martes, 4 de octubre de 2011

Tour de force

"Estas botas las estrené aquí. Por eso son Madrid. El del 17. El de los años 20. El Madrid que estaba preparado para resistir mucho antes de que llegara la amenaza. Luego Madrid siguió siendo Madrid, a pesar de todos. Incluso ahora, con otras amenazas..."
Tour de force, Fernando J. López

Hace un año me embarcaba en una aventura teatral con la que pretendía hacer mi particular homenaje a toda una generación. Un grupo de jóvenes geniales que cambiaron para siempre el rumbo de nuestra cultura y que coincidieron en una de esas instituciones a las que el futuro habría de deberle muchísimo: la Residencia de Estudiantes. Así que, como no puedo ocultar al docente vocacional que habita en mí, decidí convertir mi texto en un homenaje a dos temas que me preocupan y afectan enormemente: la educación y la amistad. La educación como arma de construcción individual, como herramienta necesaria e insustituible, como modo de preguntarse quién queremos llegar a ser, además de la forma en que queremos construir ese quién... Y la amistad como forma esencial de definirnos, de completarnos y, por supuesto, de aceptarnos, desde nuestros miedos y nuestras diferencias, empleando para ello un espejo tan complejo como el de la relación entre Buñuel y Lorca sobre la que gira esta obra.

Hoy, en este día de huelga verde -que, por supuesto, estoy secundando-, pienso que esos dos temas están más vigentes que nunca. La educación, atacada y vilipendiada por quienes afirman que no hay recortes ("Incluso ahora, con otras amenazas"), que solo pedimos trabajar dos horas menos, que nos quejamos porque somos egoístas e irresponsables. Quienes ocultan que no pedimos ni más sueldo ni menos horas, que no estamos luchando por nuestras condiciones -en mi caso, que soy funcionario y con plaza, nada va a cambiar mi situación laboral si se gana esta huelga-, sino por el futuro de nuestros alumnos, por esas aulas donde se hacinan hasta 38 alumnos en Bachillerato, donde ha desaparecido la biblioteca, los laboratorios, las prácticas de idiomas, los desdobles de lengua y matemáticas... y hasta algo tan esencial como la tutoría se ha convertido en un lujo y, peor aún, en una decisión arbitraria del centro, para mayor desprotección de padres y de alumnos.

Pero frente a ese ataque salvaje contra la educación, contra la igualdad de oportunidades, contra ese pilar esencial de toda sociedad -cómo pod
er ser uno mismo, como poder encontrarse, cómo poder romper los límites del injusto determinismo socioeconómico si no es desde la educación-, contra todo ello se alza el otro valor que también le da sentido a ese Tour de force: la amistad. La solidaridad. El compañerismo. Y, como sucede en esta obra -donde un joven Buñuel aprenderá a ver en las diferencias con Dalí y con Lorca un camino para el enriquecimiento personal-, también en esta marea verde somos muchos -y muy diferentes- los que hemos sumado fuerzas para pelear por un bien común: por la educación pública.

Por eso, hoy, estamos renunciando -por tercer día: mañana será el cuarto- a nuestro sueldo -descuenten 100€ por día de huelga- muchos docentes de ideologías muy diversas. Docentes del PP, del PSOE, de IU, de UPyD, apolíticos o simpatizantes del 15M. Y no, no somos ninguno de ellos, porque la marea verde no es ese grupo de sindicalista
s, ni "de la ceja", ni de "indignados" con los que a otros les gustaría simplicarnos. Esta es una marea gigantesca, abrumadora y heterogénea, donde -por cierto- los padres y alumnos juegan un papel esencial. Padres y madres que, esta mañana, se han subido al ring de la batalla con nosotros -tal y como lo llevan haciendo desde que se inició el conflicto-, encerrándose en los centros, viniendo a las manifestaciones y, como ha ocurrido hoy en mi IES, sentándose con nosotros en el punto de información para hablar con la gente del barrio sobre la gravedad de este ataque -que debemos parar entre todos- contra la educación pública.

"La espera cobarde de quien odia al contrario sin el valor de subirse a la lona. Porque temen los golpes. Porque solo saben pelear entre las sombras
. Fuera del escenario".

