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miércoles, 7 de septiembre de 2011

Alcalá 32

Ha sido, sobre todo, emocionante: la concentración más masiva del profesorado y la comunidad educativa desde hace años. Y eso que, como no podía ser menos, también se palpaba la tristeza en el ánimo de muchos, pero -a cambio de ese comprensible desgarro- hemos comprobado que el ataque contra la educación pública nos ha unido a profesores, padres y alumnos como pocas veces se había logrado. Un revulsivo que, a buen seguro, vendrá bien para limar asperezas, hacer autocrítica, tender puentes y tratar de sacar a flote un sistema educativo que otros quieren perpetuar en el fracaso. Y peor aún, desmantelarlo hasta que la educación sea privilegio -elitista y privatizado- de unos pocos.


Familias completas, docentes de toda suerte de generaciones, alumnos -qué extraordinario resulta verles protagonizar, con su vehemencia y su espíritu crítico, estas protestas- y, por supuesto, también otros ciudadanos que -simplemente- querían sumarse a la reivindicación a favor de uno de los pilares básicos de toda sociedad democrática. Hay quien insiste -con ignorancia y/o afán de sabotaje- en que esto es una movilización política, quien se empeña en ver siglas donde solo había un verde intenso y heterogéno, un verde bajo el que nos hemos reunido gentes de todo tipo de tendencias y orientaciones políticas, un verde bajo el que se han borrado siglas y donde quienes más estamos dando la cara en todo tipo de medios no pertenecemos a partido ni sindicato alguno. Por eso, porque nuestro movimiento es una lucha sin siglas, una guerra por algo que nos pertenece a todos, hay quien se empeña en desvirtuar su sentido. Sin ningún éxito, por supuesto.


Esta tarde no había ni rastro de esa negatividad en la concentración, en esa #mareaverde de #Alcalá32 (las dos etiquetas con las que hemos llenado de imágenes y consignas las pantallas de Twitter). Por eso, aunque todo cuanto estamos viviendo sea doloroso y cruel, no podemos caer en el desánimo, no podemos permitir que la tristeza y la desilusión que intentan imponernos puedan con nuestras ganas de plantar cara, de decir que no al desmantelamiento progresivo de la educación pública. Por ello, habrá que ir anotando ya la siguiente fecha y el próximo evento confirmado: la manifestación del 14 de septiembre.


Y espero -de veras que lo espero- que esta revolución también sirva para sacarnos a los profesores del letargo en el que hemos vivido los últimos años, un letargo que requiere una reacción profunda a medio y largo plazo, buscando soluciones entre todos para frenar las elevadas tasas de fracaso y abandono escolar. Porque es obvio que el sistema, tal y como está planteado, no funciona. Y sin embargo, también es obvio que hace años -no muchos, por cierto- sí lo hizo. Habrá que reflexionar, sacar conclusiones y, por supuesto, mantener la conexión padres-alumnos-profesores que se está fortaleciendo en estos días. Pero, para poder hacer todo eso, necesitamos una Administración que nos apoye, que nos defienda (sin carteles: preferimos los hechos), una Administración que invierta en la enseñanza y que sepa escuchar -por una vez- a quienes vivimos su realidad a pie de aula.


De momento, y sin caer en triunfalismos -éramos muchos, sí, pero debemos ser aún MUCHOS más-, tenemos que estar satisfechos del éxito de la concentración. De la implicación de todos en ella. De la sensación de energía y fuerza que se transmitía esta tarde en la calle Alcalá. Una energía y una fuerza que debemos mantener por nuestros compañeros interinos, por nuestros alumnos de Secundaria y Bachillerato, por nuestros colegas funcionarios sin destino, por todos los que asumiremos una carga laboral imposible de cubrir sin los compañeros ausentes y, en definitiva, por el bien de la pública.

Gracias, a quienes habéis estado ahí, por hacer posible este comienzo. Y ahora, sigamos.

domingo, 4 de septiembre de 2011

Marea verde


La de hoy está siendo, sin duda, una jornada intensa. Un domingo en el que muchos nos hemos lanzado a la calle para teñirla de verde, ese verde que se ha convertido -desde hace ya meses- en el símbolo de una lucha de todos: la defensa por una educación pública digna y de calidad. Una educación pública que ciertos políticos intentan socavar en un acto de -si somos ingenuos- puro cortoplacismo o de -si somos realistas- afán por privatizar lo que es público y convertir en accesible solo para unos pocos lo que ha de ser de todos.

