Es admirable lo bien que funcionara la maquinaria propagandística de quienes ostentan el poder. Una maquinaria que ha convencido, en apenas unas horas, a gran parte de la opinión pública de dos hechos que son completamente falsos:
1. Se afirma que el horario actual de un profesor de Secundaria son 18 horas semanales, cuando es -en realidad- de 37,50 h. Contamos aquí -por supuesto- solo las horas legales, pero no las horas extra no remuneradas que muchos de nosotros dedicamos voluntariamente a otras tareas educativas, tales como actividades extraescolares, salidas, viajes, grupos de teatro, jornadas culturales, revistas escolares..., iniciativas que la Consejería no reconoce en modo alguno.
2. Se insiste en que nuestra protesta y la futura (posible) huelga se debe al aumento de 2 horas lectivas y se omite su verdadero móvil: el desmantelamiento de la educación pública.
Sobre esta segunda falacia, y dejando a un lado que una hora lectiva se multiplica por otras tantas horas de trabajo fuera del aula, solo haré algunas puntualizaciones (a las que seguro que mis compañeros pueden aportar muchas más...):
1. No nos quejamos por 2 horas más, pues muchos de nosotros ya dábamos 19, 20 o incluso 21 horas lectivas en cursos anteriores. Somos conscientes de la crisis (es triste tener que volver a recordar que asumimos un notable recorte salarial hace solo unos meses) y por ello mismo, muchos -por no decir todos- estamos dispuestos a asumir ese aumento de horas siempre que se respeten las plantillas y los cupos de profesores actuales. Así, por ejemplo, si en mi centro todos aumentamos 2 horas lectivas pero no se recortan los 10 profesores que han sido suprimidos, podremos hacer desdobles, grupos flexibles, clases con menos alumnos y atender, en definitiva, a nuestros chicos con la dignidad y la dedicación que merecen.
2. El motor de la protesta no es, por tanto, el aumento de horas, sino el recorte de profesores. Recorte que supone dejar en la calle a más de 3000 docentes y hacinar a los alumnos en aulas que superarán, con creces, los 30 alumnos por grupo.
3. Nuestro objetivo no son esas dos horas, nuestro objetivo es defender la enseñanza pública, que se está viendo atacada de modo salvaje y tenaz, con medidas como las siguientes (solo son un tímido extracto de lo que está ocurriendo):
- recorte de casi 100 millones de euros en la pública (la Consejería admite, al menos, 80 mill €);
- "regalo" fiscal de 90 millones de euros a la privada (a través de desgravaciones a quienes puedan pagarse allí la matrícula de sus hijos);
- supresión de las tutorías que dejan de ser hora computable para profesores y alumnos y quedan al libre albedrío del centro, con el consiguiente perjuicio de las familias más desfavorecidas;
- supresión de plazas para nuevos alumnos en FP, EOI, Artes musicales y escénicas..., convirtiendo la enseñanza profesional, de idiomas y artística en un reducto que acabará siendo exclusivo de aquellos que puedan pagarse esa formación;
- supresión de refuerzos, desdobles, orientadores y profesores de Compensatoria (en mi instituto no habrá ni uno solo este año, por ejemplo), lo que más allá de exigir que cada profesor atienda a más 30 alumnos por clase, perjudicará tanto a quienes destaquen por sus altas capacidades como a quienes tengan problemas por lo contrario: todos deberán estar en el mismo grupo al no haber profesores suficientes en el centro para dividirlos por niveles; etc.
Por supuesto, se puede estar o no de acuerdo con estos motivos. Se puede estar o no de acuerdo con nuestra huelga. Se puede estar o no de acuerdo con nuestra lucha por la educación pública. Pero, más allá de la necesaria -y sana- diversidad de opiniones en que se basa toda democracia, no se puede mentir y afirmar que nuestra protesta se hace por un motivo que no es -ni mucho menos- el que nos ha hecho unirnos a padres, alumnos y profesores -de todo tipo de ideologías- por un fin común. Un fin que, desde luego, no son esas 2 horas (¿alguien cree, de veras, que toda la comunidad educativa se levantaría en armas solo por algo así?), sino el desmantelamiento progresivo -y alarmante- de un pilar de toda sociedad: la educación pública.
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jueves, 1 de septiembre de 2011
martes, 30 de agosto de 2011
Carta (comentada) de nuestra Presidenta
Por si los salvajes recortes de este curso no fueran suficientes, nuestra Presidenta -Esperanza Aguirre- ha decidido incluir en nuestra nóminas una carta -sí, una fotocopia para cada uno de los 18000 profesores de Secundaria de la Comunidad- en la que, de forma demagógica, se nos explica por qué debemos hacer "un mayor esfuerzo" y actuar "con generosidad y sentido del deber".
El texto, escrito en un tono paternalista que ataca nuestra inteligencia, obvia el verdadero sentido de nuestras demandas, aporta datos completamente erróneos (afirmando que, hasta la fecha, solo trabajábamos 18 horas semanales) y contribuye, además, a deteriorar nuestra imagen ante la opinión pública, desinformando sobre la naturaleza de estos recortes y convirtiéndonos en un colectivo egoísta e insensible. Tras el despilfarro de 1'8 millones de € que la Comunidad llevó a cabo el curso anterior con su campaña "Apoyemos a nuestros profesores", resulta aún más escandaloso este nuevo acto de desprestigio.
Como creo que la carta -que reproduce hoy El Mundo en su sección M2, a quienes personalmente agradezco que ayer fomentaran el tag #OpinoEducación, donde muchos expresamos y compartimos nuestra visión sobre este complejo asunto- no tiene desperdicio, les dejo aquí su contenido incluyendo con (entre corchetes y en cursiva) mi (subjetiva) exégesis. Seguro que ustedes, padres, profesores y alumnos, también tienen la suya... Y les invito a compartir su punto de vista -sea el que sea, que en eso consiste debatir- vía Twitter con el ya mencionado tag #OpinoEducación, así como en la sección de comentarios de este blog. Hagamos que se nos oiga y expliquémonos: es preciso y urgente.
"Queridos Profesores de Educación Secundaria de la Comunidad de Madrid:
[Queridos, aquí, debe de ser un eufemismo, supongo. Pero dejemos a un lado los matices semánticos...]
Dentro de pocos días comenzamos el curso académico 2011-2012 y creo que todos sabemos que vamos a hacerlo en medio de una de las situaciones económicas más difíciles por las que ha pasado España en las últimas décadas. [Se agradece que nos aclare el contexto socieconómico, porque -como profesionales de la enseñanza- seguro que ninguno estábamos al tanto de ello.] Todos, tanto los analistas de la economía como los responsables políticos [es decir, el sabio e inteligente papá Estado, ese al que los malísimos docentes no queremos oír] estamos de acuerdo en que para superar esta situación es indispensable que las Administraciones Públicas ahorren y reduzcan su nivel de gasto y endeudamiento [aquí se omite el divertido dato de los 90 millones de € que "regala" la Comunidad de Madrid en concepto de desgravaciones fiscales a quienes matriculen a sus hijos en la privada: ¿en ese apartado no sirve el concepto de "reducir nivel de endeudamiento"?]
Soy plenamente consciente de que, con las instrucciones para el nuevo Curso Académico, en las que se indica que todos los Profesores de Educación Secundaria tienen que completar su horario hast las veinte horas semanales, en lugar de las dieciocho actuales, [un pequeño gazapo: el horario actual no es de 18 horas semanales, sino de 37'5: y eso sin contar con todo el tiempo extra que dedicamos a preparar clases, corregir exámenes, elaborar materiales..., por no sumar las horas -no remuneradas y voluntaristas- que empleamos para desarrollar actividades extraescolares, como preparación de los alumnos para olimpíadas matemáticas, ortográficas o de biología; elaboración de revistas escolares; creación de grupos de teatro; organización de semanas culturales, visitas o salidas, etc.] se les está pidiendo un mayor esfuerzo [está visto que el haber asumido -y sufrido- la bajada de sueldo impuesta a todos los funcionarios -con la consiguiente pérdida de poder adquisitivo que ha supuesto- no se considera esfuerzo alguno] Pero pueden estar seguros de que ese esfuerzo no se les pediría si no fuera totalmente necesario, dada la situación crítica por la que atraviesa nuestro país. Basta con mirar alrededor o leer la prensa diaria [aquí, nuestra Presidenta vuelve a tratarnos como si fuéramos unos críos y asume que, básicamente, no lo hacemos] para comprobar cómo los comercios cierran, las empresas despiden, los jóvenes van a engrosar las listas del paro [listas que engrosarán aún más con los jóvenes no preparados que, por culpa de estos salvajes recortes, saldrán de nuestras aulas, de cuya elevadísima ratio no hace mención alguna] y cada día hay más familias con todos los miembros desempleados [de ahí que no se entienda que se apoye la educación privada y concertada en vez de la pública, única esperanza para esas familias de las que se habla y que se describen con un tono que, de puro melodramático, capacita a nuestra Presidenta para la futura creación de amenos y lacrimógenos folletines].
La medida que la Consejería de Educación ha adoptado va a suponer un ahorro de cerca de 80 millones de euros [¿se puede llamar ahorro a no invertir en educación o solo es un ejemplo de puro y duro cortoplacismo o, peor aún, de intento de desmantelamiento de la pública?], y va a permitirnos no aplicar recortes en otras partidas esenciales para mejorar la calidad de la enseñanza [¿cómo se va a mantener la calidad de la enseñanza si los actuales recortes suponen eliminar desdobles, eliminar laboratorios, eliminar refuerzos, eliminar grupos flexibles, eliminar plazas de FP y EOI, eliminar desdobles, eliminar orientadores, eliminar profesores de apoyo y Compensantoria...? ¿Qué partidas son, por tanto, las que se mantienen garantizando lo que están -literalmente- destrozando?] y mantener gastos en otros servicios importantes para los ciudadanos [supongo que -visto lo que está sucediendo con educación, sanidad, cuerpo de bomberos...-, aquí se refiere a servicios tan importantes como el sueldo de los asesores, o el uso de coches oficiales, o futuras campañas de apoyo al profesorado, o hasta a nuevas sesiones JMJ para regocijo y júbilo general, quién sabe] . Parte de ese ahorro también irá destinado a [de nuevo se juega al divide y vencerás con los miembros del claustro, táctica tan del gusto de nuestra Consejería] incrementar la retribución de los jefes de departamento, de los coordinadores TIC y de los profesores tutores [labor tutorial, por cierto, que han suprimido y, después -en una maniobra surrealista de puro incomprensible-, vuelto a reponer de modo errático e imposible: será una hora no lectiva que queda al libre arbitrio de los centros, favoreciendo el deterioro de la convivencia y el futuro fracaso escolar, sobre todo en las zonas más desfavorecidas] en todos los institutos madrileños
Por último, quiero expresarles mi absoluta convicción de que la manera más eficaz de combatir esta crisis económica y de prevenir las futuras es mejorar el nivel de de nuestra educación [de ahí que se cree un único centro "excelente" en todo Madrid y se abandone a su suerte a los demás, porque supongo que su fe es, digamos, limitada y no alcanza más que a cinco grupos de alumnos de toda la Comunidad que preside. El resto de nuestros chicos, o bien puede ir a la privada, o bien puede hacinarse en las aulas sobrecargadas -gracias a los actuales recortes- de la pública]. Y aquí, ustedes, los Profesores de Educación Secundaria, tienen un papel esencial. Sé que es difícil pedir que se entreguen aún más a su vocación de profesores en la misma carta en la que se les explica que van a tener que trabajar más [de nuevo, la Presidenta da en el clavo: el problema no es que hayan recortado entre 10 y 20 profesores por centro, ni que por culpa de ese recorte haya 5000 interinos que engrosarán este curso las listas de ese paro que tanto le preocupa, ni que los funcionarios que sí demos clase tengamos que impartir materias que no son las nuestras por falta de un número de docentes suficientes en los claustros, ni que la ratio de las aulas impida cualquier tipo de calidad educativa..., no el verdadero problema -y así se lo hace saber a la opinión pública- es que los profesores no queremos trabajar, así de fácil], pero las circunstancias del momento son especialmente graves y confío en que ustedes sepan entenderlas y responder con generosidad y sentido del deber [nada dice aquí de las familias, claro, pero espero que los padres de los alumnos abocados a recibir una formación deficiente y precaria a partir de este curso -por muchos malabares que hagamos los docentes, a quienes nos importa la educación mucho más de lo que su carta da a entender- tengan la misma generosidad para ver cómo la Comunidad destroza -con una alarmante falta de previsión de futuro- la formación de sus hijos, por cierto]
Ustedes, en las aulas, y nosotros, desde el Gobierno de la Comunidad de Madrid, compartimos una responsabilidad inmensa en la formación de nuestros jóvenes [sí, con la pequeña diferencia de que los primeros peleamos la batalla desde la pizarra -tiza y corazón en mano- y los segundos desde despachos oficiales en los que, como esta carta demuestra, ni siquiera se dignan a escucharnos ni a favorecer que la educación goce de un mínimo de -necesaria- dignidad]. Con el sentimiento de esa responsabilidad compartida, les envío a todos un fuerte abrazo. [Le devolvemos el abrazo, claro, pero con un sentimiento de profunda tristeza ante la sordera de quienes deberían saber oír. Ante el ataque contra uno de los pilares toda sociedad: la educación. Y su defensa, señora Presidenta, sí exige toda nuestra responsabilidad. Sin duda alguna.]"