Eso afirma el púgil de mi texto. Eso es, precisamente,
lo que nosotros no estamos haciendo. Nosotros estamos luchando a plena luz, sin agresividad pero con toda la beligerancia que nos otorga saber que la verdad y la razón están de nuestro lado. Por eso no nos dan miedo las represalias -que, tristemente, ya están sucediendo: el caso de Nadia es un ejemplo de ello- ni las presiones, porque llevamos años dando la cara -nuestro trabajo consiste en eso: en exponernos ante nuestros alumnos, en abrirnos ante ellos con toda la generosidad posible- y por eso vamos a llenar también hoy las calles de Madrid en esa manifestación que, ojalá, será histórica. Una manifestación que sale de Neptuno a las 18:30 h y a la que estáis invitados todos los que creáis en la educación pública. Todos los que penséis que nuestros alumnos -y vuestros hijos- se merecen la mejor de las formaciones posibles. El mejor futuro posible.

Y, si el cansancio no os lo impide, este jueves día 6 estaré a las 19:30 h. en la Casa del Libro (Gran Vía 29) hablando de juventud, de búsqueda, de educaci
ón y del 27 en la presentación de ese Tour de force que, aunque lo escribí con una intención, ahora -en estos días- no puedo dejar de leer y de sentir con otra. Quizá porque nosotros -la marea verde- estamos viviendo nuestro propio combate, asalto tras asalto, siendo golpeados por falacias e insultos de quienes pretenden desprestigiar a los que, supuestamente, habrían de defender. No sé qué pasará al final, pero sí sé que, desde luego, ya hay una victoria rotunda. Una victoria que consiste en dos triunfos que ya no vamos a perder en mucho tiempo: la unión de padres y profesores -la cohesión, no siempre tan obvia, de la comunidad educativa- y el despertar autocrítico del gremio docente, más adormilado de que debía estarlo y, al fin, otra vez activo y con voz propia. No sé qué va a pasar en el siguiente asalto, pero -sea lo que sea- nadie de quienes somos -y sentimos- esta marea verde va a dejar caer sus guantes -ni sus ilusiones- sobre la lona.

lunes, 26 de septiembre de 2011

Sigue la huelga verde

Tres días más de huelga: 4, 5 y 20 de octubre. Ese es el acuerdo alcanzado hoy por los sindicatos para continuar con las movilizaciones y las protestas contra el progresivo desmantelamiento y privatización de la enseñanza pública. A estas alturas, no voy a molestarme en volver a desmentir a quienes intentan confundir con falacias tales como la de las famosas dos horas (para ello, les remito a este otro artículo) y me limitaré a recordar que con estas huelgas no estamos pidiendo ni menos horas de trabajo ni más salario, sino condiciones dignas para nuestros alumnos: condiciones que se traducen en cuestiones tan cotidianas -y necesarias- como un número suficiente de profesores por centro, unas ratios razonables por aula, y la recuperación de todo cuanto se les ha arrebatado (desdobles, compensatoria, refuerzos, apoyos, laboratorios, prácticas, extraescolares, orientación, biblioteca...).

La decisión de estos tres días seguro que da lugar a todo tipo de opiniones pero, más allá de qué días hubiésemos preferido cada uno de nosotros, creo que es importante mantener la cohesión, la unidad y la firmeza. El éxito de la huelga de los días 20 y 21 de septiembre -cuyo porcentaje fue, simplemente, abrumador- y el de la manifestación del día 20 -que ni siquiera la Comunidad pudo empequeñecer ni manipular ante la evidente marea verde allí congregada- ha de repetirse en estos tres días, así como en las movilizaciones ya convocadas y que paso a enumerar a continuación:

- Miércoles 28 septiembre - 18:00 h. Concentración frente la Consejería de Educación.

- Martes 4 octubre - Manifestación de Neptuno a Sol.

- Jueves 13 octubre - Cadena humana ante la Consejería de Educación.

La visibilidad, la cohesión, la unidad de la comunidad educativa ha de mantenerse tan fuerte y tan enérgica como hasta ahora, pues sabemos -por mucho que ciertos medios neoliberales jueguen a la confusión y al desprestigo- que la razón está de nuestro lado, que nos estamos jugando el futuro de la educación pública -no podemos seguir permitiendo que la Comunidad de Madrid la destroce en pro de otras ofertas que fomentan la segregación y el elitismo- y que es el mañana de nuestros alumnos -e hijos- el que está en juego. Porque a mí -como a muchos de mis compañeros- no me importa seguir dando 20 o -como este curso- hasta 21 horas -lo confieso: disfruto cada clase pese al mucho tiempo que me lleva prepararlas- pero sí me importa, por ejemplo, no poder atender de un modo mínimamente personalizado a cada uno de mis grupos de Bachillerato, compuestos por 34 o más alumnos, tan numerosos que apenas caben en el aula donde se les niega la excelencia que sí se financia para otros.

