez empiezan a hacer las cosas bien.