El texto, escrito en un tono paternalista que ataca nuestra inteligencia, obvia el verdadero sentido de nuestras demandas, aporta datos completamente erróneos (afirmando que, hasta la fecha, solo trabajábamos 18 horas semanales) y contribuye, además, a deteriorar nuestra imagen ante la opinión pública, desinformando sobre la naturaleza de estos recortes y convirtiéndonos en un colectivo egoísta e insensible. Tras el despilfarro de 1'8 millones de € que la Comunidad llevó a cabo el curso anterior con su campaña "Apoyemos a nuestros profesores", resulta aún más escandaloso este nuevo acto de desprestigio.
Como creo que la carta -que reproduce hoy El Mundo en su sección M2, a quienes personalmente agradezco que ayer fomentaran el tag #OpinoEducación, donde muchos expresamos y compartimos nuestra visión sobre este complejo asunto- no tiene desperdicio, les dejo aquí su contenido incluyendo con (entre corchetes y en cursiva) mi (subjetiva) exégesis. Seguro que ustedes, padres, profesores y alumnos, también tienen la suya... Y les invito a compartir su punto de vista -sea el que sea, que en eso consiste debatir- vía Twitter con el ya mencionado tag #OpinoEducación, así como en la sección de comentarios de este blog. Hagamos que se nos oiga y expliquémonos: es preciso y urgente.
"Queridos Profesores de Educación Secundaria de la Comunidad de Madrid:
[Queridos, aquí, debe de ser un eufemismo, supongo. Pero dejemos a un lado los matices semánticos...]
Dentro de pocos días comenzamos el curso académico 2011-2012 y creo que todos sabemos que vamos a hacerlo en medio de una de las situaciones económicas más difíciles por las que ha pasado España en las últimas décadas. [Se agradece que nos aclare el contexto socieconómico, porque -como profesionales de la enseñanza- seguro que ninguno estábamos al tanto de ello.] Todos, tanto los analistas de la economía como los responsables políticos [es decir, el sabio e inteligente papá Estado, ese al que los malísimos docentes no queremos oír] estamos de acuerdo en que para superar esta situación es indispensable que las Administraciones Públicas ahorren y reduzcan su nivel de gasto y endeudamiento [aquí se omite el divertido dato de los 90 millones de € que "regala" la Comunidad de Madrid en concepto de desgravaciones fiscales a quienes matriculen a sus hijos en la privada: ¿en ese apartado no sirve el concepto de "reducir nivel de endeudamiento"?]
Soy plenamente consciente de que, con las instrucciones para el nuevo Curso Académico, en las que se indica que todos los Profesores de Educación Secundaria tienen que completar su horario hast las veinte horas semanales, en lugar de las dieciocho actuales, [un pequeño gazapo: el horario actual no es de 18 horas semanales, sino de 37'5: y eso sin contar con todo el tiempo extra que dedicamos a preparar clases, corregir exámenes, elaborar materiales..., por no sumar las horas -no remuneradas y voluntaristas- que empleamos para desarrollar actividades extraescolares, como preparación de los alumnos para olimpíadas matemáticas, ortográficas o de biología; elaboración de revistas escolares; creación de grupos de teatro; organización de semanas culturales, visitas o salidas, etc.] se les está pidiendo un mayor esfuerzo [está visto que el haber asumido -y sufrido- la bajada de sueldo impuesta a todos los funcionarios -con la consiguiente pérdida de poder adquisitivo que ha supuesto- no se considera esfuerzo alguno] Pero pueden estar seguros de que ese esfuerzo no se les pediría si no fuera totalmente necesario, dada la situación crítica por la que atraviesa nuestro país. Basta con mirar alrededor o leer la prensa diaria [aquí, nuestra Presidenta vuelve a tratarnos como si fuéramos unos críos y asume que, básicamente, no lo hacemos] para comprobar cómo los comercios cierran, las empresas despiden, los jóvenes van a engrosar las listas del paro [listas que engrosarán aún más con los jóvenes no preparados que, por culpa de estos salvajes recortes, saldrán de nuestras aulas, de cuya elevadísima ratio no hace mención alguna] y cada día hay más familias con todos los miembros desempleados [de ahí que no se entienda que se apoye la educación privada y concertada en vez de la pública, única esperanza para esas familias de las que se habla y que se describen con un tono que, de puro melodramático, capacita a nuestra Presidenta para la futura creación de amenos y lacrimógenos folletines].
La medida que la Consejería de Educación ha adoptado va a suponer un ahorro de cerca de 80 millones de euros [¿se puede llamar ahorro a no invertir en educación o solo es un ejemplo de puro y duro cortoplacismo o, peor aún, de intento de desmantelamiento de la pública?], y va a permitirnos no aplicar recortes en otras partidas esenciales para mejorar la calidad de la enseñanza [¿cómo se va a mantener la calidad de la enseñanza si los actuales recortes suponen eliminar desdobles, eliminar laboratorios, eliminar refuerzos, eliminar grupos flexibles, eliminar plazas de FP y EOI, eliminar desdobles, eliminar orientadores, eliminar profesores de apoyo y Compensantoria...? ¿Qué partidas son, por tanto, las que se mantienen garantizando lo que están -literalmente- destrozando?] y mantener gastos en otros servicios importantes para los ciudadanos [supongo que -visto lo que está sucediendo con educación, sanidad, cuerpo de bomberos...-, aquí se refiere a servicios tan importantes como el sueldo de los asesores, o el uso de coches oficiales, o futuras campañas de apoyo al profesorado, o hasta a nuevas sesiones JMJ para regocijo y júbilo general, quién sabe] . Parte de ese ahorro también irá destinado a [de nuevo se juega al divide y vencerás con los miembros del claustro, táctica tan del gusto de nuestra Consejería] incrementar la retribución de los jefes de departamento, de los coordinadores TIC y de los profesores tutores [labor tutorial, por cierto, que han suprimido y, después -en una maniobra surrealista de puro incomprensible-, vuelto a reponer de modo errático e imposible: será una hora no lectiva que queda al libre arbitrio de los centros, favoreciendo el deterioro de la convivencia y el futuro fracaso escolar, sobre todo en las zonas más desfavorecidas] en todos los institutos madrileños
Por último, quiero expresarles mi absoluta convicción de que la manera más eficaz de combatir esta crisis económica y de prevenir las futuras es mejorar el nivel de de nuestra educación [de ahí que se cree un único centro "excelente" en todo Madrid y se abandone a su suerte a los demás, porque supongo que su fe es, digamos, limitada y no alcanza más que a cinco grupos de alumnos de toda la Comunidad que preside. El resto de nuestros chicos, o bien puede ir a la privada, o bien puede hacinarse en las aulas sobrecargadas -gracias a los actuales recortes- de la pública]. Y aquí, ustedes, los Profesores de Educación Secundaria, tienen un papel esencial. Sé que es difícil pedir que se entreguen aún más a su vocación de profesores en la misma carta en la que se les explica que van a tener que trabajar más [de nuevo, la Presidenta da en el clavo: el problema no es que hayan recortado entre 10 y 20 profesores por centro, ni que por culpa de ese recorte haya 5000 interinos que engrosarán este curso las listas de ese paro que tanto le preocupa, ni que los funcionarios que sí demos clase tengamos que impartir materias que no son las nuestras por falta de un número de docentes suficientes en los claustros, ni que la ratio de las aulas impida cualquier tipo de calidad educativa..., no el verdadero problema -y así se lo hace saber a la opinión pública- es que los profesores no queremos trabajar, así de fácil], pero las circunstancias del momento son especialmente graves y confío en que ustedes sepan entenderlas y responder con generosidad y sentido del deber [nada dice aquí de las familias, claro, pero espero que los padres de los alumnos abocados a recibir una formación deficiente y precaria a partir de este curso -por muchos malabares que hagamos los docentes, a quienes nos importa la educación mucho más de lo que su carta da a entender- tengan la misma generosidad para ver cómo la Comunidad destroza -con una alarmante falta de previsión de futuro- la formación de sus hijos, por cierto]
Ustedes, en las aulas, y nosotros, desde el Gobierno de la Comunidad de Madrid, compartimos una responsabilidad inmensa en la formación de nuestros jóvenes [sí, con la pequeña diferencia de que los primeros peleamos la batalla desde la pizarra -tiza y corazón en mano- y los segundos desde despachos oficiales en los que, como esta carta demuestra, ni siquiera se dignan a escucharnos ni a favorecer que la educación goce de un mínimo de -necesaria- dignidad]. Con el sentimiento de esa responsabilidad compartida, les envío a todos un fuerte abrazo. [Le devolvemos el abrazo, claro, pero con un sentimiento de profunda tristeza ante la sordera de quienes deberían saber oír. Ante el ataque contra uno de los pilares toda sociedad: la educación. Y su defensa, señora Presidenta, sí exige toda nuestra responsabilidad. Sin duda alguna.]"
domingo, 21 de agosto de 2011
Todos a una
Catedráticos, funcionarios en expectativa, "de pata negra", directiva, desplazados, habilitados bilingües, interinos, con plaza propia... Las Consejerías -no solo la madrileña- han llevado a cabo una implacable -y efectiva- división del claustro durante más tiempo del que sería deseable. Gracias a la continua creación de etiquetas, jerarquías y escalafones -más o menos justificados- han conseguido que el profesorado se convierta en un ente desarticulado donde resulta fácil imponer cuanta medida o recorte se desea, puesto que -hasta la fecha- no ha habido una sola reacción firme y unánime en contra. Ahora, la gravedad de los ataques de la Consejería madrileña parece que nos ha hecho despertar de ese estado de pasividad y apatía, el mismo que permitió que fracasaran concentraciones como la descrita hace ya casi un año en un post de este mismo blog (el 30 de noviembre de 2010) y a la que apenas asistimos veinticinco personas. En ese caso, además, a la desunión del profesorado, se sumó la desunión de los sindicatos, que convocaron dos actos a la misma hora y el mismo día, para mayor regocijo de nuestra consejera.