No podemos dejar que la ceguera de nuestra Comunidad -incapaz de ver el talento de nuestros alumnos... o quizá, asustada porque sí son conscientes del mismo- prive a nuestros estudiantes de una educación digna y de calidad. Una educación para la que, por supuesto, también es necesaria la autocrítica, y la autoexigencia, y cambiar muchas cosas del sistema que todos sabemos que no funcionan. Ojalá esa sea la segunda parte de esta revolución, de esta marea verde que ha arrancado a la escuela pública de su letargo. Pero para que esa renovación sea posible -y lo será si seguimos tan unidos como hasta ahora todos los sectores de la comunidad educativa- es preciso contar con los medios humanos necesarios, medios humanos que son los interinos que faltan, los funcionarios en expectativa aún sin destino adjudicado y, en definitiva, los profesionales desterrados de nuestros centros sin tener en cuenta alguna las necesidades de los mismos.


Por eso, porque estamos consiguiendo muchas cosas en este proceso, porque -al menos- hemos logrado que la educación sea un tema protagonista en un país al que este asunto -tan esencial- parecía importarle más bien poco, no podemos rendirnos ahora. Padres, alumnos y profesores tenemos una enorme responsabilidad y -todos lo sabemos- la marea verde de Madrid está siendo observada con particular atención, así que no podemos desinflarnos ahora. No, ahora menos que nunca. Hagamos que esa huelga sea otro éxito, que nuestras quejas sean visibles, que -por fin- abran una auténtica negociación. Un diálogo que no verse sobre esos suplementos salariales que nadie les ha pedido (y que, por cierto, son en sí mismos una ofensa: ¿la labor tutorial de todo un grupo de alumnos -ejercida con profesionalidad y entrega- se valora en 75€ mensuales?). Detalles así son los que obvia Aguirre cuando habla de la famosa mesa a la que no acudieron los sindicatos, detalles tan intrascendentes como que no se propuso -en ningún momento- dialogar sobre el núcleo del conflicto, sino que tan solo se optó por un zafio intento de compraventa de la dignidad de quienes no estamos dispuestos a vendernos por cifra alguna. Quienes -eso lo olvidan Figar y sus aliados- ya asumimos la bajada de sueldo conscientes de la situación que atravesamos. Del contexto en el que vivimos. Olvidan que no estamos perdiendo días de salario por un fin egoísta, que no nos mueve el ombliguismo que sí parece mover a otros -tanto como para dar datos poco veraces sobre sus sueldos, por ejemplo...-, sino que esta lucha es por un bien común, por un fin colectivo, por un ideal posible y necesario en toda sociedad democrática: la educación pública. Y por eso mismo, mientras no haya diálogo, los días de huelga seguirán siendo un éxito. No tengo duda alguna al respecto.

jueves, 22 de septiembre de 2011

Crónica de una alumna

En estos duros días de #huelgaverde, de protesta, de manifestación y, cómo no, de tristeza por los continuos insultos y ataques que estamos recibiendo quienes amamos la enseñanza pública, también estamos fortaleciendo una alianza esencial para que la educación triunfe: la establecida entre padres, profesores y alumnos, cada día más fuerte y cohesionada -paradójicamente- gracias a la brutalidad -y la ceguera- de quienes deberían saber escucharnos.

Y en este proceso, complejo y lleno de momentos realmente ingratos, resulta hermoso poder enorgullecerse de nuestros alumnos -y de nuestro trabajo-, comprobar su implicación en esta lucha y, sobre todo, ver cómo la escuela pública forma justo lo que más temen los poderes que aman el oscurantismo: ciudadanos críticos, futuros adultos capaces de pelear con autonomía por su futuro y que se niegan a ser aborregados y hacinados en aulas en condiciones indignas.

Por eso, cuando recibí ayer este e-mail de una alumna de un instituto de Getafe -a la que nunca he dado clase y que contactó conmigo a través de este mismo blog- me emocionó tanto leer lo que en él me contaba. Porque sus palabras son la crónica en primera persona de las verdaderas víctimas de estos recortes: los alumnos, víctimas del robo de esos millones de euros que se nos quitan a la pública y se regalan (no dejen de ver este esclarecedor ejemplo si tienen dudas) a la escuela privada.