Así que, esta mañana, a las 11 h. nos hemos reunido muchos profesores en Vitruvio, 11, apoyar con nuestra presencia a los compañeros que permanecen encerrados allí desde este viernes (¡ánimo y gracias a toda la gente de @encierroJPD!). Y lo mejor es que no solo éramos docentes, sino también padres, madres, familias completas y más de un presidente y de una presidenta de diversas AMPAS.

Acudieron los medios, algunos con intenciones de tergiversar lo que se decía, otros por puro afán informativo. Y, de repente, el color verde ha vuelto a colarse en los telediarios de las tres -La 1, Cuatro, la Sexta...- y se han oído las voces que -más allá de cualquier otro color político que no sea este verde de la escuela pública- clamamos contra el destrozo de la educación. Contra la agonía que -si nos cruzamos de brazos- seguirá viviendo -y sufriendo- todo lo público.

Entre otros pequeños -o grandes- logros, los tuiteros hemos conseguido que el lema #encierroVitruvio se convirtiera en "trend topic" (perdonen el anglicismo, que luego mis detractores -que van siendo cada vez más, me temo- ya se encargarán de criticar). Y esto, aunque parezca una simple anécdota, no lo es en absoluto. La visibilidad -ya sea en la red, ya en la calle- no es jamás algo nimio, sino un arma eficaz y necesaria. Y en eso tendrán que disculpar que aluda a otro de mis luchas cotidianas, pero llevo muchos años trabajando en temas de igualdad del colectivo LGTB como para no insistir en la importancia de la visibilidad a la hora de concienciar, movilizar y conseguir unos objetivos claros y no siempre sencillos.

Por eso, supongo, me ha desanimado un poco que faltaran en la concentración muchos de mis compañeros. Ya fueran funcionarios con plaza, ya algunos de los más de 1000 funcionarios en expectativa y -a fecha de hoy- aún sin destino, ya cientos de los 3000 interinos que no podrán trabajar con nosotros este año. Éramos muchos, sí, pero no tantos como debemos ser. No tantos como es preciso que seamos si queremos que se nos escuche.

Hay quien insiste en que es preciso hacer huelgas salvajes, o tomar medidas radicales, o emprender acciones más dañinas. Yo, honestamente, creo que no hay daño mayor para nuestra -cerrada- Consejería que seguir siendo visibles para que la sociedad sepa, en realidad, en qué consiste el modelo educativo -privatizador y elitista- que defienden. No hay mayor daño -y más aún, en unos meses de tensión preelectoral- que seguir sumando fuerzas para demostrar que esta no es una lucha solo de los profesores sino, como ha quedado patente hoy en Vitruvio, de toda la comunidad educativa.

Pero para que todo eso surta efecto, para que los medios sigan haciéndose eco de nuestras demandas, para que nuestra voz se siga escuchando con fuerza en defensa de la dignidad de nuestras aulas y del futuro de nuestros alumnos, hemos de ser muchos no solo en la red -ya sea en Twitter, ya en Facebook, ya en un blog...- sino, sobre todo, en las calles. Llenándolas de verde. De consignas que, como las de hoy, recuerden que no se puede seguir recortando en la escuela pública mientras se apuesta, de forma obscena de puro obvio, por la privada y por la concertada religiosa.

Durante un momento sentí, lo confieso, una cierta inquietud ante las ausencias. Pero, por otro lado, un compañero -¡cuánta gente estupenda estoy conociendo en esta larga lucha!- me ha convencido de que todo esto es un largo proceso, de que la impaciencia no conduce a nada, de que estamos siendo muchos más de los que hemos sido en todos estos últimos años. Y gracias a esas palabras he pensado que sí, que lo de hoy es un importante paso más, otra batalla en una guerra muy complicada donde, sin embargo, cada vez sumamos más apoyos y alianzas.

Por eso hoy escribo este post, para dar las gracias a quienes habéis estado -a las 11, a las 18, a cualquier hora- allí. Y, sobre todo, para pedir que nadie falte a la concentración del miércoles 7 a las 18 h. frente a la Consejería de Educación (c/ Alcalá 32). Porque esa tarde la asistencia ha de ser masiva. Descomunal. Abrumadora. Esa tarde ha de ser de todos los que creemos en la educación pública. Da igual quiénes seamos. Profesores, padres, alumnos... En definitiva, ciudadanos.