No contentos con haber perdido nuestra propia cohesión interna -convirtiéndonos en grupúsculos donde se ignora con excesiva frecuencia la existencia del otro-, también se ha fomentado la conversión en bandos -poco menos que antagónicos- de dos de los sectores -padres y docentes- que formamos parte esencial de la comunidad educativa. De este modo, nuestra relación con los padres se ha visto impregnada de un recelo -cada vez mayor y en ambas direcciones- que nos ha hecho perder una alianza tan importante como imprescindible. En este sentido, de nuevo tenemos que agradecer a la Consejería que nos haya permitido volvernos a encontrar, porque gracias a su intento de desmantelar la educación pública nos hemos olvidado de tantas etiquetas, de tanta trinchera absurda, y nos hemos dado cuenta de que aquí solo hay una víctima -la educación pública-, una víctima cuya derrota -que no ha de ser, que no puede ser- nos perjudica a todos: padres, alumnos y profesores.
Quizá por eso, conforme se va acercando el 1 de septiembre, me inquieta cada vez más la aparición de voces un tanto disonantes y dogmáticas en los foros virtuales. Disonantes porque se empeñan en la etiqueta o en el problema desde el yo y así, honestamente, no lograremos nada. Si nuestra postura es que solo secundaremos las medidas de protesta si son las que nosotros propongamos, estaremos -una vez más- abocados a un seguimiento ridículo y, sobre todo, daremos alas a la Consejería para que, el curso que viene, se empeoren aún más las condiciones de este año. El tema más polémico -la huelga- da lugar a demasiados mensajes entre eufóricos e irreflexivos. Es preciso un debate, un acuerdo y, sobre todo, una unidad al respecto. Y yo, personalmente, insisto en que no podemos perder -otra vez- la colaboración de los padres. No podemos hacer de esto una lucha corporativista -acabemos con el gremialismo de una vez- sino algo mucho más amplio, mucho más urgente, algo que nos haga sumar apoyos en vez de corroborar esa imagen de desprestigio que, sobre nuestra profesión, con tanto ahínco se cultiva.
Personalmente, solo añadiría algunas consideraciones antes de la siguiente asamblea de finales de agosto:
- Es necesario que las medidas que se tomen sean claras, mayoritarias y visibles. No sé si la solución es la huelga, o los encierros, o las manifestaciones, o todo ello a la vez. No tengo la respuesta ni pretendo tenerla, pero tampoco estoy de acuerdo con quienes se obcecan en la huelga indefinida como única posibilidad, sin tener en cuenta las dificultades pragmáticas que ello implica y la desafección que, por parte de los padres, cosecharíamos. Este tema ha de debatirse con cabeza, con sensatez y con las ideas muy claras sobre qué queremos conseguir y cómo hemos de hacerlo.
- No podemos contar con una lucha corta, al revés, es una batalla compleja y, a buen seguro, duradera y cansada. Hay que pensar en el desgaste que ello nos puede suponer y asumir que, si queremos conseguir el más mínimo triunfo, no podemos volver a caer ni en la desunión (ya está bien de generalizar: hay "pata negra" -término que siempre me pareció curioso- comprometidos igual que hay "interinos" pasotas, y viceversa) ni en la pasividad. Espero que este movimiento no se detenga aquí y que volvamos a callarnos en vez de asumir que los docentes hemos de ser un cuerpo mucho más activo, beligerante y, desde luego, presente en la sociedad.
- Sabemos que hemos entrado en batalla muy tarde, así que hemos de asumir que lo que tenemos sobre la mesa es poco menos que un ente moribundo al que habrá que reanimar entre todos. Hemos esperado demasiados años para dar un necesario puñetazo en la mesa, de modo que no podemos pretender que todo se resuelva en una semana, en un mes o en un curso. Algo de responsabilidad tendremos en ello (y asumirlo -hagamos autocrítica, por favor- no viene mal, sobre todo, para evitar que algo así se repita).
- No podemos perder de vista a la Consejería, que ya cuenta -desde hace meses- con esa huelga y que está haciendo acopio de munición para atacar cuando le convenga. De momento, la capacidad sancionadora de las directivas ya es un modo de presión sobre todos nosotros -de nuevo, la desunión- y, además, hace que medidas extremas como la dimisión en bloque de las juntas directivas actuales (¿qué haremos sin esas voces críticas?) o el incumplimiento de funciones sean poco inteligentes o aconsejables. No lo olvidemos: somos docentes, nuestro trabajo es de índole intelectual, hagamos -pues- algo que sea meditado, eficaz y que, de paso, dé ejemplo a nuestros alumnos. Eduquemos con nuestra acción reivindicativa: estemos al nivel que sabemos que podemos llegar a estar.
No sé qué saldrá de todo esto. Sí sé que espero que la siguiente asamblea no vuelva a caer en el yoísmo de la anterior, ni en la exaltación, ni en propuestas que se desencuentran obcecadas entre sí. Sé que asumiré lo que decida la mayoría -sea o no mi opción- y sé que, si eso no ocurre, si no estamos todos dispuestos a ceder por el bien común, la educación pública será el cadáver que habremos de enterrar en cuanto acabe el curso. O, si la Consejería insiste en sus medidas, incluso antes. Así que, para todos los que sabemos cuánto está en juego aquí y ahora: ánimo, acción y, por favor, unión.
No contentos con haber perdido nuestra propia cohesión interna -convirtiéndonos en grupúsculos donde se ignora con excesiva frecuencia la existencia del otro-, también se ha fomentado la conversión en bandos -poco menos que antagónicos- de dos de los sectores -padres y docentes- que formamos parte esencial de la comunidad educativa. De este modo, nuestra relación con los padres se ha visto impregnada de un recelo -cada vez mayor y en ambas direcciones- que nos ha hecho perder una alianza tan importante como imprescindible. En este sentido, de nuevo tenemos que agradecer a la Consejería que nos haya permitido volvernos a encontrar, porque gracias a su intento de desmantelar la educación pública nos hemos olvidado de tantas etiquetas, de tanta trinchera absurda, y nos hemos dado cuenta de que aquí solo hay una víctima -la educación pública-, una víctima cuya derrota -que no ha de ser, que no puede ser- nos perjudica a todos: padres, alumnos y profesores.
Quizá por eso, conforme se va acercando el 1 de septiembre, me inquieta cada vez más la aparición de voces un tanto disonantes y dogmáticas en los foros virtuales. Disonantes porque se empeñan en la etiqueta o en el problema desde el yo y así, honestamente, no lograremos nada. Si nuestra postura es que solo secundaremos las medidas de protesta si son las que nosotros propongamos, estaremos -una vez más- abocados a un seguimiento ridículo y, sobre todo, daremos alas a la Consejería para que, el curso que viene, se empeoren aún más las condiciones de este año. El tema más polémico -la huelga- da lugar a demasiados mensajes entre eufóricos e irreflexivos. Es preciso un debate, un acuerdo y, sobre todo, una unidad al respecto. Y yo, personalmente, insisto en que no podemos perder -otra vez- la colaboración de los padres. No podemos hacer de esto una lucha corporativista -acabemos con el gremialismo de una vez- sino algo mucho más amplio, mucho más urgente, algo que nos haga sumar apoyos en vez de corroborar esa imagen de desprestigio que, sobre nuestra profesión, con tanto ahínco se cultiva.
Personalmente, solo añadiría algunas consideraciones antes de la siguiente asamblea de finales de agosto:
- Es necesario que las medidas que se tomen sean claras, mayoritarias y visibles. No sé si la solución es la huelga, o los encierros, o las manifestaciones, o todo ello a la vez. No tengo la respuesta ni pretendo tenerla, pero tampoco estoy de acuerdo con quienes se obcecan en la huelga indefinida como única posibilidad, sin tener en cuenta las dificultades pragmáticas que ello implica y la desafección que, por parte de los padres, cosecharíamos. Este tema ha de debatirse con cabeza, con sensatez y con las ideas muy claras sobre qué queremos conseguir y cómo hemos de hacerlo.
- No podemos contar con una lucha corta, al revés, es una batalla compleja y, a buen seguro, duradera y cansada. Hay que pensar en el desgaste que ello nos puede suponer y asumir que, si queremos conseguir el más mínimo triunfo, no podemos volver a caer ni en la desunión (ya está bien de generalizar: hay "pata negra" -término que siempre me pareció curioso- comprometidos igual que hay "interinos" pasotas, y viceversa) ni en la pasividad. Espero que este movimiento no se detenga aquí y que volvamos a callarnos en vez de asumir que los docentes hemos de ser un cuerpo mucho más activo, beligerante y, desde luego, presente en la sociedad.
- Sabemos que hemos entrado en batalla muy tarde, así que hemos de asumir que lo que tenemos sobre la mesa es poco menos que un ente moribundo al que habrá que reanimar entre todos. Hemos esperado demasiados años para dar un necesario puñetazo en la mesa, de modo que no podemos pretender que todo se resuelva en una semana, en un mes o en un curso. Algo de responsabilidad tendremos en ello (y asumirlo -hagamos autocrítica, por favor- no viene mal, sobre todo, para evitar que algo así se repita).
- No podemos perder de vista a la Consejería, que ya cuenta -desde hace meses- con esa huelga y que está haciendo acopio de munición para atacar cuando le convenga. De momento, la capacidad sancionadora de las directivas ya es un modo de presión sobre todos nosotros -de nuevo, la desunión- y, además, hace que medidas extremas como la dimisión en bloque de las juntas directivas actuales (¿qué haremos sin esas voces críticas?) o el incumplimiento de funciones sean poco inteligentes o aconsejables. No lo olvidemos: somos docentes, nuestro trabajo es de índole intelectual, hagamos -pues- algo que sea meditado, eficaz y que, de paso, dé ejemplo a nuestros alumnos. Eduquemos con nuestra acción reivindicativa: estemos al nivel que sabemos que podemos llegar a estar.
No sé qué saldrá de todo esto. Sí sé que espero que la siguiente asamblea no vuelva a caer en el yoísmo de la anterior, ni en la exaltación, ni en propuestas que se desencuentran obcecadas entre sí. Sé que asumiré lo que decida la mayoría -sea o no mi opción- y sé que, si eso no ocurre, si no estamos todos dispuestos a ceder por el bien común, la educación pública será el cadáver que habremos de enterrar en cuanto acabe el curso. O, si la Consejería insiste en sus medidas, incluso antes. Así que, para todos los que sabemos cuánto está en juego aquí y ahora: ánimo, acción y, por favor, unión.
lunes, 8 de agosto de 2011
Alicia en el país de las falsedades
Tenía pensado cerrar el blog hasta finales de agosto, pero la desfachatez de Alicia Delibes (Viceconsejera de Educación) en sus últimas declaraciones me obliga a reabrirlo para matizar algunas de las falsedades lanzadas con todo descaro y absoluto desprecio hacia docentes, alumnos y familias. Tal y como pueden ver en este vídeo, la Viceconsejera pide "responsabilidad" a los docentes", considera las cifras de las pruebas de 3º de la ESO como "casi terroríficas" y afirma -con una nula capacidad de oratoria, por cierto- lo siguiente:
“[Los profesores] no tienen absolutamente razón tal y cual es la situación económica del país para organizar movilizaciones y dejar a los niños sin clase porque tienen que trabajar unos funcionarios que tienen el sueldo asegurao.”