Así que hoy, como homenaje a todos los alumnos de la pública, a todos los chicos y chicas que han llenado e inundado Madrid con sus pancartas creativas, con su entusiasmo por el futuro, con su fuerza crítica y con sus camisetas verdes, publico íntegro el texto de esa carta. El relato de una alumna de 1º de Bachillerato que resume, línea por línea, la realidad que hoy aqueja a nuestras aulas. Esas de las que nuestros estudiantes son -y han de ser siempre- los verdaderos protagonistas.

CARTA ABIERTA DE UNA ALUMNA DE 1º BACHILLERATO

Estos días han circulado por internet multitud de cartas abiertas de profesores tratando de explicar que no son dos horas, que no son ellos los más perjudicados. Que somos nosotros. Me indigna ver cómo todo su esfuerzo no sirve para nada en cuanto algún político deja caer frente a los medios que son unos vagos y que sus protestas se deben a esas dos horas que no dejan de mencionar. Nos manipulan como quieren, sus medias verdades aparecen en las primeras planas de sus periódicos mientras los hechos, las cifras objetivas, quedan sepultadas bajo sus artimañas electorales.

Así que me gustaría compartir mi versión como alumna de secundaria de la escuela pública. No creo en partidos políticos ni me importa a quién le bajen el sueldo o le suban dos horas, me importa mi futuro y el de mi generación.

Hace una semana que comencé 1º de Bachillerato en un instituto de Getafe. No es una mala zona, no hay mucha pobreza y sé que debo considerarme afortunada. No puedo imaginar cómo está la situación en otros institutos de zonas más pobres aquí mismo, en Getafe. No sé si creerme las cosas que me cuentan sobre más de 40 alumnos hacinados en aulas sin material, con profesores más preocupados por salir vivos del aula que por conseguir un buen nivel.

En el mío somos 30, 37 y 33 alumnos de 1º de Bachillerato en las 3 clases. Pensábamos que habría 4 clases, porque hay cuatro opciones de Bachillerato, pero las letras puras (Griego y Latín) han sido desterradas. La profesora de Latín nos decía que estaban protegidas por ley, así que no entiendo cómo ella, junto con mis compañeros que querían estudiarlas, se han tenido que marchar del instituto.

Esta semana no hemos dado prácticamente clases útiles, mi instituto está sumido en el caos. Hemos cambiado de tutor un par de veces por los desajustes en los horarios. Al no haber clase de tutoría no hemos podido elegir delegado, el que se encarga de cerrar el aula con llave durante los recreos, por lo que debemos llevar siempre encima la mochila para evitar los robos. No hay profesores de guardia para vigilar a los alumnos que están solos cuando algún profesor falta, ni siquiera a los más pequeños, recién llegados a secundaria. Los horarios son provisionales, cualquier nuevo cambio ordenado desde la Administración trastoca las clases de todos y exige rehacer toda la organización.

Tengo tres profesores, de lengua, mates e inglés, que en realidad son "medios" profesores. Trabajarán media jornada en mi instituto y la otra media en otro, aunque el descontrol es tal que todavía no han mandado ninguno desde la Administración. Mientras tanto estamos parados durante estas tres horas, o a veces nos juntan en el aula grande a los tres bachilleratos (los 100 alumnos) con un solo profesor para que no perdamos el tiempo. Ni siquiera sabemos en qué grupo de matemáticas estaremos porque los profesores no pueden ponerse de acuerdo en qué sistema usar para dividir los grupos hasta que llegue el que falta. ¿Que tenemos peor nivel que la privada? ¿Acaso creen que en la privada se pierden tantas horas de clase por temas así, que tienen el mismo material, la misma treintena de alumnos por clase?

Los 'desdobles' de las únicas dos optativas que el instituto ha podido ofertar tienen, de nuevo, 30 alumnos por desdoble, incluida Ampliación de inglés oral. ¿Qué tal creen ustedes que funciona una clase de inglés oral con 30 alumnos? Tenemos oportunidad de hablar 1 minuto y medio cada alumno.

Me indignan las mentiras descaradas de Aguirre. Sí que ha habido recortes, lo notamos todos los alumnos, la precariedad y el descontrol generado por la falta de profesores. Todos están dando más de lo que pueden y aun así no es suficiente, no dan abasto con tanto por hacer en pleno inicio de curso escolar y tan pocos recursos.