martes, 19 de julio de 2011

#profesoresinEsperanza

Hace unos días surgió en Twitter el hashtag #ProfesoresinEsperanza. Bajo este lema nos queremos unir todos aquellos -no solo profesores, también padres y alumnos- a quienes afectan y preocupan los graves recortes de la Comunidad de Madrid para el próximo curso. De momento, solo El País se ha hecho eco de ello en esta noticia, pero sigue siendo preciso llevar a cabo una doble tarea informativa:

- por un lado, es necesario que todos los medios -independientemente de su línea editorial o tendencia política- sean conscientes de la gravedad de lo que está ocurriendo tanto en Madrid (donde algunas medidas, como la supresión de las tutorías, son directamente ilegales y propician la futura privatización de la escuela pública) como en otras Comunidades Autónomas (hecho que vuelve a demostrar la necesidad de un pacto educativo consensuado y urgente),

- por otro, es imprescindible que seamos capaces de explicar que estos recortes no van en detrimento (solo) de las condiciones del profesorado sino (sobre todo) de la calidad de la educación pública: debemos luchar aliados docentes, padres y alumnos (de momento, tanto la CEAPA como el Sindicato de Estudiantes ya se han sumado a nuestras voces), buscar puntos en común (tenemos muchos: viajamos en el mismo barco) y pelear por una causa única y común, que no ha de ser otra que una educación pública de calidad por y para todos.

Por este motivo, mañana a las 12 h. se celebrará una asamblea de profesores en el IES Beatriz Galindo de Madrid, con el objetivo de aportar ideas con las que defender la igualdad de oportunidades que solo puede garantizar una educación pública sólida y fuerte. Una educación pública sin la que (y ahí me apena enormemente el cortoplacismo de nuestros políticos) será imposible salir de la crisis. Una educación pública que debemos asegurar por el bien de nuestros alumnos, o de nuestros hijos, o de -en definitiva- las generaciones más jóvenes, que no merecen un sistema deteriorado lleno de aulas abarrotadas y sin atención alguna a la diversidad.

Es urgente, por tanto, desmontar la propaganda de la CAM, que sigue insistiendo en "lo vagos que somos los profesores", incapaces de asumir el "insignificante aumento de dos horas lectivas" que nos proponen. Porque ni siquiera ese aumento de dos horas es el auténtico problema (aun teniendo en cuenta que estas se multiplican en muchas horas de trabajo -casero- más). No, el problema es que nos aumentan las horas de clase pero nos reducen el número de profesores por instituto, de modo que cada aula contendrá más alumnos y cada profesor, se encargará de más clases. Si realmente persiguieran mejorar la educación, esas dos horas de más no llevarían aparejado el recorte de 3000 puestos de trabajo: al revés, se mantendrían para que pudiésemos dividir los grupos, hacer desdobles y agrupaciones flexibles según el nivel, atender de manera personalizada a los alumnos y, en definitiva, lograr una excelencia para la que no se requieren guetos de élite, sino medios humanos y materiales en nuestros centros. Todos están llenos de chicos y chicas con un potencial enorme -en mis años en la docencia tengo, como muchos de mis compañeros, abundantes ejemplos de alumnos que me han dejado huella-, estudiantes que no se merecen estar en aulas con casi cuarenta compañeros, perdidos en la última fila, luchando por poder ver la pizarra o perdiéndose en el maremágnum que el nuevo curso nos promete. Lástima que Aguirre prefiera irse a Munich a conocer el modelo alemán cuando aquí hay tantos profesores que estaríamos encantados de sentarnos a explicar y mejorar el modelo español.

Por todo ello, porque creo en la educación pública, porque me parece que la situación es realmente compleja y urgente, porque este ataque nos perjudica a todos (¿se puede constituir algún modelo social mínimamente válido y con futuro desde la no educación?), me gustaría que -entre todos- convirtiésemos ese hashtag de #profesoresinEsperanza en TT. No debe de ser fácil imponerse a la presencia de ciertos individuos circenses de la telebasura, y menos aún con un tema tan impopular como la educación, tan relegada a un eterno ostracismo en la mayoría de los medios (salvo para dar datos alarmantes de PISA o narrar sucesos morbosos, claro). Lo curioso es que, quizás si la educación fuese realmente fuerte y sólida, esos personajillos circenses dejarían -de una vez por todas- de inundar las pantallas de nuestros televisores y ordenadores, porque tal vez -llámenme ingenuo, pero creo en el poder de la educación para cambiar el mundo- tendríamos una sociedad abierta a eso que nos hace libre y que, por eso mismo, tanto se persigue y dificulta: la cultura.

sábado, 18 de septiembre de 2010

Así no


Este martes 21 de septiembre se celebrará en Madrid a las 18:30 h una concentración frente a la Consejería de Educación. El motivo de esta convocatoria son, según el cartel que incluyo justo arriba, los recortes sufridos por la enseñanza pública en este curso. Sin embargo, una vez más, los sindicatos convocantes mezclan la calidad de la enseñanza -¿por qué no se menciona eso en su cartel?- con reivindicaciones exclusivamente salariales.