Dejando a un lado la estructura asintáctica de su discurso (¿cómo es posible que una viceconsejera de educación tenga semejante nivel de expresión oral?), nos centraremos su contenido:
1. Los profesores no nos quejamos solo de ese aumento de 2 horas lectivas sino, sobre todo, del recorte de más de 5000 docentes (3000 interinos, más de 1000 funcionarios con plaza pero sin destino y los casi 2000 puestos ya recortados en el curso anterior). Muchos de nosotros estaríamos dispuestos a asumir ese aumento de horas si se respeta el cupo de profesores por centro, de modo que los alumnos no se hacinen en las aulas y se puedan hacer desdobles, grupos flexibles, refuerzos... El recorte actual no solo abarratorá las clases e impedirá todo tipo de atención a la diversidad, sino que también nos obligará a la mayoría de los docentes a impartir materias para las que no estamos cualificados, pues tendremos que cubrir los huecos que dejan los profesores suprimidos. ¿Qué formación recibirán los alumnos con semejante panorama?
2. Las movilizaciones no son solo una protesta de los docentes, sino de toda la comunidad educativa. Por primera vez en años hemos alzado la voz a un tiempo los profesores, los alumnos y sus padres, hartos de la pésima gestión de la Consejería de Educación madrileña, cuyo único fin es deteriorar la educación pública y acelerar su progresiva privatización.
3. El aumento de dos horas lectivas está dentro de la ley, sí, pero en ella se considera que solo podrá llevarse a cabo "excepcionalmente". En este sentido, es bueno recordar que 2 horas lectivas más a la semana suponen asumir un grupo más (30 alumnos el curso anterior y 40 o más, en este), de modo que el tiempo real de trabajo ha de multiplicarse por las horas que llevará preparar esa asignatura, corregir los trabajos y exámenes de esos alumnos y otras minucias que, aunque a Alicia le parezcan inimaginables, son más que reales y necesarias. Quizá por eso, la señora Delibes no entiende que nuestro horario legal es de 37'5 horas a la semana, mientras que el real -ya sin el aumento de este año- excede, con mucho, ese límite (y en horas tan voluntaristas -en muchos casos-, como no remuneradas).
4. Las medidas sobre las tutorías son tan irresponsables como erráticas y confusas. Por un lado, se tranquiliza a los concertados, asegurándoles que podrán mantenerla tal y como ya estaba. Por otro, se dice a los públicos que esa hora deja de ser lectiva para ser sustituida por una sobredosis de lengua, inglés o matemáticas (creyendo que la cantidad es sinónimo de calidad). Desde el momento en que la tutoría sale del horario lectivo y se convierte en, poco menos, que una decisión personal de centros y profesores, los alumnos quedan indefensos y desatendidos, pues no habrá tiempo real en el horario para afrontar la labor tutorial (por no hablar de la supresión de orientadores en los centros, figuras esenciales en este terreno). Así pues, las órdenes de la Consejería no solo denotan una ignorancia absoluta de la vida en un instituto, sino que no aclaran en modo alguno cómo será posible llevar a cabo el trabajo tutorial en un horario que no deja hueco presencial alguno para esa tarea. Y lo más lamentable es que crean que con afirmar que "será un trabajo remunerado" callarán nuestras quejas. No, señora Delibes, no estamos peleando por unas migajas de su infinita caridad (el Papa, a quien se han cedido gratuita e irresponsablemente nuestros colegios e institutos como alojamiento para sus huestes juveniles, ya se lo agradecerá, supongo), estamos peleando por los 3000 puestos de trabajo que se pierden este año, por las aulas abarratadas, por los alumnos desatendidos, por el deterioro de la educación pública, por tantas cuestiones y tan importantes que hacen que su propuesta de 25€ por sesión tutorial no solo sea ridícula, sino -peor aún- insultante. Quizá para ustedes todo se resuelva a golpe de talón o de cheque, pero para quienes creemos en la educación el problema es demasiado hondo como para que sus propuestas no resulten tan inútiles como humillantes.
5. La queja no solo atañe al recorte de profesores por centro, sino también a la alarmante supresión de plazas para los alumnos en FP, E.O.I., Artes musicales y escénicas... No se puede impulsar la FP sin profesores para ello. No se pueden regalar terrenos públicos para concertados mientras se niega la construcción de centros que son necesarios e imprescindibles en ciertas zonas. No se puede dejar que institutos con 600 plazas alberguen a 800 o más alumnos, tal y como sucede en muchos centros madrileños. No se puede insistir en lo mal preparados que estamos en idiomas cuando se intenta acabar -cada vez con más contundencia- con las Escuelas Oficiales de Idiomas, donde muchos aprendimos las lenguas extranjeras que hoy hablamos gracias a estupendos y entregados profesionales. Todas estas medidas -y este abandono de cuestiones tan fundamentales com la FP- potencian el fracaso escolar y el abandono de las aulas. Las consecuencias sociales -dramáticas- de fomentar ese abandono son, supongo, imaginables para todos (salvo para la señora Delibes, demasiado perdida en su farragoso y lamentable discurso).
6. Pedir "responsabilidad" a un colectivo que ya ha asumido medidas tan drásticas como la bajada salarial del curso pasado es, cuando menos, irónico. Es curioso que nadie se alzara en armas entonces, porque la mayoría asumimos ese deterioro en nuestro nivel de vida -y ese ataque, no lo olvidemos- contra nuestros derechos laborales desde una responsabilidad solidaria, aun sabiendo que es poco probable que, cuando la crisis pase, alguien se acuerde de nosotros y nos devuelva el salario anterior (el actual, por supuesto, estará aún más devaluado). Ahora, sin embargo, todos estamos dispuestos a hacer oír nuestra voz por una causa que sí que exige responsabilidad, una responsabilidad tan grande como la de defender algo esencial en nuestra sociedad: la educación pública. Lo siento, señora Delibes, pero su acusación de lo egoístas que somos, no funciona. Básicamente, porque no es verdad.
7. Llama la atención comparar el dinero que despilfarró la Comunidad de Madrid el curso pasado con la absurda campaña "Respeta a tu profe" con la actitud de desprestigio y ataque que se desprende de las (torpes) palabras de la Viceconsejera. Culpabilizarnos por "dejar sin clase a los niños" y alentar el odio social por tener "el trabajo asegurao" es una de las estrategias más lamentables e irresponsables -retomando las palabras de nuestra querida Delibes- que he visto en mucho tiempo. De vez en cuando, no estaría de más recordar que ese "futuro asegurao" no es tal y se consigue tras un proceso de oposiciones que, si tan envidiable le parece a algunos, está al alcance de cualquiera. Solo se necesitan ganas, tiempo, esfuerzo y horas de estudio. Trabajé durante años en el mundo la edición y sé bien lo que es tanto el trabajo en la empresa privada como en la enseñanza, además de haber vivido en primera persona el proceso de la oposición. Por eso, supongo, me indignan las generalizaciones que se hacen desde la ignorancia y, sobre todo, desde la falta de respeto al esfuerzo y el trabajo ajeno.
8. La solución de la Viceconsejera para frenar el fracaso escolar ("dividir por niveles") ya se llevaba a cabo en los centros... hasta este curso, claro. El año anterior ya fue complicado mantener esas divisiones en muchos institutos, donde el recorte impidió hacer agrupaciones de acuerdo con el nivel de los alumnos. Este año, obviamente, esa división es imposible. No han dejado profesores suficientes para ello, de modo que los chicos no solo no podrán ser atendidos según su nivel, sino que habrán de pelear por entender algo con 39 compañeros más con quienes muchos habrán de disputarse una posición en primera o segunda fila desde la que poder enterarse de algo. ¿Era esta la excelencia que pregonaba el PP en su campaña? Debe de ser que la señora Delibes y yo entendemos por excelencia cuestiones muy distintas.
En definitiva, la Consejería de Educación nos ha dejado ya clara cuál será su estrategia: desprestigiar a los docentes y convencer a la sociedad de que somos vagos, egoístas, irresponsables e insolidarios, porque dejamos a los niños sin clase y no arrimamos el hombro en un momento de crisis. Obviarán que, precisamente, estamos dispuestos a perder días de sueldo y a dejarnos la piel en la lucha (aquí podéis ver el calendario de movilizaciones) por eso mismo: por conseguir que la salida de la crisis sea posible gracias a una educación pública de calidad que permita a nuestros alumnos tener algún tipo de opción de futuro. Una educación que no sea excelente solo para quienes se la puedan pagar, que no perpetúe a la siguiente generación en el elitismo socioecónomico que promueve y defiende el PP madrileño. Una educación en la igualdad, en la libertad, en condiciones dignas para que las aulas sean un espacio de crecimiento, de cultura y de aprendizaje. Una educación de calidad que, con 5500 profesores menos, es del todo imposible.
“[Los profesores] no tienen absolutamente razón tal y cual es la situación económica del país para organizar movilizaciones y dejar a los niños sin clase porque tienen que trabajar unos funcionarios que tienen el sueldo asegurao.”
Dejando a un lado la estructura asintáctica de su discurso (¿cómo es posible que una viceconsejera de educación tenga semejante nivel de expresión oral?), nos centraremos su contenido:
1. Los profesores no nos quejamos solo de ese aumento de 2 horas lectivas sino, sobre todo, del recorte de más de 5000 docentes (3000 interinos, más de 1000 funcionarios con plaza pero sin destino y los casi 2000 puestos ya recortados en el curso anterior). Muchos de nosotros estaríamos dispuestos a asumir ese aumento de horas si se respeta el cupo de profesores por centro, de modo que los alumnos no se hacinen en las aulas y se puedan hacer desdobles, grupos flexibles, refuerzos... El recorte actual no solo abarratorá las clases e impedirá todo tipo de atención a la diversidad, sino que también nos obligará a la mayoría de los docentes a impartir materias para las que no estamos cualificados, pues tendremos que cubrir los huecos que dejan los profesores suprimidos. ¿Qué formación recibirán los alumnos con semejante panorama?
2. Las movilizaciones no son solo una protesta de los docentes, sino de toda la comunidad educativa. Por primera vez en años hemos alzado la voz a un tiempo los profesores, los alumnos y sus padres, hartos de la pésima gestión de la Consejería de Educación madrileña, cuyo único fin es deteriorar la educación pública y acelerar su progresiva privatización.
3. El aumento de dos horas lectivas está dentro de la ley, sí, pero en ella se considera que solo podrá llevarse a cabo "excepcionalmente". En este sentido, es bueno recordar que 2 horas lectivas más a la semana suponen asumir un grupo más (30 alumnos el curso anterior y 40 o más, en este), de modo que el tiempo real de trabajo ha de multiplicarse por las horas que llevará preparar esa asignatura, corregir los trabajos y exámenes de esos alumnos y otras minucias que, aunque a Alicia le parezcan inimaginables, son más que reales y necesarias. Quizá por eso, la señora Delibes no entiende que nuestro horario legal es de 37'5 horas a la semana, mientras que el real -ya sin el aumento de este año- excede, con mucho, ese límite (y en horas tan voluntaristas -en muchos casos-, como no remuneradas).