Mis profesores no trabajan 20 horas. Nos dan 20 horas de clase y luego nos vigilan en el recreo, dan clases de apoyo, se encargan de cubrir las faltas de otros profesores, preparan las clases siguientes. Responden las dudas después de la hora de salida, se quedan ayudando a los alumnos que van peor en sus horas libres. Nos llevan a excursiones, a campeonatos de matemáticas, a concursos de poesía. Llegan los lunes a primera hora con ojeras de haberse quedado de madrugada corrigiendo. Les he visto en la manifestación hoy mismo, junto a sus alumnos, luchando por nuestro futuro. A pesar de todo el caos, las horas perdidas, la falta de material, ellos siguen siempre al pie del cañón, con su pizarra vieja y sus tizas (no todos tenemos la suerte de tener las pizarras digitales de la privada).

Estoy orgullosa de mi instituto y de mis profesores, que me han enseñado a no rendirme y a luchar por mi futuro. Gracias a la escuela pública este año pude optar al Bachillerato de Excelencia en el San Mateo (quedé entre los 50 mejores del examen para el premio extraordinario de la ESO, aunque por supuesto no gané: nadie de la zona sur ganó), pero he decidido seguir en mi instituto público sin presupuesto, que es el que ha hecho que quedase entre esos 50 mejores.

Así que no me voy a callar mientras nos arrebatan la educación pública y nos condenan a una sociedad de clases sin posibilidad de ascender. Si los ricos son los únicos con acceso a educación, los pobres siempre seguirán siendo pobres, eso aprendemos en clase de historia. Tal vez unos cuantos políticos deberían dejarse de propaganda y trapicheos y volver a la escuela a estudiar el Antiguo Régimen, las revoluciones y el movimiento obrero, antes de repetir los mismos errores del pasado.

M. L. G.

Una alumna del IES José Hierro

lunes, 19 de septiembre de 2011

Huelga verde

La marea verde, por si alguien todavía no se ha dado cuenta, no tiene etiquetas. Somos padres, profesores y alumnos que pedimos una educación pública y de calidad. Padres, profesores y alumnos que mañana estaremos -de nuevo- llenando las calles de Madrid, en la manifestación convocada de Neptuno a Sevilla a las 18:30 h. Padres, profesores y alumnos que nos negamos a que recorten el futuro de nuestros alumnos. De toda una generación excelente a la que condenan, sin embargo, al hacinamiento y la mediocridad (su concepto de excelencia tiene que ver con la segregación, no con la convivencia ni el crecimiento personal).

Por eso, mañana, haré huelga. Y por eso, porque esta ha de ser una huelga activa y compartida, estaré -en la calle- con la comisión de información de mi instituto, tratando de hablar con la gente del barrio, con quien quiera acercarse y preguntar por lo que está pasando, por los motivos que nos han llevado a convocar esta huelga que, ojalá -por el bien de todos-, termine pronto. Una huelga que solo pretende que nos escuchen, por una vez, a quienes somos y formamos la comunidad educativa. Una huelga que exige que no sigan arruinando -desmantelando- la educación pública.

Y si alguien todavía tiene más preguntas al respecto, aquí dejo la última entrevista que me han hecho (esta vez, en la revista Magisterio) a propósito de esta #mareaverde que está inundando, al fin, las calles de Madrid. Hagamos, con fuerza y entre todos, que esta (necesaria) marea siga subiendo...

sábado, 17 de septiembre de 2011

Ítaca

Empecé a escribir porque una maestra -de la escuela pública, por supuesto- me regaló un cuaderno -pequeño, de cuadrícula y con tapas amarillas- para que lo llenara con los versos que anotaba en los márgenes de mis libros cuando me aburría en clase y en los que solo ella -con esa mirada atenta de los profesores de verdad- había reparado.

Seguí escribiendo, un poco más tarde, porque en mi instituto -público, claro- otra profesora me dijo que cierto relato que había terminado sin demasiada fe en mí mismo (Treinta y cuatro, se llamaba) merecía la pena y debía presentarlo a algún certamen. Seguí su consejo y, con el mismo cuento, gané dos concursos un mismo 23 de abril. No recuerdo ni siquiera en qué consistía el premio, pero sí la felicidad que sentí al firmar cada una de las fotocopias de ese relato que me pidieron mis compañeros de clase de aquel entonces. Ni en la Feria del Libro de este año, a la que acudí con La edad de la ira, sentí tanta emoción.