Personalmente, tenía claro que asistiría a esa concentración. Sin embargo, tal y como se ha planteado, vuelvo a dudarlo. Mi problema no es, como allí se dice, trabajar unas horas más. Mi problema no es la reducción del incentivo de la jubilación anticipada. Mi auténtico problema es que trabajo cada vez con más alumnos y con menos medios. Mi problema es que hay menos profesores de los necesarios y, por tanto, menos grupos de los posibles. Mi problema es que este curso no se atiende a la diversidad en ningún centro porque no tenemos medios para ello. Mi problema es que en la Comunidad de Madrid se ceden terrenos a entidades religiosas para promover la concertada en detrimento de la pública. Mi problema es que no hay una sola medida a favor de la dignficación del trabajo docente y, por ende, de la enseñanza.

Por eso, supongo, no me identifico nada con este cartel, donde solo hay quejas sobre dinero, vacaciones, licencias por estudio... Y no es que todo eso no sea reivindicable, pero vuelve a demostrar una visión ombliguista del problema, un yoísmo que hace imposible que mejoremos nada. ¿Cuándo nos vamos a dar cuenta de que todos -padres, alumnos y profesores- estamos en el mismo barco?¿Cuándo vamos a pelear por unas condiciones dignas para todos?
Es triste que ese cartel no mencione cómo esos recortes han afectado también a otras cuestiones, como la adquisición de libros de texto o a las becas de estudios. ¿No nos afecta eso? ¿No nos indigna que la educación sea el sector donde caen todos los recortes o, al menos, uno de ellos? El lema, desde luego, lo deja bien claro: "por la retirada de los recortes para los docentes". Horror. ¿Solo son para nosotros? ¿Es que acaso dar clase en un grupo de 38 alumnos no es un recorte para todos y, en especial, para los alumnos?

Lo siento, pero cuanto más trabajo en esto, más distante me siento del colectivo docente (con honrosas excepciones a las que sí admiro). Estoy cansado de sus quejas y de que estas se resuman, básicamente, en dar menos horas de clase. ¿Eso es todo a lo que aspiramos?¿Esa es toda nuestra implicación en materia educativa? Pues, aunque esto sea impopular y políticamente incorrecto, nuestro sueldo es, cuando menos, digno (especialmente si hacemos un cómputo del salario y de las horas trabajadas), nuestras vacaciones son inmejorables y tenemos mucho tiempo tanto para preprar nuestras clases como para compaginarlas con otras tareas: estudios, investigación, creación... No todo el mundo tiene la suerte de disponer de tanto tiempo para su vida personal y eso, en sí, es también otro lujo que a veces olvidamos. Y si, aun así, no les compensa, por favor, que busquen otras vías. Ya está bien de tanto victimismo: ¿por qué no empezar de nuevo en otra cosa? Yo lo he hecho unas cuantas veces y tengo claro que seguiré haciéndolo mientras sea necesario. No soporto esa actitud tan española de la queja eterna desde la inacción y la pasividad (qué poco hemos cambiado desde ese estatismo que ya denunciaban los intelectuales del 98).

Por supuesto que todo es mejorable, pero me parece mucho más necesaria una labor de dignificación social de la figura del profesor -tan devaluada en nuestros días- que una lucha para que no se reduzca el incentivo de la jubilación anticipada. Me encantaría que, alguna vez, estas concentraciones atendiesen al conjunto de la sociedad y sirviesen para poner de relieve los gravísimos problemas de un sistema educativo que no funciona, que hace aguas, y contra el que poco se puede hacer si no se toman medidas urgentes y globales. Pero no, volvemos a la cantinela de siempre. Al sueldo y al horario.

Lástima. Esta podría ser una gran ocasión para unirnos todos -profesores, padres y alumnos- en la lucha por una verdadera educación pública de calidad. Una gran oportunidad para acercarnos a la sociedad y que entiendan cuáles son nuestras verdaderas necesidades. Pero nada, no lo será... Yo aún no sé si iré a esa concentración -necesito mostrar mi descontento de algún modo- pero si lo hago, tengo claro que servirá para conseguir ninguno de los fines que persigo. Fines que, en esa hoja, ni siquiera aparecen.