4. Las medidas sobre las tutorías son tan irresponsables como erráticas y confusas. Por un lado, se tranquiliza a los concertados, asegurándoles que podrán mantenerla tal y como ya estaba. Por otro, se dice a los públicos que esa hora deja de ser lectiva para ser sustituida por una sobredosis de lengua, inglés o matemáticas (creyendo que la cantidad es sinónimo de calidad). Desde el momento en que la tutoría sale del horario lectivo y se convierte en, poco menos, que una decisión personal de centros y profesores, los alumnos quedan indefensos y desatendidos, pues no habrá tiempo real en el horario para afrontar la labor tutorial (por no hablar de la supresión de orientadores en los centros, figuras esenciales en este terreno). Así pues, las órdenes de la Consejería no solo denotan una ignorancia absoluta de la vida en un instituto, sino que no aclaran en modo alguno cómo será posible llevar a cabo el trabajo tutorial en un horario que no deja hueco presencial alguno para esa tarea. Y lo más lamentable es que crean que con afirmar que "será un trabajo remunerado" callarán nuestras quejas. No, señora Delibes, no estamos peleando por unas migajas de su infinita caridad (el Papa, a quien se han cedido gratuita e irresponsablemente nuestros colegios e institutos como alojamiento para sus huestes juveniles, ya se lo agradecerá, supongo), estamos peleando por los 3000 puestos de trabajo que se pierden este año, por las aulas abarratadas, por los alumnos desatendidos, por el deterioro de la educación pública, por tantas cuestiones y tan importantes que hacen que su propuesta de 25€ por sesión tutorial no solo sea ridícula, sino -peor aún- insultante. Quizá para ustedes todo se resuelva a golpe de talón o de cheque, pero para quienes creemos en la educación el problema es demasiado hondo como para que sus propuestas no resulten tan inútiles como humillantes.
5. La queja no solo atañe al recorte de profesores por centro, sino también a la alarmante supresión de plazas para los alumnos en FP, E.O.I., Artes musicales y escénicas... No se puede impulsar la FP sin profesores para ello. No se pueden regalar terrenos públicos para concertados mientras se niega la construcción de centros que son necesarios e imprescindibles en ciertas zonas. No se puede dejar que institutos con 600 plazas alberguen a 800 o más alumnos, tal y como sucede en muchos centros madrileños. No se puede insistir en lo mal preparados que estamos en idiomas cuando se intenta acabar -cada vez con más contundencia- con las Escuelas Oficiales de Idiomas, donde muchos aprendimos las lenguas extranjeras que hoy hablamos gracias a estupendos y entregados profesionales. Todas estas medidas -y este abandono de cuestiones tan fundamentales com la FP- potencian el fracaso escolar y el abandono de las aulas. Las consecuencias sociales -dramáticas- de fomentar ese abandono son, supongo, imaginables para todos (salvo para la señora Delibes, demasiado perdida en su farragoso y lamentable discurso).
6. Pedir "responsabilidad" a un colectivo que ya ha asumido medidas tan drásticas como la bajada salarial del curso pasado es, cuando menos, irónico. Es curioso que nadie se alzara en armas entonces, porque la mayoría asumimos ese deterioro en nuestro nivel de vida -y ese ataque, no lo olvidemos- contra nuestros derechos laborales desde una responsabilidad solidaria, aun sabiendo que es poco probable que, cuando la crisis pase, alguien se acuerde de nosotros y nos devuelva el salario anterior (el actual, por supuesto, estará aún más devaluado). Ahora, sin embargo, todos estamos dispuestos a hacer oír nuestra voz por una causa que sí que exige responsabilidad, una responsabilidad tan grande como la de defender algo esencial en nuestra sociedad: la educación pública. Lo siento, señora Delibes, pero su acusación de lo egoístas que somos, no funciona. Básicamente, porque no es verdad.
7. Llama la atención comparar el dinero que despilfarró la Comunidad de Madrid el curso pasado con la absurda campaña "Respeta a tu profe" con la actitud de desprestigio y ataque que se desprende de las (torpes) palabras de la Viceconsejera. Culpabilizarnos por "dejar sin clase a los niños" y alentar el odio social por tener "el trabajo asegurao" es una de las estrategias más lamentables e irresponsables -retomando las palabras de nuestra querida Delibes- que he visto en mucho tiempo. De vez en cuando, no estaría de más recordar que ese "futuro asegurao" no es tal y se consigue tras un proceso de oposiciones que, si tan envidiable le parece a algunos, está al alcance de cualquiera. Solo se necesitan ganas, tiempo, esfuerzo y horas de estudio. Trabajé durante años en el mundo la edición y sé bien lo que es tanto el trabajo en la empresa privada como en la enseñanza, además de haber vivido en primera persona el proceso de la oposición. Por eso, supongo, me indignan las generalizaciones que se hacen desde la ignorancia y, sobre todo, desde la falta de respeto al esfuerzo y el trabajo ajeno.
8. La solución de la Viceconsejera para frenar el fracaso escolar ("dividir por niveles") ya se llevaba a cabo en los centros... hasta este curso, claro. El año anterior ya fue complicado mantener esas divisiones en muchos institutos, donde el recorte impidió hacer agrupaciones de acuerdo con el nivel de los alumnos. Este año, obviamente, esa división es imposible. No han dejado profesores suficientes para ello, de modo que los chicos no solo no podrán ser atendidos según su nivel, sino que habrán de pelear por entender algo con 39 compañeros más con quienes muchos habrán de disputarse una posición en primera o segunda fila desde la que poder enterarse de algo. ¿Era esta la excelencia que pregonaba el PP en su campaña? Debe de ser que la señora Delibes y yo entendemos por excelencia cuestiones muy distintas.
En definitiva, la Consejería de Educación nos ha dejado ya clara cuál será su estrategia: desprestigiar a los docentes y convencer a la sociedad de que somos vagos, egoístas, irresponsables e insolidarios, porque dejamos a los niños sin clase y no arrimamos el hombro en un momento de crisis. Obviarán que, precisamente, estamos dispuestos a perder días de sueldo y a dejarnos la piel en la lucha (aquí podéis ver el calendario de movilizaciones) por eso mismo: por conseguir que la salida de la crisis sea posible gracias a una educación pública de calidad que permita a nuestros alumnos tener algún tipo de opción de futuro. Una educación que no sea excelente solo para quienes se la puedan pagar, que no perpetúe a la siguiente generación en el elitismo socioecónomico que promueve y defiende el PP madrileño. Una educación en la igualdad, en la libertad, en condiciones dignas para que las aulas sean un espacio de crecimiento, de cultura y de aprendizaje. Una educación de calidad que, con 5500 profesores menos, es del todo imposible.
martes, 26 de julio de 2011
Suma tu voz
Hoy, a las 18 h., se celebra una nueva asamblea de profesores en defensa de la educación pública. Tendrá lugar en el IES San Isidro de Madrid (C/ Toledo 39) y en ella nos daremos cita todos los que, bajo los tags #profesoresinEsperanza y #profes26j, estamos dando batalla estos días. Somos muchos los que nos hemos unidos a esta lucha -los comentarios tan heterogéneos de este blog dan cuenta de ello- y es emocionante recibir mensajes de apoyo no solo de otras Comunidades Autónomas -en muchas, como Valencia, Galicia o Navarra están viviendo situaciones similares- sino también de otros países donde han vivido este tipo de ataques contra la enseñanza y conocen, de primera mano, cuáles -y de qué gravedad- son sus consecuencias.
Ayer mismo, en otro intento de seguir dando voz a nuestra protesta, se publicó un artículo mío en El País. Una columna en la que explico por qué la supresión de las tutorías supondrá un deterioro -inmediato e intenso- de la calidad de enseñanza y de la convivencia en las aulas. Les dejo aquí el enlace por si quieren leerlo -en caso de que no lo hayan hecho- y, sobre todo, para que sigan votándolo y recomendándolo, ya que -ahora mismo- necesitamos la máxima difusión posible. Ayer, curiosamente, el artículo llegó a figurar como el tercer texto más recomendado del periódico, así que supongo que eso demuestra que la educación -digan lo que digan- sí que nos importa. Y nos importa porque sabemos que la educación es la piedra angular de toda sociedad, que sin ella no es posible construir nada, que seguiremos hundidos en la crisis si no apostamos por una enseñanza digna que nos permita progresar y caminar con paso firme hacia un futuro que ahora les niegan a nuestros alumnos.
Necesitamos que esos artículos se lean y se difundan porque la campaña del PP -y de sus medios afines- se basa en seguir sacándole brillo a la mala fama del profesorado, a hacer creer que nuestro problema son esas dos horas lectivas de más, cuando saben que muchos estaríamos dispuestos a asumir esas dos horas -con todo el tiempo extra en que se multiplican en casa- con tal de que nuestros 3000 compañeros no se fueran a la calle, nuestros centros no se quedaran sin medios humanos suficientes (no hay modo de comenzar las clases) y nuestros alumnos no se hacinaran en aulas de más de 40 estudiantes. Y en cuanto a esa mala fama, quienes siguen este blog saben que no soy nada complaciente con mi propio gremio, que me quejo de muchas de las cosas que hacemos mal, que creo que tenemos que ser menos victimistas y más activos, más autoexigentes. Pero a esa voz autocrítica -que sonó con fuerza en boca de muchos de los compañeros en la pasada asamblea- sumo la de pedir medios dignos para que esa labor sea posible. Exíjanme, no me preocupa: me importa mi trabajo, pero hagan lo propio y exíjanse también a sí mismos un respeto por la educación que no están, en modo alguno, demostrando.
Necesitamos, pues, que esos artículos se voten y se recomienden, porque nuestra queja tiene que ver con esas tutorías suprimidas, con los orientadores destituidos (¿a quién vamos a consultar padres, alumnos y profesores muchos de los problemas con que nos enfrentamos día a día?), con las aulas abarrotadas, con la eliminación de desdobles y refuerzos (no se atiende ni al que tiene dificultades para llegar al nivel medio ni al que lo sobrepasa), con la asignación de asignaturas no compatibles con la formación de los docentes, con el despilfarro del presupuesto educativo en campañas autopromocionales, con la nula capacidad de diálogo de nuestra consejera y de su equipo, etc.
Tiene gracia (humor amargo, claro): cuando me entrevistaban por mi novela, muchos periodistas insistían en que La edad de la ira pintaba una situación demasiado dura en las aulas actuales. Yo argumentaba que, a fin de cuentas era un thriller con vocación crítica, de modo que necesitaba que esas coordenadas argumentales fueran duras tanto por el interés de la trama como para sostener la denuncia de ataque a la público que se encerraba en esas páginas. Ahora, gracias a las medidas del PP, todas esas pequeñas licencias poéticas -hipérboles, en teoría- de la novela se han hecho realidad. Una suerte de pesadilla orwelliana que demuestra que la realidad -cuando está manos de gente empeñada en privatizar lo público y arrebatarnos lo que es de todos- puede ser mucho peor que cualquier ficción.
Ayer mismo, en otro intento de seguir dando voz a nuestra protesta, se publicó un artículo mío en El País. Una columna en la que explico por qué la supresión de las tutorías supondrá un deterioro -inmediato e intenso- de la calidad de enseñanza y de la convivencia en las aulas. Les dejo aquí el enlace por si quieren leerlo -en caso de que no lo hayan hecho- y, sobre todo, para que sigan votándolo y recomendándolo, ya que -ahora mismo- necesitamos la máxima difusión posible. Ayer, curiosamente, el artículo llegó a figurar como el tercer texto más recomendado del periódico, así que supongo que eso demuestra que la educación -digan lo que digan- sí que nos importa. Y nos importa porque sabemos que la educación es la piedra angular de toda sociedad, que sin ella no es posible construir nada, que seguiremos hundidos en la crisis si no apostamos por una enseñanza digna que nos permita progresar y caminar con paso firme hacia un futuro que ahora les niegan a nuestros alumnos.