Después, empecé a hacer teatro porque esa misma profesora -siempre en la pública- empezó a llevarnos a sus chicos de 2º BUP (algo así como el actual 4º ESO) a salas alternativas madrileñas. Y así, de repente, conocí Triángulo y la Cuarta Pared, así como los textos de Ernesto Caballero o de Juan Mayorga. Supongo que por eso formamos un grupo de teatro escolar. Un grupo que siguió evolucionando y se mantuvo en los años de universidad. Un grupo para el que yo empecé a escribir nuestros propios textos y que, años más tarde, sería mi propia compañía. Un grupo al que llamamos Armando no me llama y que, por aquel entonces, no tenía ni idea de cuántos estrenos y cuántas salas estaban por venir. De todos los que nos quedan todavía...

Recuerdo perfectamente los años de instituto. Un centro de nueva creación donde, durante el primer trimestre del primer año, ni siquiera teníamos un espacio físico real. El VIII, lo llamaban, y nos daban clase en un centro "prestado" al que acudíamos por las tardes. Todo un trimestre saliendo a las nueve y a las diez de la noche de allí hasta que inauguraron -al fin- el centro real, un instituto que -en claro homenaje a Homero y a Kavafis- pasó a llamarse Ítaca.

Como es obvio -yo mismo lo escribí en El sexo que sucede, una de las obras que más veces he representado con mi grupo...- "los nombres sí que importan". Por eso, tan a menudo, vuelvo mi mente allí, porque en esa Ítaca -en ese grupo de profesores entregados y llenos de ganas de aportarnos cosas a sus alumnos- se encuentra gran parte -seguramente, lo mejor- de lo que hoy soy.

Ahora, cada vez que voy a una presentación de un nuevo libro, o a una entrevista, o a cualquier evento similar, me siento de nuevo un quinceañero, porque noto junto a mí la fe de quienes entonces me alentaron a escribir, a crear, a pelear por dar a conocer una voz que nunca estuve seguro de que nadie quisiera realmente escuchar. Y, por supuesto, cuando siento miedo ante un nuevo estreno, o cuando me impone respeto (¡mucho!) el público que espera a que les presente el último texto publicado, pienso -con un segundo me basta- en las cubiertas amarillas de aquel cuaderno que llené de poesías con infames rimas consonantes y siento que estoy a salvo, refugiado por el cariño y los ánimos de quienes vieron mi verdadero yo antes de que yo mismo supiera que existía.

Por eso, supongo, no concibo la educación si no es personalizada, atenta, individualizada. Por eso ayer salí triste al comprobar que doy clase de Literatura a dos bachilleratos de 34 alumnos cada uno. Porque quiero oírles, leerles, conocerles. Porque no soporto ver cómo colocan -haciendo slalom- la última fila de mesas de maneras inverosímiles para poder ver la pizarra. Porque me pregunto cómo voy a poder aplicar con ellos mi método de trabajo -basado en el debate, en las exposiciones orales, en la presentación de ensayos y trabajos de creación personales...-, porque creo que ellos también se merecen que les conozca, que les anime, que sepa si necesitan algún cuaderno (del color que sea) con el que sentirse más seguros para afrontar la nueva etapa que se les avecina.

Y no son las horas de más -en mi caso, este año doy 21 horas lectivas y no recuerdo haberme quejado por eso-, sino la ausencia de los compañeros -interinos en la calle, funcionarios que este año aún siguen en sus casas- que harían posible que esos dos bachilleratos no tuvieran 34, sino 20. Compañeros que permitirían que existiera la excelencia de la que hablan no en un solo instituto -qué despilfarro, cuánta segregación inútil- sino en todos. Porque yo tengo 68 alumnos excelentes -me han bastado un par de sesiones para adivinarlo- hacinados en aulas donde apenas caben físicamente y en las que resulta poco menos que imposible hacerles ver -y sentir- esa excelencia.

Así que, en mi caso, he tomado ya tres decisiones. La primera es que, por supuesto, iré a la huelga de la semana que viene. Porque no podemos permitir que este deterioro educativo siga su curso. Porque nuestros alumnos merecen condiciones dignas. Porque no podemos admitir la involución (lo siento, pero el argumento de que en otros tiempos éramos 40 en clase es tan aberrante como exigir que cambiemos los ordenadores por los pizarrines). Porque amo mi trabajo y quiero desempeñarlo con autoexigencia, sí, pero también con dignidad.