Necesitamos que esos artículos se lean y se difundan porque la campaña del PP -y de sus medios afines- se basa en seguir sacándole brillo a la mala fama del profesorado, a hacer creer que nuestro problema son esas dos horas lectivas de más, cuando saben que muchos estaríamos dispuestos a asumir esas dos horas -con todo el tiempo extra en que se multiplican en casa- con tal de que nuestros 3000 compañeros no se fueran a la calle, nuestros centros no se quedaran sin medios humanos suficientes (no hay modo de comenzar las clases) y nuestros alumnos no se hacinaran en aulas de más de 40 estudiantes. Y en cuanto a esa mala fama, quienes siguen este blog saben que no soy nada complaciente con mi propio gremio, que me quejo de muchas de las cosas que hacemos mal, que creo que tenemos que ser menos victimistas y más activos, más autoexigentes. Pero a esa voz autocrítica -que sonó con fuerza en boca de muchos de los compañeros en la pasada asamblea- sumo la de pedir medios dignos para que esa labor sea posible. Exíjanme, no me preocupa: me importa mi trabajo, pero hagan lo propio y exíjanse también a sí mismos un respeto por la educación que no están, en modo alguno, demostrando.
Necesitamos, pues, que esos artículos se voten y se recomienden, porque nuestra queja tiene que ver con esas tutorías suprimidas, con los orientadores destituidos (¿a quién vamos a consultar padres, alumnos y profesores muchos de los problemas con que nos enfrentamos día a día?), con las aulas abarrotadas, con la eliminación de desdobles y refuerzos (no se atiende ni al que tiene dificultades para llegar al nivel medio ni al que lo sobrepasa), con la asignación de asignaturas no compatibles con la formación de los docentes, con el despilfarro del presupuesto educativo en campañas autopromocionales, con la nula capacidad de diálogo de nuestra consejera y de su equipo, etc.
Tiene gracia (humor amargo, claro): cuando me entrevistaban por mi novela, muchos periodistas insistían en que La edad de la ira pintaba una situación demasiado dura en las aulas actuales. Yo argumentaba que, a fin de cuentas era un thriller con vocación crítica, de modo que necesitaba que esas coordenadas argumentales fueran duras tanto por el interés de la trama como para sostener la denuncia de ataque a la público que se encerraba en esas páginas. Ahora, gracias a las medidas del PP, todas esas pequeñas licencias poéticas -hipérboles, en teoría- de la novela se han hecho realidad. Una suerte de pesadilla orwelliana que demuestra que la realidad -cuando está manos de gente empeñada en privatizar lo público y arrebatarnos lo que es de todos- puede ser mucho peor que cualquier ficción.
domingo, 24 de julio de 2011
Tizas vs. Balas

Esta mañana, como os pasará hoy a tantos de quienes leéis este blog, me cuesta pensar en algo que no sea la tragedia de Oslo. En las muertes causadas por un fanatismo exacerbado, por un renacimiento del extremismo al que, desde hace unos años, asistimos perplejos y aterrorizados. Un resurgir de la violencia, de la intolerancia, de la caza del diferente que es responsabilidad de todos frenar. Y debemos hacerlo con armas que no sean las suyas, armas que -como decía hoy el primer ministro noruego Jens Stoltenberg- han de ser más democracia, más apertura, más progreso. Beligerancia desde la creencia firme en unos principios que tenemos que defender y hacer aún más sólidos cuando la barbarie intenta hacerlos oscilar y quebrarse.
Las aulas son uno de los frentes desde los que se ha de librar esa batalla, uno de los lugares. Porque allí, entre esos niños y adolescentes a quienes damos clase, hemos de afrontar un aprendizaje tan difícil -y tan necesario- como el de la convivencia. Un aprendizaje que, en la escuela pública, huye del adoctrinamiento, porque en nuestros centros no hay una línea ideológica impuesta desde la dirección -como en los privados o concertados-, sino una mezcla de gentes que, tras aprobar unas oposiciones (con nuestros respectivos y heterogéneos, se lo aseguro, bagajes políticos y personales), ejercemos la docencia. Así que las aulas son un mosaico plural en el que, más allá de etiquetas o siglas, muchos de nosotros intentamos inculcar en los chicos valores como la tolerancia, como el respecto, como la aceptación de aquel que no piense ni sienta del mismo modo que ellos. Valores que hay quien quiere dar por asumidos y que, sin embargo, cada vez son de recordatorio más urgente y necesario.
Hace no mucho, el PP confundió ese mensaje de tolerancia con una forma de politización, así que se levantaron en armas contra la Educación para la Ciudadanía igual que ahora lo hacen contra la hora de Tutoría. A cambio, eso sí, se siguen respetando las horas de religión con la que se catequiza -con dinero público- a los alumnos que lo desean, mientras que el resto pierden de una a dos horas semanales en materias no evaluables que nada les reportan (valga como ejemplo la famosa y fallida MAE). Así pues, parece obvio que se puede transmitir un mensaje religioso en un aula (¿no deberían dejarse las creencias religiosas -sean cuales sean- al margen de la educación pública?), pero -curiosamente- no se pueden trabajar cuestiones como la xenofobia, la homofobia, la discriminación sexual, el funcionamiento del sistema democrático y otros tantos temas que forman parte de esa vilipendiada Ciudadanía (¿de veras andamos tan sobrados de civismo?) y que ya tampoco podrán abordarse en la extinta tutoría, aun cuando la realidad del aula -donde esos problemas se presentan con más frecuencia de la que puedan imaginar- nos exija hacerlo.
Sigo siendo un ingenuo, lo sé, porque sigo pensando que las aulas pueden mover el mundo. Sigo creyendo en la tiza como instrumento de cambio. Sigo -como muchos de mis compañeros- dejándome la piel en lo que hago porque me parece que sí conduce a algún lugar. Me bastaría, a veces, con que mi trabajo sirviera para que mis alumnos no dieran el bochornoso espectáculo que han dado desde ayer algunos de nuestros políticos y periodistas, manipulando a su conveniencia la tragedia noruega y llenándola de etiquetas o de acusaciones aberrantes ajenas al dolor de tanta gente. De tantas familias. Me conformaría, supongo, con ser capaz de formar ciudadanos que, el día de mañana, hagan declaraciones como las de ese primer ministro noruego que hoy proponía que el arma contra la masacre y la barbarie fuera más democracia.
Por eso, porque esta sociedad está cada vez más desquiciada, más airada, más violenta, no pienso quedarme cruzado de brazos esta vez. Porque puede que esta batalla -la de los #profesoresinEsperanza de la Comunidad de Madrid- sea pequeña, pero ha de ser representativa y ejemplar. Ha de ser el comienzo de una revolución que dignifique la educación, que devuelva su esencia a las aulas, que haga creer en ellas a nuestros alumnos, comprensiblemente escépticos ante cuanto ven. Si asistimos pasivos al desmantelamiento de la escuela pública, el único aprendizaje de nuestros chicos será que, en realidad, nada sirve de nada, que todo se queda en el discurso, que volvemos a ser solo palabras arrastradas por el viento por las redes sociales, qué más da.
Así que, para que esas palabras sigan siendo hechos, este martes 26 de julio habrá una reunión a las 18 h. en el IES San Isidro de Madrid (C/Toledo, 39). Podéis seguir la información al respecto bajo los tags de Twitter #profes26j y #profesinEsperanza. Allí nos vemos, ¿no?
P.S. La ilustración de hoy es cortesía de Manuel Cuenca. Gracias de nuevo por convertir en imágenes nuestra voz.
viernes, 22 de julio de 2011
Una lucha de todos
Son días convulsos, agitados, pero también llenos de ganas de luchar a favor la educación pública. Muchos (desde #profesoresinEsperanza) estamos llenando las redes sociales con un grito que quiere ser colectivo, global y, sobre todo, integrador. Porque no se trata -como afirman algunos- de defender solo nuestras condiciones laborales, sino de preservar -como sea y a cualquier precio- la dignidad de la enseñanza que reciben nuestros alumnos. Yo, personalmente, no soy padre, pero -como muchos de mis compañeros- vivo intensamente la realidad de mis estudiantes, con quienes me resulta imposible no implicarme académica y emocionalmente. Y, desde luego, si tuviera hijos me preocuparía enormemente qué va a ser de su formación, pues si no somos capaces de parar cuanto antes el gravísimo ataque de la Comunidad de Madrid contra la escuela pública, las nuevas generaciones se verán obligadas a asistir a privados y a concertados, con lo que -una vez más- se perjudica a quienes tienen menos medios y menos poder adquisitivo. Sería la consagración del elitismo que persigue el PP madrileño, empeñado en que la educación de calidad sea solo para quien pueda pagarla.
El problema -como intentan decir desde la Consejería- no consiste en trabajar dos horas lectivas más. Ni siquiera en las horas de trabajo en que esas dos sesiones se multiplicarán en nuestras casas. Yo podría asumir ese aumento de horas si respetaran el número de profesores por centro, si no se hubiese despedido a 3000 docentes, porque entonces se podrían hacer grupos más pequeños, se podrían ampliar refuerzos y atención a la diversidad, se podrían organizar actividades extraescolares, se podría dinamizar el centro, se podría trabajar con los chicos e individualizar su aprendizaje, tanto para quienes son distintos por sus capacidades sobresalientes como para quienes son diferentes porque les cuesta más acercarse al nivel de la media.
Pero la realidad es que todo eso no será posible, porque aunque yo trabaje dos horas más, han suprimido a diez de mis compañeros (diez de los 3000 puestos de trabajo que elimina la Comunidad de Madrid en este curso), de modo que tendremos que asumir entre todos a los alumnos (que sí han aumentado) y afrontar clases de cuarenta alumnos (como mínimo) a quienes difícilmente podremos atender de manera personalizada. Sobre todo ahora que la Comunidad de Madrid ha decidido que la tutoría no sirve para nada y que, por tanto, ya no será lectiva ni presencial. De este modo, cuando los alumnos de 1º de la ESO (niños y niñas de 12 años) se incorporen -con miedo y cierto recelo- a su instituto (¿han olvidado lo importante y complejo que es ese cambio para ellos?), se darán de bruces con un horario donde solo habrá espacio para asignaturas y profesores múltiples, sin que nadie gestione, organice y, sobre todo, tutele su desembarco en la Secundaria. Sin una sola hora donde sentirse aferrados al grupo y en la que poder trabajar en pro de su convivencia y de su aprendizaje.
En mi caso, no creo que pueda seguir con la revista del centro -que puse en marcha hace cuatro años, y a la que dedicaba recreos y fines de semana- ni con el grupo de teatro que monté el curso anterior -con quienes ensayaba martes y jueves por la tarde. No me pagaban ninguna de estas actividades, pero tampoco yo pretendía que lo hiciesen. Las inicié porque los alumnos me daban muchísimo en ambas, porque era maravilloso verles sentirse periodistas o actores, porque era una forma de aprendizaje mucho más eficaz que cualquier libro de texto y porque cada rato de trabajo con ellos -pese a todo el esfuerzo que me suponía- me hacía creer que había acertado escogiendo esta profesión. El curso próximo no voy a tener tiempo y, problamente, habré de cancelar ambas. Deberé ejercer la tutoría en esos huecos fuera de horario y, además, preparar asignaturas ajenas a la mía, pues al recortar profesores, obligan a los directores a distribuir las materias entre docentes que no somos especialistas en los contenidos que vamos a impartir. Yo, que soy de Lengua y Alemán, puede que termine dando Geografía, o Filosofía, o Música (según Lucía Figar, este curso todas las materias son afines), así que -por puro decoro profesional- me pasaré las tardes intentando descubrir la didáctica de asignaturas para las que no estoy preparado. Y sí, adoro la Filosofía, y me apasiona la Música, y me interesa la Geografía, pero no tengo el potencial comunicativo ni pedagógico que tengo para transmitir a mis alumnos mi pasión por la Literatura, por el Teatro o por el estudio de idiomas como el alemán.
Por mi parte, solo tengo claras tres cosas:
- la primera, es mi total solidaridad con la directiva de mi centro -me consta su lucha- y con los profesores, padres y alumnos del mismo: la guerra no es entre nosotros, sino contra un enemigo común fuerte, poderoso y externo, un enemigo que solo persigue nuestra desunión para conseguir privatizar la educación pública de una vez por todas,
- la segunda es que la suma es necesaria: suma de padres, alumnos y profesores (necesitamos que la comunidad educativa se mueva en bloque) y suma de niveles educativos (no es un problema de la ESO o del Bachillerato, es un asunto de todos: Infantil, Primaria, Secundaria, Bachillerato, Universidad, EOI, Artes musicales y escénicas, FP...),
- la tercera es que, como decía un compañero en uno de los comentarios del último post, la acción ha de ser unitaria, consensuada, rotunda y efectiva: tenemos que luchar desde la beligerancia y también desde la unidad, asumiendo las medidas que vote la mayoría y, sobre todo, recordando que solo si luchamos, seremos oídos. Cruzarse de brazos no es una opción: no implicarse equivale a ser cómplices de la barbarie.
Al pensar en cómo va a ser el próximo curso debería estar triste, o pesimista, o desinflado..., pero -a pesar de la rabia que siento contra quienes destrozan lo público- no estoy en absoluto desanimado. Al revés, estoy motivado, cargado de energía, lleno de ganas: porque, por primera vez desde que estoy en la enseñanza, he visto a los docentes unirse y moverse. Por primera vez tengo claro que somos muchos los que sí hacemos autocrítica -y la seguiremos haciendo- y por eso mismo exigimos condiciones dignas para nuestras aulas. Por primera vez siento que la comunidad educativa tiene ganas de hacerse oír en unos medios de comunicación que casi siempre nos relegan a posiciones infames y casi invisibles. Por primera vez creo que por mucho que esta lucha nos desgaste y nos cueste, podemos conseguir éxitos rotundos y urgentes en esta batalla por uno de los pilares básicos de cualquier sociedad: la educación pública.
Si tú también crees en la educación en la igualdad, si piensas que tus hijos merecen una enseñanza digna y de calidad, únete a nosotros. Danos ideas. Aporta. Los #profesoresinEsperanza (tag de Twitter que cada día toma más fuerza: ¡hagámoslo TT de una vez!) queremos cambiar ese sin esperanza, por un con futuro. El futuro de nuestros alumnos. De vuestros hijos. De todos.
El problema -como intentan decir desde la Consejería- no consiste en trabajar dos horas lectivas más. Ni siquiera en las horas de trabajo en que esas dos sesiones se multiplicarán en nuestras casas. Yo podría asumir ese aumento de horas si respetaran el número de profesores por centro, si no se hubiese despedido a 3000 docentes, porque entonces se podrían hacer grupos más pequeños, se podrían ampliar refuerzos y atención a la diversidad, se podrían organizar actividades extraescolares, se podría dinamizar el centro, se podría trabajar con los chicos e individualizar su aprendizaje, tanto para quienes son distintos por sus capacidades sobresalientes como para quienes son diferentes porque les cuesta más acercarse al nivel de la media.
Pero la realidad es que todo eso no será posible, porque aunque yo trabaje dos horas más, han suprimido a diez de mis compañeros (diez de los 3000 puestos de trabajo que elimina la Comunidad de Madrid en este curso), de modo que tendremos que asumir entre todos a los alumnos (que sí han aumentado) y afrontar clases de cuarenta alumnos (como mínimo) a quienes difícilmente podremos atender de manera personalizada. Sobre todo ahora que la Comunidad de Madrid ha decidido que la tutoría no sirve para nada y que, por tanto, ya no será lectiva ni presencial. De este modo, cuando los alumnos de 1º de la ESO (niños y niñas de 12 años) se incorporen -con miedo y cierto recelo- a su instituto (¿han olvidado lo importante y complejo que es ese cambio para ellos?), se darán de bruces con un horario donde solo habrá espacio para asignaturas y profesores múltiples, sin que nadie gestione, organice y, sobre todo, tutele su desembarco en la Secundaria. Sin una sola hora donde sentirse aferrados al grupo y en la que poder trabajar en pro de su convivencia y de su aprendizaje.
En mi caso, no creo que pueda seguir con la revista del centro -que puse en marcha hace cuatro años, y a la que dedicaba recreos y fines de semana- ni con el grupo de teatro que monté el curso anterior -con quienes ensayaba martes y jueves por la tarde. No me pagaban ninguna de estas actividades, pero tampoco yo pretendía que lo hiciesen. Las inicié porque los alumnos me daban muchísimo en ambas, porque era maravilloso verles sentirse periodistas o actores, porque era una forma de aprendizaje mucho más eficaz que cualquier libro de texto y porque cada rato de trabajo con ellos -pese a todo el esfuerzo que me suponía- me hacía creer que había acertado escogiendo esta profesión. El curso próximo no voy a tener tiempo y, problamente, habré de cancelar ambas. Deberé ejercer la tutoría en esos huecos fuera de horario y, además, preparar asignaturas ajenas a la mía, pues al recortar profesores, obligan a los directores a distribuir las materias entre docentes que no somos especialistas en los contenidos que vamos a impartir. Yo, que soy de Lengua y Alemán, puede que termine dando Geografía, o Filosofía, o Música (según Lucía Figar, este curso todas las materias son afines), así que -por puro decoro profesional- me pasaré las tardes intentando descubrir la didáctica de asignaturas para las que no estoy preparado. Y sí, adoro la Filosofía, y me apasiona la Música, y me interesa la Geografía, pero no tengo el potencial comunicativo ni pedagógico que tengo para transmitir a mis alumnos mi pasión por la Literatura, por el Teatro o por el estudio de idiomas como el alemán.
Por mi parte, solo tengo claras tres cosas:
- la primera, es mi total solidaridad con la directiva de mi centro -me consta su lucha- y con los profesores, padres y alumnos del mismo: la guerra no es entre nosotros, sino contra un enemigo común fuerte, poderoso y externo, un enemigo que solo persigue nuestra desunión para conseguir privatizar la educación pública de una vez por todas,
- la segunda es que la suma es necesaria: suma de padres, alumnos y profesores (necesitamos que la comunidad educativa se mueva en bloque) y suma de niveles educativos (no es un problema de la ESO o del Bachillerato, es un asunto de todos: Infantil, Primaria, Secundaria, Bachillerato, Universidad, EOI, Artes musicales y escénicas, FP...),
- la tercera es que, como decía un compañero en uno de los comentarios del último post, la acción ha de ser unitaria, consensuada, rotunda y efectiva: tenemos que luchar desde la beligerancia y también desde la unidad, asumiendo las medidas que vote la mayoría y, sobre todo, recordando que solo si luchamos, seremos oídos. Cruzarse de brazos no es una opción: no implicarse equivale a ser cómplices de la barbarie.
Al pensar en cómo va a ser el próximo curso debería estar triste, o pesimista, o desinflado..., pero -a pesar de la rabia que siento contra quienes destrozan lo público- no estoy en absoluto desanimado. Al revés, estoy motivado, cargado de energía, lleno de ganas: porque, por primera vez desde que estoy en la enseñanza, he visto a los docentes unirse y moverse. Por primera vez tengo claro que somos muchos los que sí hacemos autocrítica -y la seguiremos haciendo- y por eso mismo exigimos condiciones dignas para nuestras aulas. Por primera vez siento que la comunidad educativa tiene ganas de hacerse oír en unos medios de comunicación que casi siempre nos relegan a posiciones infames y casi invisibles. Por primera vez creo que por mucho que esta lucha nos desgaste y nos cueste, podemos conseguir éxitos rotundos y urgentes en esta batalla por uno de los pilares básicos de cualquier sociedad: la educación pública.
Si tú también crees en la educación en la igualdad, si piensas que tus hijos merecen una enseñanza digna y de calidad, únete a nosotros. Danos ideas. Aporta. Los #profesoresinEsperanza (tag de Twitter que cada día toma más fuerza: ¡hagámoslo TT de una vez!) queremos cambiar ese sin esperanza, por un con futuro. El futuro de nuestros alumnos. De vuestros hijos. De todos.
miércoles, 20 de julio de 2011
Muchas voces, un clamor

Cuando la Comunidad de Madrid lanzó su ataque contra la educación pública -con total alevosía- en pleno mes de julio, seguro que no contaban con una reacción como la de hoy. Después de años de deterioro -paulatino y lento, pero también eficaz- de nuestro sistema de enseñanza, están tan habituados al silencio que les tiene que haber sorprendido el clamor de estos días. Un clamor que empieza a dar sus frutos en prensa (necesitamos que los medios nos apoyéis, cuando menos, desde el punto de vista de la difusión: no os pedimos que estéis de acuerdo, pero sí que fomentéis el debate educativo) y que esta mañana se ha materializado en el abarrotado salón de actos del IES Beatriz Galindo de Madrid.
Han sido muchas voces las que se han oído, siguiendo el ejemplo de las asambleas del ya modélico 15M, dejando que todos opinásemos, escuchásemos y reflexionásemos sobre lo que nuestros compañeros querían decir. La rabia, la tristeza y el dolor se han materializado en un sobrecogedor minuto de silencio por el fallecido director del IES La Paloma, que sufrió un ataque al corazón la misma noche en que había tenido que prescindir de 40 profesores de su centro.
Las propuestas han sido múltiples, pero más allá de la diversidad de opiniones, sonaba una voz común, general, atronadora, una voz que alerta contra la privatización de la educación pública que se está llevando a cabo en Madrid. Una voz que clama:
- contra aulas con cuarenta alumnos -pues así serán las del curso próximo-,
- contra centros sin orientadores para atender a los chicos y a sus familias -pobres de quienes no puedan pagarse psicólogos y ayuda privada externa-,
- contra la supresión de las esenciales tutorías de la ESO,
- contra un recorte tan insensato del cupo que nos obligará a dar materias que ni siquiera dominamos (¿no buscaban algo que llamaban excelencia?),
- contra los 3000 puestos de trabajo que se pierden (despido masivo que la consejería madrileña niega),
- contra los 1600 funcionarios en expectativa que hoy no han obtenido un lugar de trabajo en la adjudicación informática de centros,
- contra la supresión de plazas en EOI, Conservatorios y Artes Escénicas, haciendo que estas enseñanzas sean privilegio de unos pocos,
- contra la eliminación de desdobles y refuerzos, evitando que sea posible la atención a la diversidad,
- contra la supresión de horas para realizar actividades extraescolares, acabando con la vida y el dinamismo de los centros, etc.
En cuanto a las medidas, han sido muchas las propuestas lanzadas, así que trataré de sintetizar las que considero fundamentales o, cuando menos, más generalizadas:
- Huelga: se ha discutido su oportunidad y su fecha, con dos opciones claras, o bien el 1 y 2 de septiembre, o bien el 14 para impedir que comience el curso.
- Visibilidad: se propone que todos luzcamos la camiseta a favor de una escuela pública en los actos que se convoquen; que se hagan sentadas y caceroladas determinados días de septiembre ante la Consejería; que se lance un grito mudo en todos los centros madrileños el mismo día; etc.
- Concienciación: se insiste en lo importante que es comunicar la gravedad de lo ocurrido a los padres y a los alumnos. Todos coincidimos en que esta no es una lucha de los profesores, sino una lucha que nosotros iniciamos pero a la que esperamos que se sume toda la comunidad educativa, porque el problema no son dos horas lectivas de más, el problema es que queremos dar clase en unas condiciones dignas para nuestros alumnos. Unas condiciones que permitan atender a la diversidad, personalizar la enseñanza y, sobre todo, lograr esa calidad -esa igualdad de oportunidades- que debe perseguir la educación pública.