La segunda es que, a pesar de la huelga, me esforzaré por conocer a esos 68 alumnos -sin contar a los que tengo en la ESO, con los que haré el mismo esfuerzo, por supuesto- y por transmitirles mi asignatura con toda la pasión que sea posible, por mucho que la Consejería de Educación intente impedirlo con sus salvajes recortes.

Y la tercera es que, para evitar que -como ayer- me inunde la tristeza o el desánimo, meteré desde hoy ese viejo cuaderno amarillo en mi mochila. Y así, cada vez que las fuerzas amenacen con fallarme, volveré la mirada hacia mi particular Ítaca, hacia los años en los que -en ese instituto de Alcorcón, que en breve celebrará sus primeros 25 años- empecé a ser quien hoy soy. Y pensaré que, como decía Kavafis, esa Ítaca no es una, sino un plural inmenso. Un plural de Ítacas en el que cabemos todos los que creemos en la pública. Todos los que defendemos la educación. Todos los que, en definitiva, solo queremos que nuestros alumnos tengan una isla propia a la que acudir.

domingo, 11 de septiembre de 2011

Motivos para el 14S

Si te importa -de verdad- la educación.

Si crees que todo el mundo merece recibir la mejor formación posible.

Si opinas que es necesario atender a la diversidad y a la singularidad de los alumnos.

Si piensas que las clases de Secundaria no deben albergar a más de 30 estudiantes.

Si te parece que dejar la tutoría a libre albedrío de los centros es una aberración educativa que perjudica a los alumnos y a sus familias.

Si te preocupa que 3000 madrileños más engrosen las listas del paro.

Si te inquieta que se supriman refuerzos, desdobles, orientadores, compensatoria y todos los apoyos que los alumnos con más dificultades necesitan para sacar lo mejor de sí mismos.

Si te enfada que desaparezcan los laboratorios, las prácticas, las actividades extraescolares o el horario de biblioteca por falta de personal para atenderla.

Si no entiendes que se apoye la educación privada desgravando 90 millones de euros a quienes llevan allí a sus hijos y, a cambio, se recorten 80 millones de euros en la pública.

Si te enfada que se destinen más de 100 millones de euros a campañas de autopromoción de la Comunidad de Madrid en lugar de apostar por la calidad educativa.

Si no comprendes por qué Madrid es una de las Comunidades que menos dinero invierte por alumno.

Si piensas que todos tenemos derecho a recibir la mejor de las educaciones.

Si tu idea de excelencia no consiste en segregar, escindir y favorecer solo a unos pocos.

Si no crees en una sociedad que perpetúa en el fracaso escolar a quien no puede pagarse una formación mejor.

Si defiendes la educación pública como uno de los pilares esenciales de cualquier sociedad democrática.

Si sabes que la educación no es gasto, sino inversión.

Si no estás de acuerdo con que recorten el porvenir de tus hijos. De tus alumnos. O el tuyo propio.

Si piensas que el futuro de un país sin una educación pública fuerte es desolador, oscuro y negro.

Entonces -solo entonces-, súmate a nosotros, ven a la manifestación del 14S y tíñelo de verde.

viernes, 9 de septiembre de 2011

Primeras consecuencias

Ayer, tras enterarme gracias a las irresponsables -y gravísimas- declaraciones de la inefable Lucía Figar (nuestra Consejera de Educación) de que los manifestantes por la educación pública éramos todos "liberados sindicales y agresores de peregrinos" (¿...?), también conocí -de primera mano- algunas de las primeras consecuencias de los recortes en mi instituto.

De momento, somos -definitivamente- diez profesores menos que hace dos cursos y ocho menos que el año anterior. Esto ha supuesto que los docentes tuviéramos que elegir entre mantener las tutorías o suprimirlas e intentar conseguir algún desdoble. Hasta la fecha, ambas situaciones eran posible, de modo que, además de atender a los chicos en una hora de tutoría semanal, podíamos dividir en dos subgrupos las clases que lo necesitaban para impartir asignaturas como Lengua, Matemáticas o Inglés. Este curso, sin embargo, tras votar -por abrumadora mayoría- a favor de mantener las -imprescindibles tutorías: pueden leer en este artículo que publiqué en El País por qué son algo irrenunciable en la ESO- hemos de asumir la supresión de la mayoría de los desdobles con los que hemos podido ayudar a los chicos en los cursos anteriores. En mi departamento (Lengua), por ejemplo, solo un grupo podrá ser desdoblado. Todos los demás -ni en 1º, ni en 3º, ni en 4º de la ESO- permiten esa posibilidad y, por supuesto, aumentará notablemente la ratio por aula.

Tampoco habrá profesor o profesora de Compensatoria, de manera que los alumnos con más problemas no dispondrán de esa ayuda extra tan necesaria. Para colmo, la presencia de un único orientador -en este caso, orientadora- en los centros de Secundaria hace que su labor sea poco menos que titánica (¿un solo profesional para atender a TODOS los alumnos?) y me recuerda claramente a la situación que traté de denunciar con el personaje de Mayte en La edad de la ira. Lamentablemente, esa situación supuestamente de ficción se ha convertido este curso en cruel y tristísima realidad.

Asimismo, y aunque el nuestro sea un centro bilingüe, la directora nos anunció que no podrán mantener los desdobles en inglés, ni siquiera a costa de que ella misma -que pertenece a ese departamento- imparta un número de horas lectivas muy superior a la exigida a alguien que ocupe su cargo. También desaparece la semana de exámenes de Bachillerato o, al menos, habrá que replantearse cómo va a llevarse a cabo en adelante. En esa semana, los chicos tenían todos los exámenes finales en cuatro días en los que no recibían clases, para que pudieran concentrarse en sus pruebas. Ahora, sin embargo, no tenemos profesores suficientes para cubrir ese sistema -que supone modificar el horario de diversos docentes durante una semana por evaluación- así que lo más probable es que esa fórmula desaparezca, de modo que los perjudicados -una vez más- sean nuestros alumnos.

Y es que, diga lo que diga la Consejería, las víctimas del conflicto no son solo los 748 funcionarios que a día de hoy siguen sin destino, ni los 3000 interinos -grandísimos compañeros ninguneados por la Comunidad de Madrid- que están injustamente en la calle, ni los docentes que sí tenemos centro y vemos cómo nuestras condiciones laborales se deterioran a pasos agigantados. No, las grandes víctimas de todo esto son -y eso nos entristece y apena profundamente a quienes nos importa la educación- nuestros alumnos, a quienes se les intenta negar una educación digna y, con ello, un futuro mejor.

Por supuesto, tampoco está nada claro cómo se podrán hacer los horarios, ni cómo se cubrirán las guardias, ni quién atenderá la biblioteca, ni... En mi caso, impartiré 21 horas lectivas, así que tendré que hacer malabares (¿cómo?) para mantener a flote la revista del centro y el grupo de teatro, dos actividades que hacía por las tardes de forma no remunerada y que no querría suspender por la implicación que muchos alumnos tienen en ellas. Sin embargo, la realidad me hace dudar sobre su continuidad, pues habré de asumir no solo esa ingente carga lectiva, sino también todas las tareas que los compañeros que faltan ya no harán y que deberemos repartir entre quienes estemos allí.

Esto, en cualquier caso, no es más que el principio. Las consecuencias de este ataque contra la educación pública se irán viendo -y agudizando- en cuanto empiece el curso. De ahí que el lunes por la mañana, alumnos y profesores de mi centro vayamos a trabajar en la elaboración de pancartas y carteles en defensa de la escuela pública. Que los padres y profesores nos reunamos ese mismo lunes por la tarde en asamblea para analizar los recortes. Y que yo siga con mi "tour mediático" intentando explicar -ya he perdido la cuenta...- por qué los #profesoresinEsperanza nos hemos sumado con padres y alumnos en esta #mareaverde por la educación pública. Por si alguien aún tiene dudas de ese porqué, dejo aquí el podcast de mi entrevista en RNE, con Toni Garrido y Elvira Lindo, así como el enlace de la que compartí con Ángel Gabilondo en el especial sobre educación de Hora 25 (a partir del minuto 33).

Si son padres, si son alumnos, si son profesores o si, simplemente, son ciudadanos a quienes les parece que la educación pública es un pilar esencial en cualquier sociedad democrática, ayúdennos a seguir difundiendo estos datos. Reales, concretos, singulares... Y, lamentablemente, atroces.








Entrevista en RNE (Asuntos Propios) con Toni Garrido y Elvira Lindo (Desde el minuto 25)