- Información: se habla de lo importante que es seguir estando presente en redes sociales (Twitter, con el hashtag #profesoresinEsperanza, por ejemplo) y de otro tipo de iniciativas como el envío de e-mails o incluso de tarjetas postales (una por alumno y por profesor, tal y como se ha hecho en algunos centros), y se comenta que es preciso reunir a los padres en cuanto comience septiembre para que sepan qué está pasando exactamente.
- Dimisión o renuncia: se propone que dimitan en bloque los equipos directivos -el miembro de uno de ellos lo hace en el mismo instante en que pronuncia su discurso ante la asamblea- y también que los tutores y jefes de departamento se nieguen a asumir esas funciones. También hay quien aboga por comenzar "un curso de mínimos", empleando de modo realista los medios existentes y sin hacer los excesos que se nos van a exigir a padres, alumnos y profesores.
En cuanto al tema de la huelga, llama la atención que todos volvemos una y otra vez al mismo punto: no queremos perjudicar a los alumnos. Me hace gracia que este gremio de "vagos e indolentes" que somos -según algunos medios- no pueda dejar de pensar en lo único que da sentido a nuestro trabajo: los chicos. Y por eso, supongo, la propuesta del 1 y el 2 queda prácticamente aparcada. No hay consenso unánime pero parece obvio que la idea es hacer una huelga bien explicada a partir del 14. Una huelga activa, en la que además de exigir respuestas y medidas consigamos reivindicar el valor, la necesidad y la calidad de la educación pública, donde hay mucha más excelencia y potencial del que quieren hacernos ver.
La medida más concreta es convocar una nueva y definitiva reunión a finales de mes: 30 o 31 de agosto y pedir a todos los docentes que intentemos estar al tanto en las webs de los sindicatos, en los blogs educativos, en Facebook, en Twitter..., que sigamos en contacto y no nos desvinculemos para ir dando forma a ideas que llevar a esa nueva reunión, donde es obvio que el tema de la huelga será el gran protagonista. Además, se insiste en la necesidad de trabajar desde la base, es decir, de conseguir que cada centro tenga su asamblea y que se genere un tejido informativo en el que todos tengamos voz y estemos implicados activamente.
Tras más de cuatro horas de reunión, hemos terminado agotados y acalorados -en el sentido literal y metafórico, pues no cabíamos: había casi trescientos compañeros fuera de la sala donde se celebraba el acto-, pero también -confieso- hemos salido convencidos de que somos muchos los que no estamos dispuestos a callar. Muchos los que estamos decididos a plantar batalla. Muchos los que queremos unir a padres, alumnos y profesores en un mar común contra la pérdida de un derecho que ha costado mucho esfuerzo conseguir. Un derecho que, de seguir así, quedará relegado solo a aquellos que puedan costeárselo.
Triste, eso sí, que este tema -el educativo- solo haya interesado a algunos medios: TVE, El País, El Mundo y Público. El resto siguen mirando para otro lado mientras en Madrid se desmantela la educación. Y esto, por cierto, no es más que el principio de algo que, si no lo paramos, se contagiará pronto. Algo que nos incumbe a todos, pues destrozar la educación pública es destrozar la posibilidad de un mañana mejor.
martes, 19 de julio de 2011
#profesoresinEsperanza
Hace unos días surgió en Twitter el hashtag #ProfesoresinEsperanza. Bajo este lema nos queremos unir todos aquellos -no solo profesores, también padres y alumnos- a quienes afectan y preocupan los graves recortes de la Comunidad de Madrid para el próximo curso. De momento, solo El País se ha hecho eco de ello en esta noticia, pero sigue siendo preciso llevar a cabo una doble tarea informativa:
- por un lado, es necesario que todos los medios -independientemente de su línea editorial o tendencia política- sean conscientes de la gravedad de lo que está ocurriendo tanto en Madrid (donde algunas medidas, como la supresión de las tutorías, son directamente ilegales y propician la futura privatización de la escuela pública) como en otras Comunidades Autónomas (hecho que vuelve a demostrar la necesidad de un pacto educativo consensuado y urgente),
- por otro, es imprescindible que seamos capaces de explicar que estos recortes no van en detrimento (solo) de las condiciones del profesorado sino (sobre todo) de la calidad de la educación pública: debemos luchar aliados docentes, padres y alumnos (de momento, tanto la CEAPA como el Sindicato de Estudiantes ya se han sumado a nuestras voces), buscar puntos en común (tenemos muchos: viajamos en el mismo barco) y pelear por una causa única y común, que no ha de ser otra que una educación pública de calidad por y para todos.
Por este motivo, mañana a las 12 h. se celebrará una asamblea de profesores en el IES Beatriz Galindo de Madrid, con el objetivo de aportar ideas con las que defender la igualdad de oportunidades que solo puede garantizar una educación pública sólida y fuerte. Una educación pública sin la que (y ahí me apena enormemente el cortoplacismo de nuestros políticos) será imposible salir de la crisis. Una educación pública que debemos asegurar por el bien de nuestros alumnos, o de nuestros hijos, o de -en definitiva- las generaciones más jóvenes, que no merecen un sistema deteriorado lleno de aulas abarrotadas y sin atención alguna a la diversidad.
Es urgente, por tanto, desmontar la propaganda de la CAM, que sigue insistiendo en "lo vagos que somos los profesores", incapaces de asumir el "insignificante aumento de dos horas lectivas" que nos proponen. Porque ni siquiera ese aumento de dos horas es el auténtico problema (aun teniendo en cuenta que estas se multiplican en muchas horas de trabajo -casero- más). No, el problema es que nos aumentan las horas de clase pero nos reducen el número de profesores por instituto, de modo que cada aula contendrá más alumnos y cada profesor, se encargará de más clases. Si realmente persiguieran mejorar la educación, esas dos horas de más no llevarían aparejado el recorte de 3000 puestos de trabajo: al revés, se mantendrían para que pudiésemos dividir los grupos, hacer desdobles y agrupaciones flexibles según el nivel, atender de manera personalizada a los alumnos y, en definitiva, lograr una excelencia para la que no se requieren guetos de élite, sino medios humanos y materiales en nuestros centros. Todos están llenos de chicos y chicas con un potencial enorme -en mis años en la docencia tengo, como muchos de mis compañeros, abundantes ejemplos de alumnos que me han dejado huella-, estudiantes que no se merecen estar en aulas con casi cuarenta compañeros, perdidos en la última fila, luchando por poder ver la pizarra o perdiéndose en el maremágnum que el nuevo curso nos promete. Lástima que Aguirre prefiera irse a Munich a conocer el modelo alemán cuando aquí hay tantos profesores que estaríamos encantados de sentarnos a explicar y mejorar el modelo español.
Por todo ello, porque creo en la educación pública, porque me parece que la situación es realmente compleja y urgente, porque este ataque nos perjudica a todos (¿se puede constituir algún modelo social mínimamente válido y con futuro desde la no educación?), me gustaría que -entre todos- convirtiésemos ese hashtag de #profesoresinEsperanza en TT. No debe de ser fácil imponerse a la presencia de ciertos individuos circenses de la telebasura, y menos aún con un tema tan impopular como la educación, tan relegada a un eterno ostracismo en la mayoría de los medios (salvo para dar datos alarmantes de PISA o narrar sucesos morbosos, claro). Lo curioso es que, quizás si la educación fuese realmente fuerte y sólida, esos personajillos circenses dejarían -de una vez por todas- de inundar las pantallas de nuestros televisores y ordenadores, porque tal vez -llámenme ingenuo, pero creo en el poder de la educación para cambiar el mundo- tendríamos una sociedad abierta a eso que nos hace libre y que, por eso mismo, tanto se persigue y dificulta: la cultura.
- por un lado, es necesario que todos los medios -independientemente de su línea editorial o tendencia política- sean conscientes de la gravedad de lo que está ocurriendo tanto en Madrid (donde algunas medidas, como la supresión de las tutorías, son directamente ilegales y propician la futura privatización de la escuela pública) como en otras Comunidades Autónomas (hecho que vuelve a demostrar la necesidad de un pacto educativo consensuado y urgente),
- por otro, es imprescindible que seamos capaces de explicar que estos recortes no van en detrimento (solo) de las condiciones del profesorado sino (sobre todo) de la calidad de la educación pública: debemos luchar aliados docentes, padres y alumnos (de momento, tanto la CEAPA como el Sindicato de Estudiantes ya se han sumado a nuestras voces), buscar puntos en común (tenemos muchos: viajamos en el mismo barco) y pelear por una causa única y común, que no ha de ser otra que una educación pública de calidad por y para todos.
Por este motivo, mañana a las 12 h. se celebrará una asamblea de profesores en el IES Beatriz Galindo de Madrid, con el objetivo de aportar ideas con las que defender la igualdad de oportunidades que solo puede garantizar una educación pública sólida y fuerte. Una educación pública sin la que (y ahí me apena enormemente el cortoplacismo de nuestros políticos) será imposible salir de la crisis. Una educación pública que debemos asegurar por el bien de nuestros alumnos, o de nuestros hijos, o de -en definitiva- las generaciones más jóvenes, que no merecen un sistema deteriorado lleno de aulas abarrotadas y sin atención alguna a la diversidad.
Es urgente, por tanto, desmontar la propaganda de la CAM, que sigue insistiendo en "lo vagos que somos los profesores", incapaces de asumir el "insignificante aumento de dos horas lectivas" que nos proponen. Porque ni siquiera ese aumento de dos horas es el auténtico problema (aun teniendo en cuenta que estas se multiplican en muchas horas de trabajo -casero- más). No, el problema es que nos aumentan las horas de clase pero nos reducen el número de profesores por instituto, de modo que cada aula contendrá más alumnos y cada profesor, se encargará de más clases. Si realmente persiguieran mejorar la educación, esas dos horas de más no llevarían aparejado el recorte de 3000 puestos de trabajo: al revés, se mantendrían para que pudiésemos dividir los grupos, hacer desdobles y agrupaciones flexibles según el nivel, atender de manera personalizada a los alumnos y, en definitiva, lograr una excelencia para la que no se requieren guetos de élite, sino medios humanos y materiales en nuestros centros. Todos están llenos de chicos y chicas con un potencial enorme -en mis años en la docencia tengo, como muchos de mis compañeros, abundantes ejemplos de alumnos que me han dejado huella-, estudiantes que no se merecen estar en aulas con casi cuarenta compañeros, perdidos en la última fila, luchando por poder ver la pizarra o perdiéndose en el maremágnum que el nuevo curso nos promete. Lástima que Aguirre prefiera irse a Munich a conocer el modelo alemán cuando aquí hay tantos profesores que estaríamos encantados de sentarnos a explicar y mejorar el modelo español.
Por todo ello, porque creo en la educación pública, porque me parece que la situación es realmente compleja y urgente, porque este ataque nos perjudica a todos (¿se puede constituir algún modelo social mínimamente válido y con futuro desde la no educación?), me gustaría que -entre todos- convirtiésemos ese hashtag de #profesoresinEsperanza en TT. No debe de ser fácil imponerse a la presencia de ciertos individuos circenses de la telebasura, y menos aún con un tema tan impopular como la educación, tan relegada a un eterno ostracismo en la mayoría de los medios (salvo para dar datos alarmantes de PISA o narrar sucesos morbosos, claro). Lo curioso es que, quizás si la educación fuese realmente fuerte y sólida, esos personajillos circenses dejarían -de una vez por todas- de inundar las pantallas de nuestros televisores y ordenadores, porque tal vez -llámenme ingenuo, pero creo en el poder de la educación para cambiar el mundo- tendríamos una sociedad abierta a eso que nos hace libre y que, por eso mismo, tanto se persigue y dificulta: la cultura.
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